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Galería de bellezas destapadas

Kari: Solo quiero ser tu peluquero

Cada mañana recibía tu despertar con un soneto de Pablo Neruda. Me gusta ese en el que le falta tiempo para celebrar tus cabellos. A mí también me gusta contarlos uno por uno y decirte que “otros amantes quieren vivir con ciertos ojos, yo solo quiero ser tu peluquero”. No me da la cabeza para imaginarte otros versos. Solo me da tiempo a deshacer tus coletas y ver cómo tu melena acaricia tus tetas. Otros amantes querrán mil diluvios. Yo solo pretendo sentir mis vellos de punta mientras te desvistes. 


A. J. Applegate, diosa de los enamorados

Nunca me habían regalado un árbol el 14 de febrero. He sido más de una joya, unos zapatos rompedores o una cena romántica. Esta vez me llegó un sobre a casa, con unas coordenadas geográficas en su interior. Me excitó mucho la idea. Al taxista le pedí que me esperase fuera, vigilando por si era una trampa. Cuando llegué al lugar exacto, empecé a sentir calor junto a aquel poderoso ejemplar de la naturaleza. Acaricié su corteza, metí mis dedos en su tierra aún húmeda. Pues sí, me corrí. Un regalo efímero para el Día de los Enamorados que tuve que dejar allí. Hasta la próxima. 


Maddy O´Reilly: Tapersex con final feliz

Soy  un  asiduo a las reuniones de tapersex. Me gusta conocer gente mientras acarician un pene de silicona o probamos el último lubricante con sabor a pistacho. Pero esa tarde todo resultaba un poco extraño. Los asistentes estábamos sentados en una cama redonda. Había una editora de biblias, coranes y torás; un exmilitar reconvertido en taxista; una funcionaria del Ministerio de Administraciones Públicas; una agente forestal y un servidor, portero de finca y a mucha honra. Cuando llegó el momento de mostrarnos las últimas novedades de lencería, la jefa del tinglado saltó de la cama y se hizo un numerito insuperable. Cuando volvió la vista, aquella cama redonda parecía el reino de Dorme.   


Chanel Preston, paraíso en mi piso

“A la luz del flexo nos damos un beso. Hazme el amor frente al ventilador”. Escuché a la voz de una mujer tararear el Hawaii-Bombay de Mecano. ¿Quién había detrás de ese biombo? El estudio lo había reservado vacío y allí dentro alguien cantaba. Estaba ensimismada desnudándose. No se había enterado de que la miraba cuando se volvió. Intentó cubrirse las tetas, pero dejó que viese cómo sus pezones cogían dureza y sus areolas se encogían. “Los paraísos yo me los monto en mi piso”, me dijo. “Pero esta no es tu casa”, le contesté. Ahora sí.


Charisma Cappelli: ¡Hola, corazones!

No entiendo nada. He soñado que encendía la tele y me encontraba a Charisma presentando el programa del cuore más visto de la parrilla. A esta mujerona natural de Kentucky le quedaba muy bien pronunciar los nombres de Tamara Falcó, Kiko Rivera, Belén Esteban, Cayetano Martínez de Irujo... Si no se le notaba el acento de Estados Unidos era porque yo solo tenía oídos para el deslizar de sus bragas en directo, para esos tacones que se elevaban ante la cámara, para esos labios mordisqueados que repetían: “¡Hola, corazones!”.


April O´Neil: Pelillos a la mar

La espuma de las olas dibujaba  sus pechos en cada arremetida. Metí la lengua entre sus piernas y cogí aire para aguantar la subida de la marea. Su sexo era jauja, no hacía falta deconstruir cada uno de sus pliegues para saber que era el manjar más deseado de aquella marejadilla. April se dejó acariciar y arañar por la arena que levantaba el viento. Mis dedos borboteaban entre su vello hasta que el mar nos llevó hacia dentro, hasta que los peces tuvieron envidia. 


Aria Alexander: Camino a la perdición

No quiero fijarme en sus diminutos y punzantes pezones rosados ni en esos ojos grises que algunos dicen que se convierten en fuego. A Aria solo quiero quitarle esos pantalones negros tan despacio como pueda mi corazón. Quiero tirar de ellos lentamente, sobrepasar la primera dificultad de sus nalgas, recorrer sus vigorosos muslos y dejar al aire esa línea de vello que solo puede llevar a la perdición. En silencio se trabaja mejor. Shhhhhhh, relampaguea pero no grites, abre despacio la raja de los truenos. Te regalaré todos los pantalones ceñidos hasta que nos hagamos viejos. Y te los seguiré quitando, Aria.

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Kleio Valentien: Escuadrón suicida

Llegará el día en que ‘Harley Quinn’ se escape de  las páginas de un cómic y aparezca en la puerta de tu casa de esta guisa, fusionando lencería de chica traviesa con los tatuajes que adornan su cuerpo serrano. Kleio no necesita cursos de supervillana para ser la mala malísima que te salvará de la rutina, la ansiedad y el no future. Esta actriz estadounidense de 30 años no se anda con tonterías, sus vídeos se han reproducido millones de veces, pero no sufras… Siempre tendrá un huequito para ti.


