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Galería de bellezas destapadas

Kamilla, un cuarto de rayos y truenos

La tarde que conocí a Kamilla estábamos frente a frente en el estante móvil de una céntrica librería. Ella sostenía un libro de poesía de Ana Merino. Y yo ojeaba portadas sin concentrarme. Me acerqué por detrás y le robé con la mirada unos versos: “Cada habitación tiene un sonido a modo de selva o de tormenta...”. Puse mi boca cerca de su oído y le fui susurrando el texto que sujetaba en sus manos. Hasta el final. Se apartó el pelo y me miró. Las dos aceleramos el paso. Y su cama la convertimos en un cuarto de rayos y truenos.


Gina Gerson, 'sorpresa entre líneas'

Hay gente que deja libros abandonados en lugares públicos para el gozo mental del que lo encuentra. El que me tocó a mí estaba sobre un banco de los Jardines de Sabatini. Había unas fotografías entre sus páginas. Todas estaban firmadas por Gina Gerson, una chica delgada, con pechos lanzados a las estrellas y trasero amanzanado. Supe luego que nació en un pueblecito de Siberia en 1991. Es deportista, vegetariana, no fuma, no bebe y hace porno. Los libros siempre hacen compañía, sobre todo si hay sorpresas.


Barbara Nova, capricho ciego

Me gusta posar ante la webcam, ante el objetivo de un fotógrafo, ante la mirada furtiva de un hombre –o de una mujer–, ante los espectadores del deseo en plena calle, ante ti... pero hoy debo confesarte un secreto: voy a apagar la luz antes de abrirte. Hoy no quiero que me mires, cierra los ojos y recuerda el olor de mi piel, el brillo de lo que palpita bajo mis bragas, el tacto de mis pezones. Recuérdalo todo muy bien. Cuando entres a mis aposentos, serás un ciego en el califato de los caprichos.


Marica Hase: ‘hitomebore’

Diez años y un día. No es una condena, es una bendición con sabor oriental. Es el tiempo que ha corrido desde que Marica Hase se convirtiera en mi gravure idol favorita, esas lolitas japonesas que posan en lencería o bikini, y que tanto excitan a los amantes del erotismo del sol naciente, del sexo creciente. Fue verla y sentí un hitomebore, un flechazo en japonés. Sus 200 películas X reinan en la videoteca de mi bragueta. Por ella gimo y grito ¡Sayonara! cada vez que me voy. 


Cassidy Banks, bienvenida sexual

Parecía más un aséptico quirófano que una oficina y eso me desconcertó en mi primer día en el trabajo. Una voluptuosa morena de ojos grandes –todo grande–, me dio los buenos días. “Te lo voy a enseñar todo”, me dijo. Se refería a las instalaciones, claro, pero yo fantaseé con que hablaba de ella. Que se abría la chaqueta y se bajaba la falda para descubrir unas curvas de infarto con una lencería de las que nunca se pondría mi parienta. El contoneo de su culo me hablaba en un idioma propio, como un morse sexual, que me decía: “Aquí serás bienvenido”.


Nyomi Banxxx, sexo radiofónico

La radio por internet es mágica. Provoca que te enamores de voces de cualquier rincón del planeta con una sensualidad que no parece de este mundo. Así descubrí ‘Chocolate Radio’ y al bombón de su presentadora. Los teléfonos arden cuando ella da la bienvenida calentando las ondas. En una de mis llamadas en directo me confesó que su nombre está inspirado en Naomi Campbell y Tyra Banks. Y, en ocasiones, las buenas mezclas superan a las originales. A la vista está. La sexualidad que irradia su radio provoca en el oyente la necesidad de sentirse. Con ella he descubierto el sexo radiofónico. Un placer.


Katrina Jane, exceso de tinta

Estaba sobre aviso cuando  Katrina entró en el taller de tatuaje. Lo dejé todo, cambié las citas y le di prioridad. Me pidió que abriese las cortinas del escaparate, se desnudó, se tumbó sobre la camilla y me dijo: “Quiero la palabra ‘glut’ en mi nalga derecha”. Me coloqué los guantes, cargué la pistola y comencé a trazar las letras góticas. Noté que levantaba el culo despacito, que la piel respondía a la tinta. En un descanso, me fui al traductor de Google pensando que aquella palabra algo tendría que ver con glúteo. El diccionario hablaba de “exceso” y “saciedad”. Volví al asiento y seguí llenando de tinta su epidermis. Podría estar tatuándola todo el día... hasta hartarnos.


Taty, la reina de Palma de Mallorca

No todo en Mallorca es turismo de borrachera, hay mujeres que emborrachan con solo mirarlas. En mis vacaciones en la isla he cultivado el cuerpo, el de Taty, que para eso se lo curra. A la vista está. Residente en Palma, a mí me excita como a un duque y así lo sintió al preguntarle de dónde venía su exótica belleza: “Soy una extraña mezcla latina y alemana”, me soltó. “¡Pasión cuadriculada!”, pensé con excitación imaginándonos en horizontal. Y me lancé al abismo de las curvas de esta medio teutona de sangre caliente. He pasado una semana comiendo los productos dietéticos que vende, pero por las noches me he hinchado a Taty…


Carmen, despacito y mojados

Me quedé sin aire, con las piernas paralizadas y subiendo, agobiado, a la superfície. No estaba en los fondos marinos de las Islas Galápagos, era una maldita piscina, pero fue vislumbrar a Carmen sobre el bordillo y tener un colapso. Allí estaba ella, subida en su tabla de skate, contoneándose con las piernas flexionadas y dejando ver el arco del triunfo de su poder. Saqué la cabeza y no pude sacar nada más. La chica de la piscina frenó en seco, se dio la vuelta y me lo dijo despacito: “Sal, no eres el único que está mojado”.

