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Galería de bellezas destapadas

  • Onix Babe, capricho en su tinta

    Cuando conocí a este ser humano nuestras tintas se mezclaron como fluidos nerviosos. ¡Onix, Onix! Repetía ese extraño nombre mientras chupaba sus alas de tinta, mientras acercaba mi mano para sentir esa entrepierna cargada de premoniciones. Los dibujos, si nos animamos mucho, acabamos diluidos de placer. Mejor desgastarse por el roce con esta descomunal alicantina que por el abandono en una libreta sin fecha. Gracias a ti salí en las páginas de interviú y un pintor me llamó para posar. Onix Babe, te espero en el infinito... o más allá.

  • Sophie Evans: La pícara inmortal

    Hace justo cien años el diccionario recogió por primera vez la voz ‘sicalipsis’: dícese de la manifestación pícara del erotismo. Sophie ilustra a la perfección esa vida “galante” de principios del siglo XX, esos cabaret humeantes donde el deseo era la moneda de cambio. El mérito de la artista nacida en Hungría, y residente en España desde hace más de 20 años, es su capacidad de trabajo. Ha protagonizado más de 250 películas, ha sido la reina del Bagdad barcelonés durante décadas y para interviú, donde fue portada en 2011, es la pin-up más bella del viejo continente.

  • Amarna Miller, camino de la eternidad

    Es la reencarnación de la santísima trinidad egipcia, de las reinas Tiya, Nefertiti y Kiya. A Amarna, el nombre le vino por designación divina, hablamos de un periodo histórico a orillas del Nilo donde el sol era dios y los faraones escribían cantos al amor y al entusiasmo. Puedes pensar que la actriz y escritora madrileña es una replicante a punto de dejarte sin respiración. Pero no sueñes, va a ser difícil que la pilles. Amarna, portada de interviú en 2014 y 2016, nació para servir al arte efímero aunque ella vaya camino de la eternidad.

  • Apolonia Lapiedra, prohibido pestañear

    Ni pestañeé cuando la premiaron como actriz revelación 2015. Estaba cantado. Mejor dicho, gemido. Con esos ojos que taladran consiguió que yo penetrara en su película más tiempo de lo normal y le diera lo mejor de mí mientras esa boca de cine rodaba solo para mí. ¡Sueños! “Una carita linda es lo que marca la diferencia en el porno, y dicen que me parezco a Jessica Alba y que tengo boca de Angelina Jolie”, recuerdo que dijo mi adorada Apolonia en esta revista hace un par de veranos.  Dos años imaginándomela en mi bañera. Y por fin nos mojamos juntos.

  • Kamilla, un cuarto de rayos y truenos

    La tarde que conocí a Kamilla estábamos frente a frente en el estante móvil de una céntrica librería. Ella sostenía un libro de poesía de Ana Merino. Y yo ojeaba portadas sin concentrarme. Me acerqué por detrás y le robé con la mirada unos versos: “Cada habitación tiene un sonido a modo de selva o de tormenta...”. Puse mi boca cerca de su oído y le fui susurrando el texto que sujetaba en sus manos. Hasta el final. Se apartó el pelo y me miró. Las dos aceleramos el paso. Y su cama la convertimos en un cuarto de rayos y truenos.

  • Gina Gerson, 'sorpresa entre líneas'

    Hay gente que deja libros abandonados en lugares públicos para el gozo mental del que lo encuentra. El que me tocó a mí estaba sobre un banco de los Jardines de Sabatini. Había unas fotografías entre sus páginas. Todas estaban firmadas por Gina Gerson, una chica delgada, con pechos lanzados a las estrellas y trasero amanzanado. Supe luego que nació en un pueblecito de Siberia en 1991. Es deportista, vegetariana, no fuma, no bebe y hace porno. Los libros siempre hacen compañía, sobre todo si hay sorpresas.

  • Barbara Nova, capricho ciego

    Me gusta posar ante la webcam, ante el objetivo de un fotógrafo, ante la mirada furtiva de un hombre –o de una mujer–, ante los espectadores del deseo en plena calle, ante ti... pero hoy debo confesarte un secreto: voy a apagar la luz antes de abrirte. Hoy no quiero que me mires, cierra los ojos y recuerda el olor de mi piel, el brillo de lo que palpita bajo mis bragas, el tacto de mis pezones. Recuérdalo todo muy bien. Cuando entres a mis aposentos, serás un ciego en el califato de los caprichos.

