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Abarata como puedas

<br>La lista negra
El último gran accidente aéreo ocurrido en Europa lo sufrió Helios-Airways, una línea de bajo coste. Uno de sus aviones se estrelló en agosto de 2005 a 40 kilómetros de Atenas. Murieron los 121 ocupantes. Según el Sindicato Español de Pilotos de Líneas Aéreas (SEPLA), “estas compañías han tomado buena nota y saben que centran la atención de muchos ojos, incluidos los de Aviación Civil”. La Comisión Europea publica anualmente una lista negra de compañías aéreas. La actual relación incluye a ocho aerolíneas cuyas operaciones quedan totalmente prohibidas en la UE, junto con todas las compañías de Guinea Ecuatorial, Indonesia, la República Kirguisa (Asia Central), Liberia, Sierra Leona, Suazilandia y la República Democrática del Congo. Pero, como señala Jacques Barrot, vicepresidente de la Comisión, “esta última revisión muestra que si las aerolíneas toman medidas correctoras rápidas para cumplir las normas de seguridad, pueden ser retiradas de la lista. Ésta es más un instrumento preventivo que punitivo en aras de la seguridad de la aviación”. Así, Blue Wing Airlines y la aerolínea paquistaní PIA han aplicado satisfactoriamente el plan de medidas correctoras que adoptaron tras ser incluidas en la lista.

Abarata como puedas

• El número de pasajeros de las compañías de vuelos baratos no para de crecer: en enero de este año, 1,4 millones de viajeros aterrizaron en suelo español. Estas líneas representaron el 40,8 por ciento del conjunto de entradas por vía aérea y registraron un crecimiento del 33,9 por ciento respecto al mismo mes de 2007.

Reportaje por: Karin CABRERA
Fotografías por:
31/03/08
Jorge ya había elegido el destino con el que sorprendería a su mujer para pasar un romántico fin de semana del mes de diciembre del año 2006: Florencia (Italia), centro de la Toscana y cuna del Renacimiento. Un paraje perfecto para salir de la rutina y olvidar por unos días los problemas laborales. Jorge lo tenía todo organizado. Saldrían un viernes a las seis menos diez del aeropuerto de Valencia y aterrizarían unas horas después en Pisa, ciudad que visitarían hasta las diez de la noche. A esa hora cogerían un autobús, que ya habían contratado, para dirigirse a Florencia. “Todo lo hicimos por internet. En total eran unos 360 euros”. Sin embargo, nunca llegaron a tomar el vuelo ni a disfrutar de la Piazza della Repubblica Florentina. “Una azafata de la compañía aérea Ryanair avisó unos segundos antes de embarcar, cuando incluso la facturación ya había finalizado, que el avión no podía salir por problemas ajenos a la voluntad de la compañía –recuerda Jorge Gisbert con cierto tono de indignación–. No nos decían ni cuánto retraso iba a haber, ni cuándo saldría el avión… ¡Nada! Pero lo que sí dijeron desde un principio es que ellos no se hacían cargo de ningún tipo de compensación”. Tras cuatro horas y media de retraso Jorge tuvo que suspender el viaje. “Ya no merecía la pena –apunta–. Si salíamos a las once de la noche, ya no cogeríamos el autobús que nos llevaría a Florencia, así que o pagábamos un taxi o nos quedábamos a dormir en un hotel en Pisa. Y nosotros lo que queríamos era disfrutar de Florencia desde primera hora del sábado. Total, que nos fastidiaron el viaje”.

Tras un año y medio de peleas, reclamaciones y muchas horas perdidas –Jorge recalca que “en hacer todas la reclamaciones y demás papeleos se pierde un montón de tiempo, de tu tiempo”–, el pasado 29 de enero decidió presentar una demanda contra Ryanair. “Ya es una cuestión de orgullo –explica Jorge–. Algo que se iba a convertir en un _ n de semana de ocio y para recordar se ha convertido en una pesadilla, pero ahora voy a llegar hasta el final, aunque aún no sé si me han admitido la demanda a trámite”.

Durante el año 2007 la Federación de Usuarios-Consumidores Independientes (FUCI) recibió 1.354 consultas y 842 reclamaciones relacionadas con la prestación de servicios de transporte por parte de las compañías aéreas. El 38 por ciento de estas reclamaciones se referían a las denominadas aerolíneas de bajo coste. Por su parte, la asesoría de la Organización de Consumidores y Usuarios recibió a lo largo del año pasado 108 reclamaciones sobre este tipo de vuelos. Según la FUCI, los aspectos más problemáticos en este ámbito son el retraso en la salida o llegada de los vuelos (39 por ciento de las reclamaciones), la pérdida de equipaje (15 por ciento), la cancelación de vuelos y overbooking (14 por ciento), la publicidad engañosa de una serie de ofertas que no informaban sobre la totalidad del precio (5 por ciento) y el trato inadecuado a los pasajeros (4 por ciento).

