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Galería de bellezas destapadas

Gracie Glamm, deseo sin fronteras

Cuando cerré la puerta, Gracie se quedó meciendo suavemente su cuerpo en la máquina del placer, un sillón transparente y circular que cuelga del techo. Le ha pillado el tranquillo, y mientras se balancea es capaz de fantasear con aquella mujer de la ONG Deseo Sin Fronteras que vino a casa pidiendo ayuda. Después de volver de la oficina, me cuenta su lúbrico e imaginario viaje con la joven voluntaria. Entonces, me desnudo y pido permiso para entrar en su cápsula. Nunca me lo da. Ella sabrá por qué.


Lena Love, alérgica y ni tan mal

Harta no es la palabra para explicar cómo me siento en pleno mes de mayo. Soy alérgica a los machotes, a los cipotudos, a los pagafantas, a los sin sangre, a los comeorejas, a los verborreicos, a los de mirada lastimera y a los que huelen mal. Vale, estoy de bajón porque últimamente solo me cruzo con tipos así. Lo bueno es que sé que el más eficaz de los antihistamínicos está en mi cabeza y que, a partir de ahora, nada más salir de trabajar me refugiaré en mi casa para pensar que otro hombre es posible. Sí se puede.


Katerina, larga vida a tu perfume

A ratos sueño que miro tu cuerpo como lo haría Baudelaire. A veces lo recorro y solo me vienen versos del poeta francés: “Cuando entorno los ojos bajo el sol otoñal/ Y respiro el aroma de tu cálido seno,/ Ante mí se perfilan felices litorales/ Que deslumbran los fuegos de un implacable sol”. Entonces, y solo durante un instante, imagino ahogarme bajo las luces y las sombras de tus pliegues, de tus pechos, de tus dedos. Katerina, eres el opio y eres el pueblo. Larga vida a tu perfume.


Keira Nicole, se ha escrito un polvo

Es mi afición favorita. Imaginar cómo será en la cama la gente con la que me cruzo. Bocas, culos, miradas… todo me da pistas para sospechar quién me mataría de aburrimiento o a quién habría que imputar por empotrador. Me hago llamar Keira, investigadora privada de las cosas del placer. Escotes y braguetas y viceversa, todo inspira mi investigación sexual. Y antes de meterme en la cama escribo desnuda mis deducciones con mi vieja Olivetti cual Jessica Fletcher del sexo. Me ayuda a conciliar húmedos sueños. Quién sabe si ya habré escrito de ti… 


Dana Vespoli, rumbo al Valhalla

No era el salón majestuoso del Valhalla al que llegan los guerreros nórdicos, pero Dana me llevó hasta aquella casa solo con la mirada, como una valquiria hipnotizante. Me guio sin rumbo durante semanas hasta que mis fuerzas se extinguieron. Entonces, desabrochó sus vaqueros y me mostró la recompensa de Odín. Dana, la escudera de los dioses, está preparada para la batalla final.


Bonnie Rotten: Sin escalas, sin 'jet lag'

Bonnie es actriz y modelo alternativa.Y de las más reputadas: por su cuerpo esculpido en tinta y por la maestría mostrada para el sexo. Su epidermis esconde los más íntimos secretos. Bajo el cuello se levanta una ciudad fabulosa, sobre sus tetas hay telas de araña, y en sus brazos, serpientes venenosas. En su espalda perviven cabezas de elefante y señores hindúes. Mares en sus piernas, flores pegajosas y calaveras que buscan bajo su vientre… Existen billetes de avión para recorrer el mundo. Con Bonnie no hay escalas, no hay jet lag.


Vinna: En el nombre de la rosa

A Vinna antes la conocían por otro nombre que hoy no puedo desvelar. Formaba parte de una hermandad de Semana Santa, llevaba vestido negro, mantilla de encaje y peineta los 365 días del año. Recuerdo que yo era su confesor aquella tarde primaveral en que se puso delante del espejo y se quedó como Eva en el paraíso. Ella misma se extrañó de lo que vio, de sus pequeños pechos, de sus suaves muslos. Me dejó cotillear cómo se acariciaba y me pidió que le diese otra vez al play de la película El nombre de la rosa. ¿A quién buscaba? A Guillermo de Baskerville, a Adso, a la mendiga… Ese día decidió no volver jamás a una procesión.   


