11/09/06Han disfrutado de una especie de luna de miel, pero sin pasar por la vicaría igual que la que disfrutó con Ronaldo tras la boda fantasma celebrada en el palacio de Versalles. Como debió ser su relación con Ronaldo, que la catapultó a la fama.
Cinco días en Tarifa dan para muchos arrumacos y Daniela Cicarelli y su nuevo novio millonario se los hicieron todos. Y alguno más de propina. El afortunado, que no es que el bañador le quede pequeño, sino que el amor de Daniela le hace grande, es Renato Malzoni (Tato para los amigos), un joven emprendedor brasileño, de 32 años. Muchas cosas en común con el jugador del Real Madrid: él también juega en punta. Y apunta maneras. Gusto no le falta.
Daniela y Tato, Tato y Daniela –tanto monta, monta tanto– se comportaron como una pareja de turistas enamorados más. Como el resto, gozaron de las playas gaditanas, aunque visto lo visto, no todos gozaron tanto como ellos. Pasaron unos días de ensueño: comieron copiosamente, bebieron con alegría y se disfrutaron de lo lindo con naturalidad y sin esconderse del resto de los veraneantes. Ni siquiera en los momentos más íntimos, como muestran estas apasionadas imágenes. La empalagosa pareja salió todas las noches y no se levantaron nunca antes del mediodía. Unas vacaciones inolvidables que pasaron la última semana de agosto a las que quisieron poner una picante guinda la última tarde.
La caída del astro rey en la playa de Bolonia es una de las más espectaculares de las costas españolas. Centenares de personas la admiran cada tarde tumbados en su arena blanca y fina o bebiendo un mojito en el popular chiringuito. Sin duda, una de las experiencias más románticas de la que los enamorados pueden disfrutar. Daniela y Tato quisieron hacer suyo ese momento y se separaron del grupo de amigos con los que habían pasado la playera tarde. Se acercaron a la orilla y se abrazaron, se rozaron, se tocaron... El trasero de Daniela se acercaba peligrosamente a la delantera del brasileño, y las manos de Tato jugaron con la delantera de Daniela. Un divertido, morboso y excitante juego de enamorados. Según se apagaba el sol, se encendía la pareja, hasta que decidieron humedecer aún más sus cuerpos y darse un chapuzón para esconder su pasión bajo las tranquilas y orilleras olas propias del momento del día. Se introdujeron en el mar sin separar sus cuerpos. Una mezcla de intimidad y morbo por compartir su amor con decenas de testigos que aún disfrutaban de los últimos minutos de sol. Pero en Tarifa todo está permitido, aunque el cuerpo de Daniela debería ser ilegal. Sus curvas tienen delito.
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