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Galería de bellezas destapadas

Jilliam Janson: Mal de altura

Ver tantas escenas de tipos despreciables en azoteas  a punto de cometer una barbaridad me ha convertido en un paranoico. El trastorno solo se me pasará follando. Estoy convencido. Así que he decidido llamar a una empresa que te busca lugares extraños –y prohibidos– donde disfrutar del sexo. Suelen ser lugares que requieren permisos de visita. Para acabar con el mal de altura hablé con la actriz Jilliam Janson. “Antes de que te subas en el ascensor, te mando estas fotos y decides”, me dijo. Y lo tengo claro, con esta americana voy hasta el fin del mundo.


London Keyes: El hada de la música

Tenía los ojos cerrados mientras disfrutaba tocando la Gymnopédie nº 1 de Erik Satie. Había estado afinando el piano de la señora del ático y no pude resistir la tentación de acariciar las teclas de marfil suaves y pesadas. De pronto, sentí unos dedos largos por mi cuello. En pocos segundos desaparecieron y todo quedó en silencio otra vez. Pensé que estaba desvariando. Acabé la pieza y giré la cabeza. Allí estaba ella, la señora del ático, en el suelo con un disfraz al que no hice ni caso. Solo pude clavar la mirada en su conejo y sus nalgas. Todo el poderío allí concentrado.  Afiné mi lengua y pulí mis dedos contra la madera del suelo para ya no parar. Cuando acabamos, me dio su tarjeta: London Keyes, actriz porno y hada de la música.


Nikky Thorne: Mentiras arriesgadas

Se lo tragó todo, la muy golosa. Estábamos dándole a la lengua sin parar y se puso húmeda. Quiero decir, que se creyó mis mentiras y se puso cachonda. “Me llamo Jose y soy pastelero”, le dije mientras sentía cómo me crecían la nariz por mis mentiras y la verga por sus morritos. Me lo inventé, no por preservar mi identidad, sino porque he leído estudios que dicen que son el nombre y la profesión que más les ponen a las mujeres. “¡Uhmmm, me encanta el dulce!”, me susurró mientras enumeraba sus pasteles favoritos: pepito de crema, bocado de nata, trufa… “Evitas el contacto visual, te tocas la nariz y frunces el ceño. Estás mintiendo, pero no me importa, eso me excita. De hecho yo también te he engañado, me llamo Nikky Thorne o Amanda Muffoski o Nichole Windsor y no soy espía, soy actriz porno. Te he pillado con las manos en la masa, pastelero. Y ahora, nos vamos a meter en harina”, me soltó. Solo puedo decir que uno no sabe lo que es el sexo hasta que se lo monta con una estrella X.


Ashlyn Molloy: Paraíso tántrico

He soñado con Ashlyn. Íbamos juntos a una sesión de masaje tántrico en un palacete en el centro de Milán. En el taxi casi ni nos rozamos de los nervios. Al llegar, un chico y una chica tailandeses nos recibieron vestidos tan solo con una pequeña tela anaranjada y sedosa. Pasamos a la sala del placer, nos desnudamos y nos tumbamos boca abajo sobre una camilla de dos metros de ancho. Nos pidieron que no abriésemos los ojos en ningún momento, que dejáramos las manos quietas y las lenguas preparadas. Hoy quiero volver a soñar con Ashlyn.


La máquina Alyssa

Alyssa ha venido del 2029 y no sé para qué. No tengo mensajes de John Connor y ningún terminator ha intentado taladrarme a balazos. Llegué a mi apartamento y estaba en el sofá bajándose con dos dedos las bragas. En el manual de exoesqueletos solo advertían de que el modelo TX es un humanoide que adquiere formas femeninas. ¿Será Alyssa una TX? Busqué sus conexiones con mi lengua, con mis manos… En pleno calentón comprendí que no era una máquina. De repente, un piloto rojo comenzó a parpadear, cada vez más rápido y más fuerte… en mi entrepierna. 


Dani Daniels: Le gustan las mujeres, le gusta el whisky

“Baila conmigo ‘El vals de las mariposas’”, le solté cuando, por fin, me confió su nombre, haciendo un guiño al cantante asturiano de nombre similar al suyo. ¿Cómo una estrella del porno va a querer follarme con la gilipollez que le acababa de soltar? Con esa frase no me tiro ni a su abuela. “La zona del cerebro que se encarga del estímulo sexual es el doble de grande en el hombre que en la mujer y contigo se me multiplica por cuatro. Y cuanto más grande se me pone más encoge la zona del ingenio y la inteligencia. A mí me pasa”. Suerte que, sin querer, la reflexión la hice en alto. Así le arranqué una carcajada y me dejó ver su sonrisa vertical. El cerebro entonces no era mi miembro más excitado. “Me gustan las mujeres y el whisky. ¿Te tomas una copa conmigo y mi amiga?”, me lanzó. “¡Anda, te gustan las mujeres, te gusta el whisky… ¡Casi como a Julio Iglesias!” (¡!) ¡Otra vez! ¡Seré gilipollas! Y se dio la vuelta para no volver…


Brooke Wylde: Estrella de mi tetipedia

Buceaba yo por internetempapándome en la cultura del sexo, esa que te convierte en el rey de los bares y las camas, cuando encontré la luz a mi ansia de saber, la enciclopedia que marcará mi camino hacia el vicio: la boobpedia, miscelánea divina de pechos a diestro y siniestro: grandes, enormes, descomunales, infinitos…; un conglomerado único de pezones duros como el cemento y areolas de los colores del campo cuando llueve, que hacen que rápidamente chispee en mi bragueta. Ahí he descubierto a Brooke Wylde, actriz porno norteamericana de pechos y medidas sobrenaturales aficionada a miembros extraterrestres y hermana de Taylor Whyte, otra bella del cine X. Ya he comenzado la traducción al castellano de mi nuevo referente cultural, la voy a llamar la tetipedia. Y Brooke será mi tetiestrella.

