Sport

Galería de bellezas destapadas

Verónica: la espía que me amó

No fue en la medina de Fez ni en el Transiberiano. La primera vez nos cruzamos en un banco en el parque de El Retiro. Yo iba vestida de runner, con unas gafas capaces de grabar imagen y sonido. Verónica se sentó cruzando las piernas con tanta elegancia y sensualidad que los temblores me subieron hasta la nuca. Nos intercambiamos la información, nos dimos la mano y cada una marchó sin decir palabra. Al abrir mi sobre, comprobé que estaba todo sobre el grupo fundamentalista. Una foto se cayó. Era Verónica vestida con siete velos. Fui a la dirección marcada y al abrir la puerta...


Angel Vicky: piedra preciosa

Entonces solo soy capaz de ver los ojos de Angel, los labios de Angel, los pechos de Angel, los muslos de Angel...  Aquel día quedamos para hablar de joyas. Quería venderme una piedra turquesa que había traído un amigo kurdo. De repente, se marchó a su estudio y volvió muy sexy-vintage, con lencería de igual color a la pieza que me quería endosar. Cuando quise tocarla, ella lanzó la turquesa por la ventana, se tumbó en el sofá y dio su visto bueno.


El Madrid + erótico

Me cuenta la escritora y bloguera Venus O’Hara que los salones eróticos son un lugar surrealista y divertido, donde puedes estar hablando de la moción de censura de Podemos mientras a tu lado hay sexo en vivo como si tal cosa. Ahora llega el de Madrid y por allí pasará la pelirroja británica vestida de monja con sus estimuladores para llegar al éxtasis planetario y estrellas del cine porno –que también han sido portada de interviú– como la madrileña Amarna Miller, la canaria Carolina Abril, Onix Babe o Susy Gala. Y es que estos eventos ya no son lo que eran: hay juguetes , talleres de cunnilingus y felación, pornopoesía, teatro y tertulias... y todo bajo un leitmotiv, carteles electorales con el eslogan “te vamos a follar”. Aunque parezca que los políticos solo quieren jodernos, ellos también sueñan con sexo, sueñan con las divas del porno. O eso creemos.


Bonnie, al abordaje

Es la jefa pirata de una pequeña isla del Mediterráneo que no aparece en los mapas. Y la dueña del tesoro que todos los corsarios berberiscos y millonarios de yate buscan hace tiempo. Cuentan que Bonnie tiene tatuado en su cuerpo la fórmula mágica, e infalible, del placer. Lo que no saben es que solo me la ha confesado a mí. La condena por mi lealtad es no salir jamás de este lugar y permanecer como guardián de su piel. Firmado: Viernes.


Lena Love, alérgica y ni tan mal

Harta no es la palabra para explicar cómo me siento en pleno mes de mayo. Soy alérgica a los machotes, a los cipotudos, a los pagafantas, a los sin sangre, a los comeorejas, a los verborreicos, a los de mirada lastimera y a los que huelen mal. Vale, estoy de bajón porque últimamente solo me cruzo con tipos así. Lo bueno es que sé que el más eficaz de los antihistamínicos está en mi cabeza y que, a partir de ahora, nada más salir de trabajar me refugiaré en mi casa para pensar que otro hombre es posible. Sí se puede.


Gracie Glamm, deseo sin fronteras

Cuando cerré la puerta, Gracie se quedó meciendo suavemente su cuerpo en la máquina del placer, un sillón transparente y circular que cuelga del techo. Le ha pillado el tranquillo, y mientras se balancea es capaz de fantasear con aquella mujer de la ONG Deseo Sin Fronteras que vino a casa pidiendo ayuda. Después de volver de la oficina, me cuenta su lúbrico e imaginario viaje con la joven voluntaria. Entonces, me desnudo y pido permiso para entrar en su cápsula. Nunca me lo da. Ella sabrá por qué.