  • Marica Hase: ‘hitomebore’

    Diez años y un día. No es una condena, es una bendición con sabor oriental. Es el tiempo que ha corrido desde que Marica Hase se convirtiera en mi gravure idol favorita, esas lolitas japonesas que posan en lencería o bikini, y que tanto excitan a los amantes del erotismo del sol naciente, del sexo creciente. Fue verla y sentí un hitomebore, un flechazo en japonés. Sus 200 películas X reinan en la videoteca de mi bragueta. Por ella gimo y grito ¡Sayonara! cada vez que me voy. 

  • Cassidy Banks, bienvenida sexual

    Parecía más un aséptico quirófano que una oficina y eso me desconcertó en mi primer día en el trabajo. Una voluptuosa morena de ojos grandes –todo grande–, me dio los buenos días. “Te lo voy a enseñar todo”, me dijo. Se refería a las instalaciones, claro, pero yo fantaseé con que hablaba de ella. Que se abría la chaqueta y se bajaba la falda para descubrir unas curvas de infarto con una lencería de las que nunca se pondría mi parienta. El contoneo de su culo me hablaba en un idioma propio, como un morse sexual, que me decía: “Aquí serás bienvenido”.

  • Nyomi Banxxx, sexo radiofónico

    La radio por internet es mágica. Provoca que te enamores de voces de cualquier rincón del planeta con una sensualidad que no parece de este mundo. Así descubrí ‘Chocolate Radio’ y al bombón de su presentadora. Los teléfonos arden cuando ella da la bienvenida calentando las ondas. En una de mis llamadas en directo me confesó que su nombre está inspirado en Naomi Campbell y Tyra Banks. Y, en ocasiones, las buenas mezclas superan a las originales. A la vista está. La sexualidad que irradia su radio provoca en el oyente la necesidad de sentirse. Con ella he descubierto el sexo radiofónico. Un placer.

  • Katrina Jane, exceso de tinta

    Estaba sobre aviso cuando  Katrina entró en el taller de tatuaje. Lo dejé todo, cambié las citas y le di prioridad. Me pidió que abriese las cortinas del escaparate, se desnudó, se tumbó sobre la camilla y me dijo: “Quiero la palabra ‘glut’ en mi nalga derecha”. Me coloqué los guantes, cargué la pistola y comencé a trazar las letras góticas. Noté que levantaba el culo despacito, que la piel respondía a la tinta. En un descanso, me fui al traductor de Google pensando que aquella palabra algo tendría que ver con glúteo. El diccionario hablaba de “exceso” y “saciedad”. Volví al asiento y seguí llenando de tinta su epidermis. Podría estar tatuándola todo el día... hasta hartarnos.

  • Taty, la reina de Palma de Mallorca

    No todo en Mallorca es turismo de borrachera, hay mujeres que emborrachan con solo mirarlas. En mis vacaciones en la isla he cultivado el cuerpo, el de Taty, que para eso se lo curra. A la vista está. Residente en Palma, a mí me excita como a un duque y así lo sintió al preguntarle de dónde venía su exótica belleza: “Soy una extraña mezcla latina y alemana”, me soltó. “¡Pasión cuadriculada!”, pensé con excitación imaginándonos en horizontal. Y me lancé al abismo de las curvas de esta medio teutona de sangre caliente. He pasado una semana comiendo los productos dietéticos que vende, pero por las noches me he hinchado a Taty…

  • Carmen, despacito y mojados

    Me quedé sin aire, con las piernas paralizadas y subiendo, agobiado, a la superfície. No estaba en los fondos marinos de las Islas Galápagos, era una maldita piscina, pero fue vislumbrar a Carmen sobre el bordillo y tener un colapso. Allí estaba ella, subida en su tabla de skate, contoneándose con las piernas flexionadas y dejando ver el arco del triunfo de su poder. Saqué la cabeza y no pude sacar nada más. La chica de la piscina frenó en seco, se dio la vuelta y me lo dijo despacito: “Sal, no eres el único que está mojado”.

  • Samantha Rone, dieciséis días y dieciséis noches

    La primera vez que la vi desnuda y comprobé que era rubia natural se convirtió en mi favorita. Tanto, que he pasado la primera quincena de julio encerrado con ella en mi apartamento de playa en San Juan, Alicante. Dieciséis días y dieciséis noches empapado por su culpa, por la necesidad de no dejar de verla ni un segundo, desearla, admirarla. Por delante y por detrás, boca arriba y boca abajo. Mis vacaciones porno con Samantha han sido una aventura más salvaje que la de los famosos de Supervivientes. No me quedan fuerzas ni ganas para volver a trabajar. En la oficina no me dejan ver sus videos X, que llevan más de 90 millones de reproducciones. Y juro que no son todas mías. | Sigue leyendo.

