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Galería de bellezas destapadas

Romi Rain: Más allá de Orión

Los Ángeles, año 2019. Me han encargado que compruebe mediante un test de empatía si Romi Rain es terrestre o ha venido en una nave ardiendo más allá de Orión. Lo primero es preguntarle por los recuerdos de su juventud, por la mansión del deseo. Ella no reacciona, sus pezones sí. Luego le enseño imágenes de piernas entrelazadas, de labios que babean, de manos que agarran con fuerza. Ninguna imagen tiene rostro. De repente, intuyo que ha colocado los dedos sobre su braga. Su respiración –y la mía– se acelera. Cuando me levanto para examinarle las pupilas, coge mi brazo y me lleva a su parte más húmeda. “¿De verdad piensa usted que soy una replicante?”.  


Tori Avano: Combate de placer

Esta noche me enfrento a la reina del cuadrilátero. Todos la conocen como la guerrera de los pezones tatuados, la única capaz de hacerme perder la respiración con sus muslos sobre el cuello. El combate terminará cuando una de las dos se corra, cuando el placer nos deje tartamudeando el nombre de la otra. Esta noche mis dedos estarán preparados para tumbarla de un solo toque, no será capaz de controlar mi lengua. Hoy pelearemos hasta morir de placer. 


Laura Crystal: A la de tres

A la de tres, te girarás despacio, desabrocharás tu pantalón, lo dejarás  caer hasta los tobillos y te acercarás a mí. No sufras, no tropieces, o el premio se esfumará. Muy bien. Ya te queda menos. Ahora, agárrame del pelo suavemente y con la otra mano desciende por la espalda hasta donde mis nalgas se elevan. No te juntes tanto. Separa mis muslos y deja caer tus dedos pulgares hasta que notes calor. Despacio. No te lo voy a repetir. No se te ocurra cogértela. Los toqueteos los hago yo. Hola, me llamo Laura y tú no eres nadie.


Kari: Solo quiero ser tu peluquero

Cada mañana recibía tu despertar con un soneto de Pablo Neruda. Me gusta ese en el que le falta tiempo para celebrar tus cabellos. A mí también me gusta contarlos uno por uno y decirte que “otros amantes quieren vivir con ciertos ojos, yo solo quiero ser tu peluquero”. No me da la cabeza para imaginarte otros versos. Solo me da tiempo a deshacer tus coletas y ver cómo tu melena acaricia tus tetas. Otros amantes querrán mil diluvios. Yo solo pretendo sentir mis vellos de punta mientras te desvistes. 


A. J. Applegate, diosa de los enamorados

Nunca me habían regalado un árbol el 14 de febrero. He sido más de una joya, unos zapatos rompedores o una cena romántica. Esta vez me llegó un sobre a casa, con unas coordenadas geográficas en su interior. Me excitó mucho la idea. Al taxista le pedí que me esperase fuera, vigilando por si era una trampa. Cuando llegué al lugar exacto, empecé a sentir calor junto a aquel poderoso ejemplar de la naturaleza. Acaricié su corteza, metí mis dedos en su tierra aún húmeda. Pues sí, me corrí. Un regalo efímero para el Día de los Enamorados que tuve que dejar allí. Hasta la próxima. 


Maddy O´Reilly: Tapersex con final feliz

Soy  un  asiduo a las reuniones de tapersex. Me gusta conocer gente mientras acarician un pene de silicona o probamos el último lubricante con sabor a pistacho. Pero esa tarde todo resultaba un poco extraño. Los asistentes estábamos sentados en una cama redonda. Había una editora de biblias, coranes y torás; un exmilitar reconvertido en taxista; una funcionaria del Ministerio de Administraciones Públicas; una agente forestal y un servidor, portero de finca y a mucha honra. Cuando llegó el momento de mostrarnos las últimas novedades de lencería, la jefa del tinglado saltó de la cama y se hizo un numerito insuperable. Cuando volvió la vista, aquella cama redonda parecía el reino de Dorme.   