Romi Rain: Más allá de Orión

Los Ángeles, año 2019. Me han encargado que compruebe mediante un test de empatía si Romi Rain es terrestre o ha venido en una nave ardiendo más allá de Orión. Lo primero es preguntarle por los recuerdos de su juventud, por la mansión del deseo. Ella no reacciona, sus pezones sí. Luego le enseño imágenes de piernas entrelazadas, de labios que babean, de manos que agarran con fuerza. Ninguna imagen tiene rostro. De repente, intuyo que ha colocado los dedos sobre su braga. Su respiración –y la mía– se acelera. Cuando me levanto para examinarle las pupilas, coge mi brazo y me lleva a su parte más húmeda. “¿De verdad piensa usted que soy una replicante?”.  


Tori Avano: Combate de placer

Esta noche me enfrento a la reina del cuadrilátero. Todos la conocen como la guerrera de los pezones tatuados, la única capaz de hacerme perder la respiración con sus muslos sobre el cuello. El combate terminará cuando una de las dos se corra, cuando el placer nos deje tartamudeando el nombre de la otra. Esta noche mis dedos estarán preparados para tumbarla de un solo toque, no será capaz de controlar mi lengua. Hoy pelearemos hasta morir de placer. 

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Maddy O´Reilly: Tapersex con final feliz

Soy  un  asiduo a las reuniones de tapersex. Me gusta conocer gente mientras acarician un pene de silicona o probamos el último lubricante con sabor a pistacho. Pero esa tarde todo resultaba un poco extraño. Los asistentes estábamos sentados en una cama redonda. Había una editora de biblias, coranes y torás; un exmilitar reconvertido en taxista; una funcionaria del Ministerio de Administraciones Públicas; una agente forestal y un servidor, portero de finca y a mucha honra. Cuando llegó el momento de mostrarnos las últimas novedades de lencería, la jefa del tinglado saltó de la cama y se hizo un numerito insuperable. Cuando volvió la vista, aquella cama redonda parecía el reino de Dorme.   


Chanel Preston, paraíso en mi piso

“A la luz del flexo nos damos un beso. Hazme el amor frente al ventilador”. Escuché a la voz de una mujer tararear el Hawaii-Bombay de Mecano. ¿Quién había detrás de ese biombo? El estudio lo había reservado vacío y allí dentro alguien cantaba. Estaba ensimismada desnudándose. No se había enterado de que la miraba cuando se volvió. Intentó cubrirse las tetas, pero dejó que viese cómo sus pezones cogían dureza y sus areolas se encogían. “Los paraísos yo me los monto en mi piso”, me dijo. “Pero esta no es tu casa”, le contesté. Ahora sí.


Chastity Lynn y los niñatos hípsteres

Hartita estoy de esos niñatos hípsteres que piensan que sus barbas recortadas y perfumadas son la quintaesencia de la excitación. Cuando uno de esos capullos comienza a recorrer mis piernas, lo único que provoca es picor y risa. Un día pasé a la acción, de un coño rasurado a uno vintage, de esos que triunfaron entre los 70 y 80. Me dejé una buena mata de pelo rojizo para comprobar cómo era un choque de barbas. Y estuvo muy bien. Desde ese día, todos los que vienen a visitarme quieren tocar mis caracolillos.  


Charisma Cappelli: ¡Hola, corazones!

No entiendo nada. He soñado que encendía la tele y me encontraba a Charisma presentando el programa del cuore más visto de la parrilla. A esta mujerona natural de Kentucky le quedaba muy bien pronunciar los nombres de Tamara Falcó, Kiko Rivera, Belén Esteban, Cayetano Martínez de Irujo... Si no se le notaba el acento de Estados Unidos era porque yo solo tenía oídos para el deslizar de sus bragas en directo, para esos tacones que se elevaban ante la cámara, para esos labios mordisqueados que repetían: “¡Hola, corazones!”.


