Sport
Entrevistas / Artículos
“A alguien podía haberle hecho la putada de tener un hijo”

Bárbara Rey, actriz y presentadora

Fecha: 20/04/2010 12:31 Ángel Antonio Herrera
  • Valoración
  • Actualmente 5 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 5 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

Viene a la entrevista pulcramente vestida con todos los colores de la arena, más la media melena de oro, que remata su estatura de suecaza de Murcia. Da guapa, da elegante. No sé si por este orden, pero eso da igual. Da Bárbara Rey. Tengo prevención ante los tópicos, pero aquí el tópico me vale: ha sido una de las tías más deseadas de España. Manejó una belleza efeboandrógina que hubiera fascinado a Dalí. Era una belleza insólita. Es una mujer distinta. Fue musa de la lentejuela, hizo cine de escote, se lió con el circo, cumplió de cocinera en la tele y ahora vive del garbo de su genio o del genio de su garbo. Almorzamos en un asador y me gana por un plato. A los postres, le damos marcha a esta charla, muy puestos los dos de agua mineral.

  • Bárbara Rey, actriz y presentadora

¿POR QUÉ ESTÁS sola, Bárbara?
Como mujer estoy sola, sí. No como madre, naturalmente. Hay varios motivos para mi soledad. El primero, yo misma. No he tenido buenas experiencias sentimentales, y más bien prefiero seguir sola, o solitaria, que pasar de nuevo otro mal trago.
Digamos que te has vuelto desconfiada.
Vivo un poco en eso de “quien evita la ocasión evita el peligro”. El segundo motivo es que los hombres me tienen miedo. Unos, porque puedo poner en riesgo su anonimato, al ser famosa, o popular. Estos hombres, por cierto, son los que a mí me merecen la pena, porque tienen un equilibrio a nivel social o profesional. A cierta edad, no te vas a ir con un niñato. Y otros hombres tienen otro miedo. Creen que yo soy una especie de devoradora, que pretendo aprovecharme de ellos, y yo no me he aprovechado en mi vida de nadie. Y lo digo con la boca grande. En todo caso, ellos se han aprovechado de mí. Es más, absolutamente todos los hombres se han aprovechado de mí. Te lo repito: todos.
¿Y qué es aprovecharse de Bárbara Rey?
Unos se han aprovechado a nivel profesional, ganando dinero conmigo. Otros, para presumir de que estaban conmigo, como si yo fuera un trofeo. Otros, porque estaban muy a gustito conmigo, y se reían mucho, y me preferían a otras, porque yo tengo mucho sentido del humor. El hombre no me ha dado nada. Pero nada. Mis dos hijos, eso sí, pero por suerte han salido a mí. Y no me refiero a lo físico, sino a lo otro, que es lo que importa de verdad.
¿No echas de menos otra cosa, otra vida?
No. Solo busco la paz o la tranquilidad. Me decepciona que no haya habido un hombre que se haya molestado en saber quién soy. Ninguno se ha molestado en conocerme. Les ha gustado mi simpatía, o mi artisteo, o mis guisos, incluso, y es una pena, pero una pena para ellos, sobre todo. Te lo diré de un modo un poco prepotente, pero me lo permito por la edad: no van a encontrar otra como yo.
Entre un hombre y una mujer, ¿puede existir una relación no interesada?
No. Siempre habrá algún interés. En el amor mismo hay interés, si te fijas. Si yo siento por ti lo que tú no sientes por mi, y yo sigo contigo, ya aparece el interés por mi parte. Al revés es lo mismo. Y cuando entran otros intereses, pues ya ni te cuento. Esto es lo que ocurre ahora, a mi juicio, donde el materialismo es absoluto.
Si te llamo cabaretera, ¿te ofendo?
En absoluto. A veces me llaman vedet, o cabaretera, o corista, para despreciarme, pero se equivocan. Corista no he sido nunca, por cierto. Me han hecho el coro. Siempre he llevado la voz cantante. Aunque sea una mala voz, o una voz regular, pero voz propia. Para el cabaret no he valido, y es un trauma. La cabaretera exprime, y encima tiene arte. Me encanta.
