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En las entrañas de Al Manar

En las entrañas de Al Manar

• La televisión Al Manar fue creada en 1990 por los líderes de la organización terrorista Hezbolá. Ha alcanzado tal infl uencia que nada más comenzar los bombardeos de Israel sobre el Líbano, sus aviones se cebaron en el edifi cio que la albergaba. Pero sólo los silenciaron tres minutos.

Reportaje por: Hernán ZIN
Fotografías por: Hernán ZIN
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La sede Al Manar queda muy lejos

13/11/06
Cuando los cazabombarderos israelíes destruyeron el edificio de cinco plantas de la televisión Al Manar, brazo mediático del grupo chií Hezbolá, el periodista Diaa Bou Taam recibió una llamada en la que su jefe le decía que debía poner en marcha el plan de emergencia que todos los miembros de la cadena conocían a la perfección.

“Nos organizamos en equipos de cuatro personas: redactor, cámara, productor y chófer –explica Bou Taam a interviú–. En lugar de los coches de la cadena, para no ser identificados por los israelíes, usamos vehículos privados. Y trabajamos de forma autónoma, sin saber qué hacían los demás compañeros. Una vez al día una persona nos llamaba para decirnos la hora a la que pasaría a buscar las cintas en un sitio que teníamos asignado de antemano”.

Bou Taam es un hombre alto y delgado que sorprende por su cordialidad. Saluda con un entusiasta “hola, amigo”, en perfecto español, y con una amplia sonrisa. Nacido en Beirut, estudió Derecho y se formó como periodista en cursos impartidos por Reuters y la BBC en Londres. Durante 22 días cubrió para Al Manar en los barrios del sur de la capital libanesa, habitados mayoritariamente por musulmanes chiíes, los ataques del Ejército israelí en la brutal guerra contra Hezbolá que terminó con la vida de 1.100 civiles y obligó a más de medio millón a abandonarlo todo y partir en busca de refugio.

Al recorrer esa zona de la ciudad, conocida como Dahiye, el panorama que se descubre resulta desolador. Más de 190 edificios destrozados, convertidos en escombros. Entre ellos, la sede de la cadena Al Manar, que el 13 de julio, al día siguiente de haber comenzado el conflicto, fue alcanzada de lleno por las bombas de los F-16 hebreos, una acción duramente condenada tanto por la Federación Internacional de Periodistas como por Reporteros sin Fronteras.

“Al principio estábamos desconcertados. Habíamos perdido nuestros equipos, nuestro lugar de trabajo, pero poco a poco nos fuimos adaptando a la nueva situación”, afirma Bou Taam.

Uno de los principales problemas a los que se tuvo que enfrentar fue la falta de corriente eléctrica, ya que la red de alta tensión había dejado de funcionar. Para cargar el ordenador portátil, la cámara y los teléfonos móviles empleaban la batería del coche. Aunque había ocasiones en las que enviaban al conductor a las zonas seguras de Beirut con todos los equipos con el fin de que los trajera después listos para funcionar.

Otro desafío era la higiene. Dormían en los refugios antiaéreos con los vecinos o en los asientos del Daewoo Lanos que utilizaban para desplazarse. No tenían dónde bañarse. Bou Taam aprovechaba los permisos que recibía cada cuatro días, en los que iba a ver a la familia, para darse una buena ducha, comer algo caliente y descansar. Veinticuatro horas más tarde se reencontraban en un lugar establecido de antemano con sus compañeros.

Pero lo que Bou Taam recuerda con mayor desazón son las bombas. Dice que nunca Israel había atacado de forma tan vasta y contundente al país de los cedros desde su primera incursión en 1978. Para salir a buscar las noticias, el periodista empleaba una técnica que había aprendido durante la guerra de Irak, en la que había sido enviado especial de Al Manar.

“Lo que hacía era contar los minutos que pasaban entre el final de un bombardeo y el comienzo del siguiente. Si pasaban doce minutos, sabía que ése era el tiempo con el que contaba para estar en la calle antes de que volvieran los aviones. Una vez que se acababa, nos bajábamos del coche y corríamos a buscar un lugar seguro. Así, poco a poco, nos íbamos acercando a la noticia. Gracias a Dios salimos con vida”, rememora.

El plan de emergencia de Al Manar, que en árabe quiere decir El Faro, estaba perfectamente estructurado. Los equipos eran autónomos. Desconocían la localización de la nueva sede de la cadena. Y apenas hacían llamadas telefónicas para evitar las escuchas de la inteligencia israelí.