Misty Stone: Tres horas de cautiverio

¡Malditos refranes! cantaban los Gabinete Caligari. Con Misty me olvidé de que donde mores, no enamores. Más bien, donde te quedes encerrado, no la líes. Solo conviví con ella tres horas, el tiempo que nos quedamos incomunicados, y solos, en el Centro de Control de Epidemias. Misty supo cómo combatir el aburrimiento. Fue mi mejor cautiverio. Lo di todo y me dio lo suficiente para quedarme prendado. Cuando las puertas automáticas se abrieron, la chica de los rizos se puso las medias, las bragas y el vestido, y se marchó sin mediar palabra. Nunca olvidaré aquel culazo.


Kimberly Kane: Un ‘dantzari’ entre mis piernas

Quedamos para conversar en euskera y, cuando le vi,solo supe memorizar dos palabras: “sua” y “mesedez”. Fuego y por favor. Cuando se me acabaron los cigarrillos aliñados y las clases de idiomas, no aguanté más. Me subí al sofá, me levanté la minifalda y le pedí a mi interlocutor que usase la lengua para acariciarme los muslos, que la moviese como un dantzari entre mis piernas. Él, que era del mismo Bilbao, no exageró nada cuando me dijo: “Te voy a subir al monte Gorbea del gusto”.


Irene: Bala perdida

Irene Muñoz es modelo erótica. Nació en Sevilla, tiene 25 años y no vamos a hablar de sus medidas ni de cómo le quedan las camisetas blancas de tirantes y las bragas de encaje. Cuando la conocí, estaba sentada en un sillón chéster con un abrigo de piel sintética y sobre unos tacones de esos que hacen daño solo con mirarlos. Movió las pestañas, giró el cuello, se dejó caer la prenda que le cubría y se acarició la pierna desde el tobillo hasta la ingle. Se hizo el silencio. Que no os engañe la escena, Irene solo está a gusto con sus perros, en el campo, a ras de suelo. Allí se siente bala perdida aunque apunte muy alto. 


Denise Sky: Vestida de ángel

Denise, eres un diablo vestida de ángel. Como en la Heroína de Los Calis, busco en ti lo que tú solo puedes darme: penas y alegrías. Se me borran las ideas y solo recuerdo la canción más quinqui: “Me cogiste bien cogido en tus invisibles rejas. Yo quiero escapar de ti pero me arrastras; no me dejas”.  Cada día abres la celda, solo unos minutos. Y ese tiempo me está pudriendo. Necesito agarrar tu culo mientras dejo resbalar mis dedos hacia tu infierno. Necesito morderte para no desfallecer en el presidio de tus deseos. Necesito un frente de liberación entero para no volver a verte más en sueños.


Zoe Voss: Prejubilada sin fronteras

Con solo 26 años se ha prejubilado después de ser la estrella de casi cien películas para mayores de edad. A Zoe le encanta el arte culinario. Me pregunto si su paso por el cine le servirá a esta chica de ascendencia franco-italiana para preparar exquisitas recetas. Paladar tiene, y delicadeza en sus manos, también.


Karmen Karma: ¡Sí, chef!

Me apasiona el picadillo de naranja con tiras de bacalao, aceite de oliva, cebolla pochada y huevo duro. Me gusta mancharme, sentir los dedos pringosos y ver bajar jugo de fruta entre mis pechos. Cuando tengo todo listo para comer en una fuente transparente, me quito el delantal y las horquillas. Me quedo en bragas esperando la llegada del maître. En el mismo instante que entra por la puerta de la cocina, mis tatuajes parecen vivos, la tinta empieza a correrse por los muslos, el cuello. Se me erizan los pezones y cuento hasta tres. Y es cuando escucho a todos los comensales gritar al unísono: “¡Sí, chef!”.


Celeste Star: Amor del trópico

“Tengo 30 años y me gustan las películas de terror”. Cuando vi el anuncio de Celeste en la puerta del videoclub no me lo pensé ni un instante. El mundo se paró de repente. Me imaginé apartándole la melena, jugueteando con sus pezones y bajando sus bragas rosas mientras congelábamos la imagen de ese pasillo destartalado donde tiemblan las luces y se esconde un asesino. Yo también tengo 30 años y me vuelvo loca con el cine de miedo. Yo también tengo ganas de sexo, de temblores, de sudor en la frente y dedos entre mis piernas. Que todo se pare. 

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Kari: Solo quiero ser tu peluquero

Cada mañana recibía tu despertar con un soneto de Pablo Neruda. Me gusta ese en el que le falta tiempo para celebrar tus cabellos. A mí también me gusta contarlos uno por uno y decirte que “otros amantes quieren vivir con ciertos ojos, yo solo quiero ser tu peluquero”. No me da la cabeza para imaginarte otros versos. Solo me da tiempo a deshacer tus coletas y ver cómo tu melena acaricia tus tetas. Otros amantes querrán mil diluvios. Yo solo pretendo sentir mis vellos de punta mientras te desvistes. 

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A. J. Applegate, diosa de los enamorados

Nunca me habían regalado un árbol el 14 de febrero. He sido más de una joya, unos zapatos rompedores o una cena romántica. Esta vez me llegó un sobre a casa, con unas coordenadas geográficas en su interior. Me excitó mucho la idea. Al taxista le pedí que me esperase fuera, vigilando por si era una trampa. Cuando llegué al lugar exacto, empecé a sentir calor junto a aquel poderoso ejemplar de la naturaleza. Acaricié su corteza, metí mis dedos en su tierra aún húmeda. Pues sí, me corrí. Un regalo efímero para el Día de los Enamorados que tuve que dejar allí. Hasta la próxima. 

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