Si te doy fotos de la Bárbara joven, ¿te ves espectacular?
Mi físico llamó la atención en un tiempo. Se salía de los cánones. Si yo llego a darme cuenta de las armas que manejaba, muchas personas no habrían hecho lo que han hecho conmigo. Yo, como la cabaretera, habría llevado la voz cantante.
¿Acierto si digo que la vida te ha maltratado?
Aciertas. Me maltrató desde que nací. Te voy a contar algo que no recuerdo haber dicho nunca. Mi madre tuvo un parto muy malo con mi hermano, que es el mayor, y ya no quiso tener más hijos. Cuando se quedó embarazada de mí, fue un trauma. Desde entonces, algo ya luchaba en contra de mí. Y ha sido una constante en toda mi vida. Me llevo bastantes años con ese hermano, y también bastantes con mi hermana menor. De modo que si se escapaba alguna hostia, ya sabes dónde iba a parar.
Y luego han venido los hombres a no enmendarlo.
Quizá la gran culpa es mía. Yo soy una persona muy afectiva, muy cariñosa, muy abierta, y acabo siendo servil. Me entrego demasiado. Eso perjudica, a la larga, y no tan a la larga.
Has perdonado demasiado.
Sí. Imperdonablemente.
¿Has pasado hambre?
Mucha. Pero he pasado hambre muy bien. Me explico. Llegué a Madrid con unos kilitos de más, porque en mi casa, que era humilde, se cocinaba muy bien, eso sí. Enseguida los perdí. En Madrid, mi amiga Mari Cruz y yo cogíamos en los cubos de basura cascos de cristal, por los que nos daban unos céntimos. Con esos céntimos comprábamos una barra de pan y una lata de sardinas que era, en realidad, caballa, que era pescado mucho más barato. Yo siempre he estado muy cabreada porque nunca he llegado a saber por qué en la lata solo había tres filetes, cuando éramos dos. Eso me jodía muchísimo. ¿Cómo lo repartes? Bueno, pues el dilema lo resolvíamos guardando el tercer filete para el otro día, amenizándolo con el mucho aceite de la lata.
¿A ti te han hecho muchas encerronas sexuales?
Algunas amigas de las que presumían de serlo me han presentado a gente para ver si yo entraba al trapo. Aquello hubiera tenido su compensación, imagino, porque con los años me he dado cuenta de que ellas no daban puntada sin hilo. Con los hombres me ha ocurrido menos. Cuando era joven, les daba miedo por unos motivos. Y ahora, por otros.
Y un novio ahora, Bárbara, ¿qué tal?
Lo veo difícil. Muy difícil. A ciertas edades, vamos teniendo achaques, cosas. Si el que viene aguanta mis achaques, perfecto. Porque yo no aguanto los de nadie. A la fuerza tiene que ser más joven. Un tío mayor no me interesa nada.
¿Por qué cargas fama, a rachas, de que en algún momento te dedicaste a la prostitución?
Vaya por delante todo mis respeto para las prostitutas. Parece inconcebible, en mi profesión, y con mi físico, que una mujer haya prosperado sin andanzas de ese tipo. A mí me da exactamente igual lo que piensen de mi vida. Estoy por encima de eso. Consideraría, incluso, que dedicarme a la prostitución no es algo grave, cuando sí lo es hacerle daño a alguien o perjudicarle. Si yo me hubiera dedicado a la prostitución, yo no sabría lo que es una hipoteca, que es lo que les pasa a otras. Vamos, que tendría muchas propiedades, y un yate enfrente. Todas las que conozco, con físico agraciado, viven como Dios, y hasta han tenido hijos con sus amantes. Les ha quedado una renta de por vida. Yo he sido muy buena persona en este sentido. A alguien podía haberle hecho la putada de tener un hijo, y le habría buscado una cruz. Y no lo he hecho. Y no porque esa persona tomara precauciones, sino porque las tomaba yo. Fíjate si podía tener bien resuelta mi vida.
¿Qué le debes al bocadillo de caballa?