  • Chanell Heart, fiesta de cumpleaños salvaje

    “Ven a celebrar mi 23 cumpleaños a Las Vegas. No traigas regalo, el regalo soy yo”. La invitación de Chanell Heart se me clavó en el corazón, me taladró el cerebro… ¿Por qué solo me salían sinónimos de penetrar? Años viendo sus escenas de sexo en vivo y ahora iba a verla en vivo y quién sabe si tener sexo. Así, el primer fin de semana de julio, mientras Madrid celebraba el WorldPride, me adentré orgulloso en la salvaje fiesta de este bombón de licor. Las invitadas tapaban sus pezones solo con pegatinas de corazones. ¡Y qué movimientos! Hay pruebas en su cuenta de Twitter. El resto me lo callo, que lo que pasa en Las Vegas…

  • Kenna James, futbolista de Segunda y amante de primera

    Me entró en el bar de Amílcar con el descaro de quien ansía entrar en mí. Me dijo que era futbolista de Segunda y un amante de primera, y quise que me metiera gol. Deseé que corriera por mi banda, que sus labios húmedos absorbieran los míos y su carnosa lengua se abriera paso hasta el centro de mi área del placer… Nos imaginé sudando la camiseta, empapados de pasión, levantándola hasta lo más alto, la copa del amor. Porque en el terreno de juego de la pasión no hay vencedores ni vencidos, pero caímos rendidos. Hasta el amanecer. ¿Qué tendrán los futbolistas que nos ponen tanto?

  • Anya Ivy: confesiones y fotos

    No te engañaré. Amo la luz y las confesiones. Quizá ahora estés mirando mis pezones, buscando al final de mis piernas, imaginando mi trasero en movimiento. Déjalo. Piensa que cada día me despierto y cojo mi cámara réflex para inmortalizar las luces y las sombras de mi rutina, de mi desnudez. Me encanta confesarme con autorretratos, expresar mi euforia y los bajones, los días de excitación máxima y los viajes interiores. En mi ficha de modelo solo dice que tengo 24 años y vivo en Los Ángeles. En mi ‘dirty diary’ sabrás de verdad quién soy.

  • Verónica: la espía que me amó

    No fue en la medina de Fez ni en el Transiberiano. La primera vez nos cruzamos en un banco en el parque de El Retiro. Yo iba vestida de runner, con unas gafas capaces de grabar imagen y sonido. Verónica se sentó cruzando las piernas con tanta elegancia y sensualidad que los temblores me subieron hasta la nuca. Nos intercambiamos la información, nos dimos la mano y cada una marchó sin decir palabra. Al abrir mi sobre, comprobé que estaba todo sobre el grupo fundamentalista. Una foto se cayó. Era Verónica vestida con siete velos. Fui a la dirección marcada y al abrir la puerta...

  • Angel Vicky: piedra preciosa

    Entonces solo soy capaz de ver los ojos de Angel, los labios de Angel, los pechos de Angel, los muslos de Angel...  Aquel día quedamos para hablar de joyas. Quería venderme una piedra turquesa que había traído un amigo kurdo. De repente, se marchó a su estudio y volvió muy sexy-vintage, con lencería de igual color a la pieza que me quería endosar. Cuando quise tocarla, ella lanzó la turquesa por la ventana, se tumbó en el sofá y dio su visto bueno.

  • El Madrid + erótico

    Me cuenta la escritora y bloguera Venus O’Hara que los salones eróticos son un lugar surrealista y divertido, donde puedes estar hablando de la moción de censura de Podemos mientras a tu lado hay sexo en vivo como si tal cosa. Ahora llega el de Madrid y por allí pasará la pelirroja británica vestida de monja con sus estimuladores para llegar al éxtasis planetario y estrellas del cine porno –que también han sido portada de interviú– como la madrileña Amarna Miller, la canaria Carolina Abril, Onix Babe o Susy Gala. Y es que estos eventos ya no son lo que eran: hay juguetes , talleres de cunnilingus y felación, pornopoesía, teatro y tertulias... y todo bajo un leitmotiv, carteles electorales con el eslogan “te vamos a follar”. Aunque parezca que los políticos solo quieren jodernos, ellos también sueñan con sexo, sueñan con las divas del porno. O eso creemos.

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