Chanel Preston, paraíso en mi piso

“A la luz del flexo nos damos un beso. Hazme el amor frente al ventilador”. Escuché a la voz de una mujer tararear el Hawaii-Bombay de Mecano. ¿Quién había detrás de ese biombo? El estudio lo había reservado vacío y allí dentro alguien cantaba. Estaba ensimismada desnudándose. No se había enterado de que la miraba cuando se volvió. Intentó cubrirse las tetas, pero dejó que viese cómo sus pezones cogían dureza y sus areolas se encogían. “Los paraísos yo me los monto en mi piso”, me dijo. “Pero esta no es tu casa”, le contesté. Ahora sí.


Charisma Cappelli: ¡Hola, corazones!

No entiendo nada. He soñado que encendía la tele y me encontraba a Charisma presentando el programa del cuore más visto de la parrilla. A esta mujerona natural de Kentucky le quedaba muy bien pronunciar los nombres de Tamara Falcó, Kiko Rivera, Belén Esteban, Cayetano Martínez de Irujo... Si no se le notaba el acento de Estados Unidos era porque yo solo tenía oídos para el deslizar de sus bragas en directo, para esos tacones que se elevaban ante la cámara, para esos labios mordisqueados que repetían: “¡Hola, corazones!”.

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Charisma Cappelli: ¡Hola, corazones!

No entiendo nada. He soñado que encendía la tele y me encontraba a Charisma presentando el programa del cuore más visto de la parrilla. A esta mujerona natural de Kentucky le quedaba muy bien pronunciar los nombres de Tamara Falcó, Kiko Rivera, Belén Esteban, Cayetano Martínez de Irujo... Si no se le notaba el acento de Estados Unidos era porque yo solo tenía oídos para el deslizar de sus bragas en directo, para esos tacones que se elevaban ante la cámara, para esos labios mordisqueados que repetían: “¡Hola, corazones!”.


Janet Mason: Cerrado hasta el amanecer

Era uno de esos días tontos en que un solo gesto te salva de buscar (y encontrar) un puente. A tres metros de la entrada vi como aquella señora empezaba a echar el cierre del bar Janet. Me debió de ver cara de desesperado: “Anda, entra, tómate algo que te alegre el día y te marchas. Invita la casa”. Llevaba un vestido ceñidísimo del que rebosaba una silueta mareante. Terminó de bajar todas las persianas y se sentó a mi lado en un taburete. “¿Ya sabes qué quieres?”. Sin tiempo a responderla, comenzó a quitarse el uniforme. “No tengo tiempo para chorradas, me voy a bailar y antes necesito desestresarme, que me mimen”. Ahora ya no quiero un puente, busco un exorcista que me la saque de la cabeza. 


Alektra Blue: ¡Ay, qué calor!

La calle está blanca por la nieve y yo sudando como en agosto. Quedar con Alektra es un viaje a un verano constante sea la estación que sea. Yo ahora, en Atocha, volviendo a mi vida rutinaria tras un fin de semana de fantasía en su cama, y en su salón, y en su cocina… en ella. En mi mochila me llevo orgasmos, recuerdos de posturas sexuales que calentarán mis frías noches en el pueblo y un récord de polvos a la hora propio del Guinness del sexo. Mi eléctrica Alektra vino del frío para subir mi temperatura, y yo, que soy un animal de sangre caliente, le inyecto mi calor de maneras que te dejarían helado. En el tren vuelvo a convertirme en el hombre gris que soy, nadie en el vagón imaginaría que estoy flipando en colores. Próxima estación, primavera.


Kleio Valentien: Escuadrón suicida

Llegará el día en que ‘Harley Quinn’ se escape de  las páginas de un cómic y aparezca en la puerta de tu casa de esta guisa, fusionando lencería de chica traviesa con los tatuajes que adornan su cuerpo serrano. Kleio no necesita cursos de supervillana para ser la mala malísima que te salvará de la rutina, la ansiedad y el no future. Esta actriz estadounidense de 30 años no se anda con tonterías, sus vídeos se han reproducido millones de veces, pero no sufras… Siempre tendrá un huequito para ti.