Le debo el haber podido ir después a la Gran Vía, a trabajar de gogó en el JJ, cuando fallaba alguna. Luego logré ser gogó fija. Natalia Figueroa escribió un libro sobre las gogós, y ahí sí que nos dejó de putas de pies a cabeza. Y éramos la alegría de la huerta. Nos hacían corro, y daba igual que cantara el Dúo Dinámico o Nino Bravo. Nos miraban a nosotras, y hasta nos pedían autógrafos sobre las fotos de los cantantes famosos de esa noche. Mi amiga Mari Cruz y yo conseguimos así dejar las pensiones, donde nos robaban la ropa, por cierto, y alquilar juntas un apartamento.
¿Cuándo llega el tanga a tu vida?
De muy jovencita. A mí me han pasado casi todas las cosas en la vida por llevar lo que no tocaba.
¿Puedo decir que eres una mujer liberada?
Pues sí. Si miras ahora imágenes de mi vida profesional, hasta he sido avanzada, o pionera. A esos atrevimientos se agarran algunos para intentar hacerme daño, lo que no quiere decir que el daño no se lo hayan hecho a veces a mi familia. He sido transgresora, como Lola Flores, o como Pepa Flores, o como Carolina de Mónaco. Aunque tengo una parte tradicional que no sé si ha acabado beneficiándome.
¿Qué tienes que ver con el destape?
Mucho y nada.
¿Y con el feminismo?
No he sido abanderada, pero he hecho por el feminismo más que muchas que han ido por ahí tirándole bombas fétidas a los autobuses de las ‘misses’, como me hicieron a mí en Inglaterra. Y por el mundo gay, o lésbico, también he hecho mucho más que muchos gais militantes. Sin ser homosexual, me he comprometido más y en tiempos mucho más difíciles.
Hasta hiciste una escena lésbica, en el cine, con Rocío Dúrcal.
Pues claro. ‘Me siento extraña’ se titula esa película. Nunca me he arrepentido. Ni tampoco mi familia. Yo me siento extraña cuando otros, que han cobrado su dinero, y se han hecho sus casas, se sienten mal con esa película. Eso sí me hace sentirme extraña. Pero la película no. Nunca.
¿A ti nunca te ha apetecido acostarte con una mujer?
Nunca. He tenido contacto físico con mujeres, en el cine, y hay algo que me repele, claramente. No necesito más intentos. Por cierto, no he hecho una película con escena lésbica, sino tres. Hice también ‘Carne apaleada’, con Esperanza Roy, una peli dura dirigida por Javier Aguirre. Pero les gusta recordar la otra. Si te echas las manos a la cabeza, y despotricas, la gente hace hincapié en el tema. A alguien le interesará eso. Es lo que ha ocurrido con ‘Me siento extraña’. Con la Roy, con quien hice una escena aún más fuerte que con Rocío, no ha habido escándalo, sino paz y armonía. Cuando yo salí al ‘hall’ del cine, el día del estreno de ‘Me siento extraña’, todas las lesbianas me besaban las manos. Quiero decir que me daban las gracias por lo que yo había hecho en ese momento.
¿En España hay mucha doble moral?
Doble no. Triple, o más.
¿Tu biografía tiene años impublicables?
Lo que no sé es en qué año se podrá publicar.
Dime la mayor mentira que se ha dicho de Bárbara Rey.
Yo he escuchado que me habían dado quinientos millones de parte de no sé quién.
Y la mayor verdad que no se ha dicho.
Muchas. Pero la verdad, mayor o no, siempre es mía. Y la contaré cuando quiera. O me la llevaré a la tumba.
Se pone ensimismada Bárbara Rey, casi seria, y apura el agua. La llama al móvil su hija, Sofía, cuando esperaba llamada de su hijo, Ángel. Está sola, pero no tanto. Le pido un taxi, y le doy la despedida con pregunta:
¿Cuál es hoy tu profesión, rubia?
Bárbara Rey.

  • ¡Compartelo!
  • twitter
  • delicious
  • facebook
  • compartir por mail

Comentarios recientes

  • fran 29/12/2011 1:01

    hola barbara me gustaria conocerte, tengo 36, me gustas mucho un beso

    Comentario fuera de tono

Añade tus comentarios
  • Los campos marcados con "*" son obligatorios

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Lecturas recomendadas