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Chanell Heart, fiesta de cumpleaños salvaje

“Ven a celebrar mi 23 cumpleaños a Las Vegas. No traigas regalo, el regalo soy yo”. La invitación de Chanell Heart se me clavó en el corazón, me taladró el cerebro… ¿Por qué solo me salían sinónimos de penetrar? Años viendo sus escenas de sexo en vivo y ahora iba a verla en vivo y quién sabe si tener sexo. Así, el primer fin de semana de julio, mientras Madrid celebraba el WorldPride, me adentré orgulloso en la salvaje fiesta de este bombón de licor. Las invitadas tapaban sus pezones solo con pegatinas de corazones. ¡Y qué movimientos! Hay pruebas en su cuenta de Twitter. El resto me lo callo, que lo que pasa en Las Vegas…


Kenna James, futbolista de Segunda y amante de primera

Me entró en el bar de Amílcar con el descaro de quien ansía entrar en mí. Me dijo que era futbolista de Segunda y un amante de primera, y quise que me metiera gol. Deseé que corriera por mi banda, que sus labios húmedos absorbieran los míos y su carnosa lengua se abriera paso hasta el centro de mi área del placer… Nos imaginé sudando la camiseta, empapados de pasión, levantándola hasta lo más alto, la copa del amor. Porque en el terreno de juego de la pasión no hay vencedores ni vencidos, pero caímos rendidos. Hasta el amanecer. ¿Qué tendrán los futbolistas que nos ponen tanto?


Anya Ivy: confesiones y fotos

No te engañaré. Amo la luz y las confesiones. Quizá ahora estés mirando mis pezones, buscando al final de mis piernas, imaginando mi trasero en movimiento. Déjalo. Piensa que cada día me despierto y cojo mi cámara réflex para inmortalizar las luces y las sombras de mi rutina, de mi desnudez. Me encanta confesarme con autorretratos, expresar mi euforia y los bajones, los días de excitación máxima y los viajes interiores. En mi ficha de modelo solo dice que tengo 24 años y vivo en Los Ángeles. En mi ‘dirty diary’ sabrás de verdad quién soy.


Verónica: la espía que me amó

No fue en la medina de Fez ni en el Transiberiano. La primera vez nos cruzamos en un banco en el parque de El Retiro. Yo iba vestida de runner, con unas gafas capaces de grabar imagen y sonido. Verónica se sentó cruzando las piernas con tanta elegancia y sensualidad que los temblores me subieron hasta la nuca. Nos intercambiamos la información, nos dimos la mano y cada una marchó sin decir palabra. Al abrir mi sobre, comprobé que estaba todo sobre el grupo fundamentalista. Una foto se cayó. Era Verónica vestida con siete velos. Fui a la dirección marcada y al abrir la puerta...


Angel Vicky: piedra preciosa

Entonces solo soy capaz de ver los ojos de Angel, los labios de Angel, los pechos de Angel, los muslos de Angel...  Aquel día quedamos para hablar de joyas. Quería venderme una piedra turquesa que había traído un amigo kurdo. De repente, se marchó a su estudio y volvió muy sexy-vintage, con lencería de igual color a la pieza que me quería endosar. Cuando quise tocarla, ella lanzó la turquesa por la ventana, se tumbó en el sofá y dio su visto bueno.


Lena Love, alérgica y ni tan mal

Harta no es la palabra para explicar cómo me siento en pleno mes de mayo. Soy alérgica a los machotes, a los cipotudos, a los pagafantas, a los sin sangre, a los comeorejas, a los verborreicos, a los de mirada lastimera y a los que huelen mal. Vale, estoy de bajón porque últimamente solo me cruzo con tipos así. Lo bueno es que sé que el más eficaz de los antihistamínicos está en mi cabeza y que, a partir de ahora, nada más salir de trabajar me refugiaré en mi casa para pensar que otro hombre es posible. Sí se puede.


Gracie Glamm, deseo sin fronteras

Cuando cerré la puerta, Gracie se quedó meciendo suavemente su cuerpo en la máquina del placer, un sillón transparente y circular que cuelga del techo. Le ha pillado el tranquillo, y mientras se balancea es capaz de fantasear con aquella mujer de la ONG Deseo Sin Fronteras que vino a casa pidiendo ayuda. Después de volver de la oficina, me cuenta su lúbrico e imaginario viaje con la joven voluntaria. Entonces, me desnudo y pido permiso para entrar en su cápsula. Nunca me lo da. Ella sabrá por qué.

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Kamilla, un cuarto de rayos y truenos

La tarde que conocí a Kamilla estábamos frente a frente en el estante móvil de una céntrica librería. Ella sostenía un libro de poesía de Ana Merino. Y yo ojeaba portadas sin concentrarme. Me acerqué por detrás y le robé con la mirada unos versos: “Cada habitación tiene un sonido a modo de selva o de tormenta...”. Puse mi boca cerca de su oído y le fui susurrando el texto que sujetaba en sus manos. Hasta el final. Se apartó el pelo y me miró. Las dos aceleramos el paso. Y su cama la convertimos en un cuarto de rayos y truenos.

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Gina Gerson, 'sorpresa entre líneas'

Hay gente que deja libros abandonados en lugares públicos para el gozo mental del que lo encuentra. El que me tocó a mí estaba sobre un banco de los Jardines de Sabatini. Había unas fotografías entre sus páginas. Todas estaban firmadas por Gina Gerson, una chica delgada, con pechos lanzados a las estrellas y trasero amanzanado. Supe luego que nació en un pueblecito de Siberia en 1991. Es deportista, vegetariana, no fuma, no bebe y hace porno. Los libros siempre hacen compañía, sobre todo si hay sorpresas.

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