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Hija de francés y navarra, fue topmodel internacional en los años 90. En lo más alto dejó la moda y hoy vive en Malasaña y trabaja en un hotel.

Amandine Lepage: "En la moda no hay amigas"

Fecha: 28/08/2017 Thais Escamilla / Fotos: Cristina del Barco
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Se codeó con Naomi Campbell y junto a ella ascendió a lo más alto. Esta francesa, de madre de Tudela (Navarra), probó suerte a los 14 años en un concurso para nuevos talentos que organizaba una revista para adolescentes. De ahí pasó a formar parte del exclusivo ejército de las diosas de la pasarela. Aquí desvela la otra cara de la moda. | Sigue leyendo.

Por qué decidió presentarse a un concurso de belleza siendo menor?

Era una revista para jóvenes y cada año buscaban a los más guapos entre sus lectores. No me presenté para ser modelo, lo hice porque daban 15.000 euros de premio, quería una moto y mis padres no me la compraban. Y gané. Y me llevé a mis padres y a una amiga que se presentó conmigo de vacaciones a África. Allí conocí a un fotógrafo belga muy bueno que vio mi potencial, habló con mis padres y ya no volví a casa. Tenía 14 años.

¿Fue duro despegar en la moda siendo solo una niña?

Nada complicado. Tengo que contar que yo a los once pasé por una depresión muy dura debida a problemas familiares y no salía de casa. Esto me ayudó mucho a encontrarme a mí misma y a despegar. La primera campaña fue para una marca de lencería muy conocida.

¡Con catorce años y en bragas!

Y en mi salsa, en mi salsa completa. Y eso que yo soy de las que va a la playa y se muere de la vergüenza. El apoyo de mis padres fue enorme, estaban encantados de verme sonreír y disfrutar, aunque no fuera justo la carrera que ellos desearan para mí. Ahora pienso que yo tengo un hijo de diez años y no lo veo. Entonces yo era muy madura, por eso no me ha pasado nada raro en el mundo de la moda. Cuando he tenido que decir que no, ha sido no.

¿Y  se ha negado muchas veces a hacer cosas raras?

Sí, y he llegado hasta a estar en juicios. En Francia hubo un escándalo muy sonado por una publicación que captaba menores de países del Este y las vendía a países de Oriente Medio. Gracias a que mi madre estaba muy detrás de mí, no me pasó nada. Cogían a niñas en los Campos Elíseos y les hacían fotos. Ellas, muy necesitadas, no decían que no.

¿De qué manera ha vivido usted esa parte fea de la moda? 

Por ejemplo con los pisos que te alquilan para las modelos, que pagas una barbaridad por una cama… Eso pasa hasta en las mejores agencias, se compran dos o tres pisos y a 500 euros la cama… ¡Hacen mejor negocio que en Airbnb! 

¿Y cuál es el papel que juegan los tutores legales?

En mi caso, cuando iba por ejemplo a Italia y me querían meter en un piso de esos, llamaba inmediatamente a mi madre y me ponían un apartamento para mí sola. Pero claro, entonces estaba en lo más alto, hacía todas las campañas y al acabar el mes resulta que estaba en números rojos: debía dinero a la agencia. Había que pagar el piso. Currabas tres meses sin parar, hacías campañones y no tenías dinero.

¿Dónde está entonces el negocio para la modelo? 

En que te vean y te sigan fichando las marcas. Yo, en lo más alto de mi carrera, por menos de 6.000 euros no me levantaba de la cama. Ahora las cosas no están así.

¿Cómo es ser una jovencita y viajar por todo el mundo y ganar tanto dinero? ¿Hay rivalidad?

Mucha. Sobre todo en Francia, allí no tenías amigas modelos, no quedabas con ellas para tomar algo. Las veías en los castings, siempre a las mismas, y no te podían tragar porque podías ser quien les levantara el siguiente contrato. 

¿Cuál diría que ha sido su mejor momento como modelo? 

En Barcelona, con 20 años. Hacía un anuncio tras otro, entrevistas... Fue justo después de dejarlo todo por amor para montarme una tienda de surf en la Costa Brava. Mi madre estuvo tres meses sin hablarme. Después me llamaron de Barcelona y vi como mi carrera subía como la espuma.

¿Y el peor?

Cinco años después, ya en Madrid. Ya las cosas no eran igual. Me había ido muy pronto de mi casa, había quemado etapas sin vivirlas y estaba en momentos de no saber para dónde tirar. Imagina, dejé de estudiar con 11 años, estaba muy perdida.

¿Cómo le dio la vuelta a la situación?

Conocí a mi exmarido y tuve a mi hijo Travis, lo necesitaba. 

Cuyo nombre lleva tatuado en la barbilla. Un lugar curioso… 

Fue mi primer tatuaje y me lo hice ahí para molestar. Y no imaginas la cantidad de trabajo que me ha quitado. La gente es todavía muy conservadora.

¿Cree que la de maniquí es una profesión con fecha de caducidad? 

Sí, solamente hay que ver mi recorrido. Luego te puedes dedicar a otras cosas relacionadas. A mí, por ejemplo, me encanta la producción. En España hay una agencia que ha abierto sección para modelos mayores de 35; en Francia o Nueva York ya funcionan hace años, aquí vamos por detrás.  | Sigue leyendo.

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Comentarios recientes

  • Diego 28/08/2017 19:49

    Sacad famosas del panorama nacional que estén buenas como: Ana Morgade y Ares teixidó, y dejaos de ridiculeces.

    Comentario fuera de tono

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