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Ash Hollywood: Orgasmos de ficción

Cincuenta millones de personas la han visto follar en películas. ¿Cómo no voy a tener presión –y no solo en la bragueta– cuando se baja la bragas solo para mí? La he visto montándoselo con tías de infarto; cabalgando a machos de todas las edades, razas y tamaños; galopando sobre vergas tan descomunales que deberían estar prohibidas… Y ahí me ves a mí, intentando aparentar más de lo que soy y que parezca más grande de lo que es. Pero un susurro me dio confianza para transformarme en un semental de cine: “Hasta hoy solo he tenido orgasmos de ficción, tú me das placer real”.


Amber Michaels: Sexo en mi primera cita

La ola de calor me deja frío. No

me quedan ganas ni fuerzas para follar. Por no sudar más… 

Mis colegas están preocupados por mi récord de abstiencia sexual, tanto que uno me ha preparado una cita doble, a él la canícula lo pone cachondo. “Son dos guiris con ganas de salchichón ibérico que conocí en el chiringuito”, me dijo. Y mi sueño se hizo realidad. “¡Tu eres Amber Michaels!”, le grité al verla, con ilusión y erección de adolescente en celo. Soy fan de esta estrella porno alemana de cuarenta y tantos desde Sexo en la primera cita. ¡Mi película fetiche se iba a empapar mi realidad! Y no solo en mis sueños mojados…


Mia Malkova: Lección de anatomía

Siempre he tenido curiosidad por entender lo más profundo del cuerpo de la mujer. Reservé cita con la actriz Mia Malkova –una angelina de 24 años que se puso nombre de rusa porque queda más profesional– y vino a casa a explicarme hasta dónde se puede estirar tal o cual músculo, a repasar el potencial de su anatomía. Cada parte de su body que iba descubriendo con calma tenía su razón de ser. Cuando se apoyó en la barandilla de la terraza y miró hacia el universo, comprendí que sus nalgas no tienen explicación alguna. Se agarró cada glúteo, los separó, los movió… ¡Qué lección!


Hana: prieta azabache

Si tengo que elegir, me quedo con ella.

Activista medioambiental, pura sangre en sus venas revolucionarias. Hana me salvó la vida aquella tarde de enfrentamientos con la policía en el centro de París. Me arrastró a un portal y los policías antidisturbios pasaron de largo. En ese momento tuve un delirio y me acordé de aquel caballo salvaje de nombre Prieto Azabache de la revolución mexicana. El prota tuvo que elegir entre el bello equino y la atractiva Genoveva. La cantante lo rechazó y aquellas crines negras fueron su única compañía. Yo no he tenido elección. 


Olena: Je t'aime... moi non plus

Lo que daría por tenerte a mi lado todo el día con esas medias libertarias. Sin más.

Lo que daría por ser Serge Gainsburg y componerte un Je t’aime... moi non plus para cada amanecer del año. Embelesado, con ojeras permanentes, me quedaría sentado en un sillón mirando cómo te desperezas, cómo te mojas los labios o te rascas el muslo. ¡Que arda todo mientras hacemos guerras de almohadas, mientras te chupo el nacimiento de tu pelo (platino) detrás de las orejas! Olena, voy a dejar caducar a familiares y amigos para estar contigo. No quiero compartir los pocos días que me queden con mujeres tetonas de bisturí, no soporto a las que lucen moreno de cápsula en solárium de barrio. No necesito empalmarme como un quinceañero para que entiendas que estoy excitado cada minuto que paso a tu lado. Yo siempre te he amado, tú tampoco.


Silvia: abierta hasta el amanecer

No tengo hora de cierre, estoy preparada para una urgencia y para un desaguisado, para un mal día y para un accidente del corazón. Estoy a la última y poseo la tecnología más vanguardista para curar a los más rabiosos, indisciplinados y agresivos seres de este planeta. Solo tienes que buscarme, pedir cita y relajarte. Y no te preocupes, puedes pagar en cómodos plazos, con tarjeta o en efectivo. Lo único que no debes olvidar es mi nombre para que, cuando llegues a mi clínica veterinaria 24h, te reciba como te mereces, con una sonrisa.


Lily Love: la huella indeleble

Lily se ha liberado del bikini para celebrar que la prenda más sexy del planeta en playas y piscinas cumple ahora 70 años. Lily sabe que sus tres triángulos de piel sin tostar son las delicias de millones de seguidores en internet. Nacida libre en 1984, cuando el totalitarismo comunista de Hungría lanzaba la última bocanada, esta actriz se marchó a Norteamérica para triunfar. Ha hecho de las marcas de su bañador un imán que hombres y mujeres imaginan recorrer con las manos. No seré yo el que se resista a atar y desatar la parte de arriba para ver el bamboleo de sus tetas. La huella de Lily Love la tengo grabada en la ínsula for ever. 


Cameron Dee: Fidelidad on the road

“La fidelidad es querer a alguien tal y como ya no es”. Cuando leí este aforismo del poeta y rockero Benjamín Prado, me di cuenta de que no podía seguir esperando sentada en mi área de confort. Me colgué aquella chupa que me regalaste y un short vaquero. Nada más. Me tiré a la carretera buscando un buen samaritano que me llevase hasta ti, hasta Las Vegas. Cuando empezaba a desesperarme, una estudiante paró su utilitario y me invitó a subir. Era un encanto. En esas cinco horas juntas entendí el concepto de fidelidad, de conexión a la fuente suprema del placer. En la carretera, comiéndonos los kilómetros, las dos supimos que lo nuestro sería para siempre. Lo siento, majo.    

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