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Alejandro McLean, piloto de la F1 del aire

Fecha: 03/08/2009 Marieta HERNANDO
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Alejandro McLean es el Fernando Alonso del aire, el único piloto español que compite en la Red Bull Air Race, el campeonato mundial de velocidad y acrobacia aérea. De origen escocés, McLean asegura que no conoce el miedo y que con lo que más disfruta es poniendo el avión boca abajo.

Alberto PAREDES

¿Cómo se llega a ser piloto de carreras aéreas?

Cuando todos mis amigos jugaban con cochecitos, a mí sólo me hacían ilusión los aviones. Ha sido mi sueño desde niño. Para prepararme, viajé a Estados Unidos, y cuando llegó el momento, me compré mi primer avión pidiendo un crédito al banco.

¿Qué entrenamiento sigue para este tipo de deporte?

Es muy intenso porque tengo que conseguir rodearme de mucho músculo y así poder contrarrestar el efecto que ejerce sobre mí la fuerza de la gravedad. Una persona normal soporta hasta cuatro g; sin embargo, yo en las competiciones tengo que aguantar hasta 12. Sería el equivalente a tener un coche utilitario encima durante unos minutos.

Es un deportista de élite que fuma. Suena raro.

Fumar, paradójicamente, no me influye de forma negativa, ya que reduce mi capacidad pulmonar y así cuando estoy volando no necesito tanto oxígeno. Aunque reconozco que no me gusta decir que fumo y algún día lo dejaré.

Sigue un fuerte entrenamiento psicológico, ¿en qué consiste?

En aprender a controlar la tensión de la competición y pensar en que tienes una serie de ‘enemigos’ a los que batir y ganar. Sirve para superar aquellas situaciones en las que hay algo que no va bien o si la mecánica no te acompaña, como le está pasando a Fernando Alonso ahora mismo. Me ayuda a asimilar los éxitos y los fracasos.

El suyo es un deporte extremo, ¿qué consecuencias físicas sufre?

Las grandes descargas de adrenalina hacen que nunca me deprima. He comprobado que el efecto en los hombres y las mujeres cuando se montan conmigo es diferente. Los hombres pierden los nervios y se asustan más que las mujeres. Ellas van mucho más seguras, creo que les excitan las acrobacias.

En el año 92 tuvo un grave accidente. ¿Qué pasó?

Estaba pilotando un avión experimental cuando la hélice se partió y salió disparada. Fue como si a un escalador le rompieran la cuerda. Cuando volví a subirme a un avión, sentí respeto, pero nada más despegar me di cuenta de que era mi sueño y que el riesgo es el precio que tengo que pagar. El accidente me enseñó que cuando dependes de una máquina, cabe la posibilidad de que esta te falle.

¿Alguna vez montado en el avión hubiese preferido bajarse y dejarlo?

Cuando me monto, lo único que quiero es despegar, el avión no me asusta. Paso más miedo cuando tengo que trasladar el avión de un lugar a otro que cuando voy a 400 kilómetros por hora a diez metros del suelo. Sinceramente, me considero una persona ‘echada para adelante’.

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