“Me llevaron al lugar desde donde se hacían las transmisiones unos días antes de que terminaba la guerra. Era un refugio llenos de equipos, en el que la gente trabajaba sentada en el suelo porque no había sillas. Para evitar que la señal fuera detectada por los aviones espías se había elaborado un complejo sistema –explica–. La verdad es que estamos muy orgullosos. Nos jugamos la vida pero cumplimos con la misión de mostrar la guerra desde la perspectiva de los libaneses para que la gente no sólo tuviera la versión de los israelíes”.

Durante los días posteriores a la final del enfrentamiento armado con Israel, la sensación de victoria de la que habla Bou Taam se hacía evidente en todos los periodistas de la cadena. Al salir en antena, desde el presentador más famoso, Aimad Marmar, moderador de un talk show político semanal, hasta Ali Yaib, bautizado como El héroe por haber permanecido en la frontera sin dejar de transmitir durante toda la guerra, aparecían con expresión de alivio, de satisfacción, hasta con una incipiente sonrisa.

No sólo los milicianos de Hezbolá habían resistido el envite de uno de los ejércitos más eficientes del mundo. Además, ellos mismos, como miembros de un medio de comunicación, habían logrado realizar su trabajo a pesar de los ataques. Y lo repetían con orgullo: “Sólo hemos dejado de transmitir durante tres minutos”.

La prohibición de Al Manar
Como todo lo que rodea a la organización chií Hezbolá, partido político, servicio de asistencia social y milicia popular, su medio de comunicación afín está imbuido en el mayor de los secretismos. La razón que esgrime el portavoz de la cadena, Ibrahim Farthat, es que no quieren que “se filtre información a los israelíes, ya que pueden volver a atacar en cualquier momento”.

No resulta sencillo acceder a él. La hora y el sitio del encuentro son comunicadas a interviú la misma mañana en que tiene lugar la entrevista, aunque fue pactada una semana antes.

“El plan de emergencia lo pusimos en marcha en el año 2004, cuando los Estados Unidos nos calificaron como organización terrorista e interrumpieron nuestra señal. Entonces comprendimos que podíamos ser el centro de ataques como éste. E hicimos las previsiones para poder seguir en antena a pesar de todo, que es nuestro deber como periodistas”, explica Ibrahim Farhat, que trabaja ahora en una oficina apenas amueblada, sin identificación alguna de la cadena, en la séptima planta de un edificio de viviendas situado en el corazón del distrito chií. Uno de los pocos que quedó en pie de la zona.

Estados Unidos fueron pioneros en impedir el acceso de Al Manar a su territorio. El 17 de diciembre de 2004, el portavoz del Departamento de Estado, Richard Bouchen, anunciaba que la estación libanesa acababa de ser vetada basándose en la Orden Ejecutiva 12.334, lo que lo convirtió en el primer canal de televisión “terrorista” de la historia. “Si cada vez que una emisora hace declaraciones ofensivas e inaceptables tuviera que ser cerrada, casi no habría televisión en el mundo”, declara Aidan White, Secretario General de la Federación Internacional de Periodistas.

En Francia hubo un gran debate previo antes de que se llegara a la conclusión de que la cadena de Hezbolá atentaba contra el orden público. Respondiendo a una orden del Consejo de Estado, la señal que retransmitía los programas de Al Manar para toda Europa a través del satélite Eutelsat fue interrumpida a las seis de la tarde del 15 de diciembre de 2004.

Después siguió la decisión de España, del 23 de junio, de retirar a Al Manar del satélite Hispasat, a través del cual llegaba principalmente a América Latina, donde el número de inmigrantes libaneses alcanza los ocho millones.

Al Manar fue creada en 1990 por los líderes de la organización Hezbolá. Y ya en sus inicios demostró ser una poderosa y eficiente herramienta de propaganda en la lucha contra Israel. En los años ochenta, los vídeos que la organización grababa de las acciones de sus hombres en el sur de Líbano, en ocasiones atentados con coche bomba, eran mostrados en los campos de entrenamiento a los futuros combatientes para instruirlos sobre las estrategias a seguir, y también pasaban de casa en casa en los bastiones chiíes del sur de Beirut y del valle del Bekaa como una forma de levantar la moral de la población civil.

A mediados de los años noventa, la televisión del grupo chií tuvo un efecto multiplicador ya que a través de las emisiones por satélite consiguió que esas filmaciones superaran la frontera libanesa. Por primera vez los ciudadanos israelíes veían casi en directo cómo morían sus soldados, lo que constituyó un duro golpe para la sociedad civil hebrea.

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