Katerina, larga vida a tu perfume

A ratos sueño que miro tu cuerpo como lo haría Baudelaire. A veces lo recorro y solo me vienen versos del poeta francés: “Cuando entorno los ojos bajo el sol otoñal/ Y respiro el aroma de tu cálido seno,/ Ante mí se perfilan felices litorales/ Que deslumbran los fuegos de un implacable sol”. Entonces, y solo durante un instante, imagino ahogarme bajo las luces y las sombras de tus pliegues, de tus pechos, de tus dedos. Katerina, eres el opio y eres el pueblo. Larga vida a tu perfume.


Keira Nicole, se ha escrito un polvo

Es mi afición favorita. Imaginar cómo será en la cama la gente con la que me cruzo. Bocas, culos, miradas… todo me da pistas para sospechar quién me mataría de aburrimiento o a quién habría que imputar por empotrador. Me hago llamar Keira, investigadora privada de las cosas del placer. Escotes y braguetas y viceversa, todo inspira mi investigación sexual. Y antes de meterme en la cama escribo desnuda mis deducciones con mi vieja Olivetti cual Jessica Fletcher del sexo. Me ayuda a conciliar húmedos sueños. Quién sabe si ya habré escrito de ti… 


Dana Vespoli, rumbo al Valhalla

No era el salón majestuoso del Valhalla al que llegan los guerreros nórdicos, pero Dana me llevó hasta aquella casa solo con la mirada, como una valquiria hipnotizante. Me guio sin rumbo durante semanas hasta que mis fuerzas se extinguieron. Entonces, desabrochó sus vaqueros y me mostró la recompensa de Odín. Dana, la escudera de los dioses, está preparada para la batalla final.

Galería de bellezas destapadas

Bonnie Rotten: Sin escalas, sin 'jet lag'

Bonnie es actriz y modelo alternativa.Y de las más reputadas: por su cuerpo esculpido en tinta y por la maestría mostrada para el sexo. Su epidermis esconde los más íntimos secretos. Bajo el cuello se levanta una ciudad fabulosa, sobre sus tetas hay telas de araña, y en sus brazos, serpientes venenosas. En su espalda perviven cabezas de elefante y señores hindúes. Mares en sus piernas, flores pegajosas y calaveras que buscan bajo su vientre… Existen billetes de avión para recorrer el mundo. Con Bonnie no hay escalas, no hay jet lag.


Chastity Lynn y los niñatos hípsteres

Hartita estoy de esos niñatos hípsteres que piensan que sus barbas recortadas y perfumadas son la quintaesencia de la excitación. Cuando uno de esos capullos comienza a recorrer mis piernas, lo único que provoca es picor y risa. Un día pasé a la acción, de un coño rasurado a uno vintage, de esos que triunfaron entre los 70 y 80. Me dejé una buena mata de pelo rojizo para comprobar cómo era un choque de barbas. Y estuvo muy bien. Desde ese día, todos los que vienen a visitarme quieren tocar mis caracolillos.  


Romi Rain: Más allá de Orión

Los Ángeles, año 2019. Me han encargado que compruebe mediante un test de empatía si Romi Rain es terrestre o ha venido en una nave ardiendo más allá de Orión. Lo primero es preguntarle por los recuerdos de su juventud, por la mansión del deseo. Ella no reacciona, sus pezones sí. Luego le enseño imágenes de piernas entrelazadas, de labios que babean, de manos que agarran con fuerza. Ninguna imagen tiene rostro. De repente, intuyo que ha colocado los dedos sobre su braga. Su respiración –y la mía– se acelera. Cuando me levanto para examinarle las pupilas, coge mi brazo y me lleva a su parte más húmeda. “¿De verdad piensa usted que soy una replicante?”.  


Tori Avano: Combate de placer

Esta noche me enfrento a la reina del cuadrilátero. Todos la conocen como la guerrera de los pezones tatuados, la única capaz de hacerme perder la respiración con sus muslos sobre el cuello. El combate terminará cuando una de las dos se corra, cuando el placer nos deje tartamudeando el nombre de la otra. Esta noche mis dedos estarán preparados para tumbarla de un solo toque, no será capaz de controlar mi lengua. Hoy pelearemos hasta morir de placer. 