Misty Stone: Tres horas de cautiverio

¡Malditos refranes! cantaban los Gabinete Caligari. Con Misty me olvidé de que donde mores, no enamores. Más bien, donde te quedes encerrado, no la líes. Solo conviví con ella tres horas, el tiempo que nos quedamos incomunicados, y solos, en el Centro de Control de Epidemias. Misty supo cómo combatir el aburrimiento. Fue mi mejor cautiverio. Lo di todo y me dio lo suficiente para quedarme prendado. Cuando las puertas automáticas se abrieron, la chica de los rizos se puso las medias, las bragas y el vestido, y se marchó sin mediar palabra. Nunca olvidaré aquel culazo.


Kimberly Kane: Un ‘dantzari’ entre mis piernas

Quedamos para conversar en euskera y, cuando le vi,solo supe memorizar dos palabras: “sua” y “mesedez”. Fuego y por favor. Cuando se me acabaron los cigarrillos aliñados y las clases de idiomas, no aguanté más. Me subí al sofá, me levanté la minifalda y le pedí a mi interlocutor que usase la lengua para acariciarme los muslos, que la moviese como un dantzari entre mis piernas. Él, que era del mismo Bilbao, no exageró nada cuando me dijo: “Te voy a subir al monte Gorbea del gusto”.


Irene: Bala perdida

Irene Muñoz es modelo erótica. Nació en Sevilla, tiene 25 años y no vamos a hablar de sus medidas ni de cómo le quedan las camisetas blancas de tirantes y las bragas de encaje. Cuando la conocí, estaba sentada en un sillón chéster con un abrigo de piel sintética y sobre unos tacones de esos que hacen daño solo con mirarlos. Movió las pestañas, giró el cuello, se dejó caer la prenda que le cubría y se acarició la pierna desde el tobillo hasta la ingle. Se hizo el silencio. Que no os engañe la escena, Irene solo está a gusto con sus perros, en el campo, a ras de suelo. Allí se siente bala perdida aunque apunte muy alto. 


Denise Sky: Vestida de ángel

Denise, eres un diablo vestida de ángel. Como en la Heroína de Los Calis, busco en ti lo que tú solo puedes darme: penas y alegrías. Se me borran las ideas y solo recuerdo la canción más quinqui: “Me cogiste bien cogido en tus invisibles rejas. Yo quiero escapar de ti pero me arrastras; no me dejas”.  Cada día abres la celda, solo unos minutos. Y ese tiempo me está pudriendo. Necesito agarrar tu culo mientras dejo resbalar mis dedos hacia tu infierno. Necesito morderte para no desfallecer en el presidio de tus deseos. Necesito un frente de liberación entero para no volver a verte más en sueños.

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Romi Rain: Más allá de Orión

Los Ángeles, año 2019. Me han encargado que compruebe mediante un test de empatía si Romi Rain es terrestre o ha venido en una nave ardiendo más allá de Orión. Lo primero es preguntarle por los recuerdos de su juventud, por la mansión del deseo. Ella no reacciona, sus pezones sí. Luego le enseño imágenes de piernas entrelazadas, de labios que babean, de manos que agarran con fuerza. Ninguna imagen tiene rostro. De repente, intuyo que ha colocado los dedos sobre su braga. Su respiración –y la mía– se acelera. Cuando me levanto para examinarle las pupilas, coge mi brazo y me lleva a su parte más húmeda. “¿De verdad piensa usted que soy una replicante?”.  

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Tori Avano: Combate de placer

Esta noche me enfrento a la reina del cuadrilátero. Todos la conocen como la guerrera de los pezones tatuados, la única capaz de hacerme perder la respiración con sus muslos sobre el cuello. El combate terminará cuando una de las dos se corra, cuando el placer nos deje tartamudeando el nombre de la otra. Esta noche mis dedos estarán preparados para tumbarla de un solo toque, no será capaz de controlar mi lengua. Hoy pelearemos hasta morir de placer. 

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