El elevado índice de reclamaciones llevó al Ministerio de Sanidad y Consumo a realizar en octubre del pasado año un barrido en la Unión Europea en busca de fraudes en las ofertas de varias páginas web. Esta investigación se centró en las compañías aéreas y agencias de viajes contra las que mayoritariamente reclamaban los consumidores españoles y europeos. Se inspeccionaron once páginas web de venta de billetes de avión y se encontraron anomalías en siete. El objetivo era verificar si las ofertas indicaban claramente el precio final y si se cumplían las condiciones que se ofrecían. El Instituto Nacional de Consumo descubrió que billetes anunciados como gratis luego tenían cargas de tasas aéreas en los sitios en internet de las compañías Ryanair y Vueling. En otros cuatro casos (Ryanair, Iberia, Spanair y Vueling) se localizaron ofertas ventajosas que no correspondían al precio final. También se descubrió que en la página E-Dreams los aeropuertos de partida y llegada a veces no coincidían con las zonas geográficas que quería el cliente.

Sin embargo, no todo es tan alarmante. Teresa Abella, que dirige una empresa de representación de compañías aéreas que incluye las de bajo coste, ve en este tipo de compañías más ventajas que fallos: “Es cierto que estas compañías abaratan sus costes por cuatro razones: porque venden sus billetes por internet, lo que les permite ahorrar en agencias, emisiones de billetes e intermediarios. Porque muchos de los aviones utilizan lo que se denomina aeropuertos alternativos o de segunda categoría. Es decir, si tú quieres volar barato a Barcelona, seguramente te ofrezcan el aeropuerto de Girona, que les sale más rentable. También recortan gastos en el ‘handling’, que es el conjunto de servicios prestados de las aerolíneas en el aeropuerto. Y tampoco ofrecen comida ni bebida durante el vuelo”. Como usuaria, sin embargo, Abella reconoce un fallo grave de estas compañías: la desinformación sobre el precio del billete. “Tampoco puedes hacer ningún cambio –confirma–, y si lo haces, te penalizan con un importe elevadísimo. Pero me gustaría desmitificar dos temas: el del ‘overbooking’ y el del espacio entre butacas. El ‘overbooking’ es un fenómeno que no se puede dar en este tipo de compañías, porque los asientos se venden por internet una sola vez, y sólo embarcan los que tienen este billete. Que en las compañías de bajo coste hay menos espacio entre butacas que en otros aviones no es cierto, depende de cada compañía, tanto de bajo coste como normal”.

Sin embargo, el escaso espacio entre butacas y la utilización cada vez más frecuente de este tipo de transporte ha alarmado a la Organización Mundial de la Salud. Por primera vez este año ha advertido del riesgo que supone la inmovilidad forzada de las piernas, una situación nada favorable para la circulación sanguínea y que han denominado como el síndrome de la clase turista.

El doctor Pascual Marco Vera, presidente de la Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia, una sociedad de ámbito estatal dedicada al estudio y tratamiento de esta enfermedad, advierte: “Los viajes en avión de más de cuatro horas pueden influir en las personas de a partir de 45 años a padecer tromboembolismo, lo que no significa que tenga que suceder. No hay que ser alarmista. Hay factores de riesgo existentes, como la obesidad, el tabaquismo, mujeres jóvenes que utilicen métodos anticonceptivos, personas con problemas cardiovasculares o mujeres embarazadas”. Pascual Marco señala que la inmovilidad y la mala postura se remedian con ciertas medidas: “Un buen método de hidratación y unos paseos de vez en cuando por el avión es lo recomendado. Sería ideal que bajo prescripción médica se facilitase heparina de bajo peso molecular, un genérico que evita la trombosis. Aunque lo más importante es una previa información al pasajero, por parte de las compañías, para saber si pertenecen al grupo de viajeros de riesgo”.

Lo que ningún profesional comenta es el estado anímico que suelen manifestar la mayoría de los pasajeros afectados por retrasos o cancelaciones de los vuelos de compañías de bajo coste: cansancio, ansiedad, frustración, nerviosismo, impotencia… ante tales situaciones de desamparo. Una mezcla de todas estas sensaciones la vivió Diego Suárez hace ya dos años en el aeropuerto de Milán. “Era el 17 de septiembre de hace dos años –explica Diego–. Mi viaje por Europa había finalizado en Milán y tenía que regresar ese domingo a Madrid porque el lunes volvía a trabajar. Había comprado el billete en Easyjet por internet. El avión debía despegar sobre las seis de la tarde. Empezaron a retrasar la salida una hora tras otra. Cuando ya estábamos haciendo cola para embarcar, salió un azafato de Easyjet para anunciar que el vuelo se cancelaba por falta de personal. Eso fue todo. No dieron más explicaciones”. Los casi doscientos pasajeros de ese vuelo sólo tenían una alternativa: coger el avión de Easyjet que salía al día siguiente y que sólo tenía diez plazas libres. Diego no fue uno de esos diez afortunados. “Tenía que volver a Madrid sí o sí. Uno de Easyjet me dijo que cogiera un avión y que ya me lo pagarían más adelante –dice Diego–, así que me fui a Sevilla en avión, que era el único que salía a España a esas horas, y de ahí el AVE a Madrid. En total me costó 275 euros, y dos años después no he visto ni un duro ni la intención de la compañía de reembolsarme los gastos. Llegados a este punto, me he puesto en contacto con la Organización de Consumidores Europeos y en unos días presentaré una demanda judicial contra la empresa”.

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