Laura Crystal: A la de tres

A la de tres, te girarás despacio, desabrocharás tu pantalón, lo dejarás  caer hasta los tobillos y te acercarás a mí. No sufras, no tropieces, o el premio se esfumará. Muy bien. Ya te queda menos. Ahora, agárrame del pelo suavemente y con la otra mano desciende por la espalda hasta donde mis nalgas se elevan. No te juntes tanto. Separa mis muslos y deja caer tus dedos pulgares hasta que notes calor. Despacio. No te lo voy a repetir. No se te ocurra cogértela. Los toqueteos los hago yo. Hola, me llamo Laura y tú no eres nadie.


Janet Mason: Cerrado hasta el amanecer

Era uno de esos días tontos en que un solo gesto te salva de buscar (y encontrar) un puente. A tres metros de la entrada vi como aquella señora empezaba a echar el cierre del bar Janet. Me debió de ver cara de desesperado: “Anda, entra, tómate algo que te alegre el día y te marchas. Invita la casa”. Llevaba un vestido ceñidísimo del que rebosaba una silueta mareante. Terminó de bajar todas las persianas y se sentó a mi lado en un taburete. “¿Ya sabes qué quieres?”. Sin tiempo a responderla, comenzó a quitarse el uniforme. “No tengo tiempo para chorradas, me voy a bailar y antes necesito desestresarme, que me mimen”. Ahora ya no quiero un puente, busco un exorcista que me la saque de la cabeza. 


Alektra Blue: ¡Ay, qué calor!

La calle está blanca por la nieve y yo sudando como en agosto. Quedar con Alektra es un viaje a un verano constante sea la estación que sea. Yo ahora, en Atocha, volviendo a mi vida rutinaria tras un fin de semana de fantasía en su cama, y en su salón, y en su cocina… en ella. En mi mochila me llevo orgasmos, recuerdos de posturas sexuales que calentarán mis frías noches en el pueblo y un récord de polvos a la hora propio del Guinness del sexo. Mi eléctrica Alektra vino del frío para subir mi temperatura, y yo, que soy un animal de sangre caliente, le inyecto mi calor de maneras que te dejarían helado. En el tren vuelvo a convertirme en el hombre gris que soy, nadie en el vagón imaginaría que estoy flipando en colores. Próxima estación, primavera.


Kari: Solo quiero ser tu peluquero

Cada mañana recibía tu despertar con un soneto de Pablo Neruda. Me gusta ese en el que le falta tiempo para celebrar tus cabellos. A mí también me gusta contarlos uno por uno y decirte que “otros amantes quieren vivir con ciertos ojos, yo solo quiero ser tu peluquero”. No me da la cabeza para imaginarte otros versos. Solo me da tiempo a deshacer tus coletas y ver cómo tu melena acaricia tus tetas. Otros amantes querrán mil diluvios. Yo solo pretendo sentir mis vellos de punta mientras te desvistes. 

Galería de bellezas destapadas

Verónica: la espía que me amó

No fue en la medina de Fez ni en el Transiberiano. La primera vez nos cruzamos en un banco en el parque de El Retiro. Yo iba vestida de runner, con unas gafas capaces de grabar imagen y sonido. Verónica se sentó cruzando las piernas con tanta elegancia y sensualidad que los temblores me subieron hasta la nuca. Nos intercambiamos la información, nos dimos la mano y cada una marchó sin decir palabra. Al abrir mi sobre, comprobé que estaba todo sobre el grupo fundamentalista. Una foto se cayó. Era Verónica vestida con siete velos. Fui a la dirección marcada y al abrir la puerta...

Galería de bellezas destapadas

Angel Vicky: piedra preciosa

Entonces solo soy capaz de ver los ojos de Angel, los labios de Angel, los pechos de Angel, los muslos de Angel...  Aquel día quedamos para hablar de joyas. Quería venderme una piedra turquesa que había traído un amigo kurdo. De repente, se marchó a su estudio y volvió muy sexy-vintage, con lencería de igual color a la pieza que me quería endosar. Cuando quise tocarla, ella lanzó la turquesa por la ventana, se tumbó en el sofá y dio su visto bueno.

Publicidad

Publicidad