Janet Mason: Cerrado hasta el amanecer

Era uno de esos días tontos en que un solo gesto te salva de buscar (y encontrar) un puente. A tres metros de la entrada vi como aquella señora empezaba a echar el cierre del bar Janet. Me debió de ver cara de desesperado: “Anda, entra, tómate algo que te alegre el día y te marchas. Invita la casa”. Llevaba un vestido ceñidísimo del que rebosaba una silueta mareante. Terminó de bajar todas las persianas y se sentó a mi lado en un taburete. “¿Ya sabes qué quieres?”. Sin tiempo a responderla, comenzó a quitarse el uniforme. “No tengo tiempo para chorradas, me voy a bailar y antes necesito desestresarme, que me mimen”. Ahora ya no quiero un puente, busco un exorcista que me la saque de la cabeza. 


Alektra Blue: ¡Ay, qué calor!

La calle está blanca por la nieve y yo sudando como en agosto. Quedar con Alektra es un viaje a un verano constante sea la estación que sea. Yo ahora, en Atocha, volviendo a mi vida rutinaria tras un fin de semana de fantasía en su cama, y en su salón, y en su cocina… en ella. En mi mochila me llevo orgasmos, recuerdos de posturas sexuales que calentarán mis frías noches en el pueblo y un récord de polvos a la hora propio del Guinness del sexo. Mi eléctrica Alektra vino del frío para subir mi temperatura, y yo, que soy un animal de sangre caliente, le inyecto mi calor de maneras que te dejarían helado. En el tren vuelvo a convertirme en el hombre gris que soy, nadie en el vagón imaginaría que estoy flipando en colores. Próxima estación, primavera.


Kleio Valentien: Escuadrón suicida

Llegará el día en que ‘Harley Quinn’ se escape de  las páginas de un cómic y aparezca en la puerta de tu casa de esta guisa, fusionando lencería de chica traviesa con los tatuajes que adornan su cuerpo serrano. Kleio no necesita cursos de supervillana para ser la mala malísima que te salvará de la rutina, la ansiedad y el no future. Esta actriz estadounidense de 30 años no se anda con tonterías, sus vídeos se han reproducido millones de veces, pero no sufras… Siempre tendrá un huequito para ti.


Misty Stone: Tres horas de cautiverio

¡Malditos refranes! cantaban los Gabinete Caligari. Con Misty me olvidé de que donde mores, no enamores. Más bien, donde te quedes encerrado, no la líes. Solo conviví con ella tres horas, el tiempo que nos quedamos incomunicados, y solos, en el Centro de Control de Epidemias. Misty supo cómo combatir el aburrimiento. Fue mi mejor cautiverio. Lo di todo y me dio lo suficiente para quedarme prendado. Cuando las puertas automáticas se abrieron, la chica de los rizos se puso las medias, las bragas y el vestido, y se marchó sin mediar palabra. Nunca olvidaré aquel culazo.

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Gracie Glamm, deseo sin fronteras

Cuando cerré la puerta, Gracie se quedó meciendo suavemente su cuerpo en la máquina del placer, un sillón transparente y circular que cuelga del techo. Le ha pillado el tranquillo, y mientras se balancea es capaz de fantasear con aquella mujer de la ONG Deseo Sin Fronteras que vino a casa pidiendo ayuda. Después de volver de la oficina, me cuenta su lúbrico e imaginario viaje con la joven voluntaria. Entonces, me desnudo y pido permiso para entrar en su cápsula. Nunca me lo da. Ella sabrá por qué.

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Lena Love, alérgica y ni tan mal

Harta no es la palabra para explicar cómo me siento en pleno mes de mayo. Soy alérgica a los machotes, a los cipotudos, a los pagafantas, a los sin sangre, a los comeorejas, a los verborreicos, a los de mirada lastimera y a los que huelen mal. Vale, estoy de bajón porque últimamente solo me cruzo con tipos así. Lo bueno es que sé que el más eficaz de los antihistamínicos está en mi cabeza y que, a partir de ahora, nada más salir de trabajar me refugiaré en mi casa para pensar que otro hombre es posible. Sí se puede.

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