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C.N. Ondarrieta, las reinas del waterpolo son de Alcorcón

Fecha: 04/06/2007 2:00 José Manuel MUÑOZ
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“¡Somos las campeonas y encima tenemos que pagar por tirarnos al agua!”, se quejan.

Carlos MONTAÑÉS

“Tiene mérito que un modesto equipo madrileño de waterpolo, sin los medios que tienen las catalanas –disponibilidad, socios y dinero–, sea el mejor de España por segundo año consecutivo. ¡Con lo que tenemos, pese a que no lo aceptan, lo nuestro es un milagro!”, asegura Irene Hagen (Madrid, 26 años), capitana del C.N. Ondarreta Alcorcón, club que con trabajo y esfuerzo ha arrebatado la supremacía del waterpolo femenino a los millonarios clubes catalanes. “En Cataluña se piensan que ganamos la Liga y la Copa de la Reina por un golpe de suerte y no valoran que en los últimos años también hemos conquistado los campeonatos de España júnior y juvenil”, recalca Irene, una de las cuatro internacionales del conjunto madrileño.

“Aparte de trabajo y disciplina, aquí no hay secretos. Somos una piña, muy amigas, y eso se nota en el agua. Y como ninguna cobramos nada, los problemas los solucionamos al momento; es lo que nos diferencia del resto”, cuenta Silvia Calzadilla (Alcorcón, 18 años), una de las benjaminas del equipo. Y es que en el Ondarreta, club humilde y familiar, todo es diferente. Por eso las jugadoras pagan, como cualquier socio del club, todos los meses 46 euros por entrenarse en la piscina en la que juegan. “¡Somos las mejores y encima tenemos que pagar por tirarnos al agua! Somos un club de barrio, no el Real Madrid, y llevamos pagando toda la vida, pero ya que paseamos el nombre del club por toda España, nos podrían perdonar, como a los chicos, la cuota mensual”, exclaman al unísono las jugadoras para no sufrir ninguna represalia.

Eso sí, el presidente del Ondarreta les ha prometido una prima de 2.000 euros si revalidan, otra vez ante el C.N. Sabadell, el título de Liga.

En Cataluña las mejores waterpolistas cobran hasta 600 euros mensuales. “Varios clubes me han querido fichar, pero les dije que no. Paso del dinero. Prefiero estar en mi club y jugar con mis amigas”, afirma Pilar Peña (Alcorcón, 21 años), boya del equipo. Debe de tener algo este club para que incluso las waterpolistas catalanas cambien de residencia para jugar en sus filas. “Dejé el Sant Andreu hace dos años y estoy encantada. Mis padres no lo entienden, pero aquí progreso, gano títulos, hago amigos y encima me divierto”, dice Laura García (Barcelona, 19 años), una gran marcadora y estudiante de segundo de Bachillerato.

En el Ondarreta todas juegan por amor al arte, pero esta temporada las cuatro internacionales del equipo perciben una beca de 4.000 euros de la Comunidad de Madrid, 6.000 del Ayuntamiento de Alcorcón y 20.000 del Plan ADO: “Con tanto machismo, y tal y como está el deporte femenino, reconozco que soy una privilegiada. Sí, pese a que muchos les fastidie, somos las galácticas del waterpolo español”, apunta Miriam López (Madrid, 23), internacional, máxima realizadora del equipo y licenciada en Magisterio y Educación Física.

Para ser una buena jugadora de waterpolo, además de trabajo y entrega, se necesita disciplina, potencia, resistencia, cabeza, paciencia y compromiso. “A la hora de entrenar –cinco horas diarias– aguantamos lo que nos echen. A veces, nos sorprende lo que puede llegar a resistir nuestro cuerpo”, apunta Mar Rodríguez (Madrid, 22 años), defensa y estudiante de quinto de Pedagogía.

Al instante, Itziar Antón (Madrid, 18 años), marcadora y estudiante de Psicología afirma: “La mayoría de los futbolistas no saben lo que es trabajar. Si se entrenarán con nosotras en la piscina, no nos durarían ni 20 minutos”; su opinión, entre carcajadas, la comparten todas.

“De tres a cinco de la tarde, nadamos 4.000 metros y estamos en el gimnasio. Y de nueve a 11 de la noche, todo waterpolo: balón, técnica y táctica. Y todavía nos queda tiempo para estudiar, trabajar y... Somos de una pasta especial”, dice Paula Bugallo (Madrid, 18 años), segunda portera.

Las waterpolistas de Alcorcón son muy técnicas, pero, eso sí, en situaciones límite también saben defenderse: “Si el rival es marrullero y hay que dar cera, se da. Debajo del agua hay muchos piques –las mujeres somos muy bravas–, pero el nivel arbitral es pésimo. Los buenos sólo pitan a los chicos”, cuenta la defensora Lara de Cayetano (Madrid, 18 años), por su gracejo y espontaneidad, una de las líderes del equipo. Y lo que peor llevan las chicas del Ondarreta es que los aficionados se vayan de la piscina tras ver a los chicos y no se queden a sus partidos: “Tanto esfuerzo, para que sólo estén en las gradas nuestros padres. No se nos valora. Si nos dedicáramos sólo al waterpolo, también seríamos campeonas del mundo”, comenta con amargura la capitana, Irene Hagen.

Además de ganar el doblete, todas sueñan con ser olímpicas en Pekín. Para lograrlo, la selección española –séptima en el último mundial de Melbourne y cuarta de Europa– deberá hacerlo bien este verano en el preolímpico de Rusia: “Lo conseguiremos con el nuevo seleccionador, Vicente Tarrés; Mar Sanromà era buena, pero le gustaba ser muy protagonista, se metía en todo y no sabía llevar a un equipo”, afirma Pilar Peña.

Tras exhibir sus proporcionados cuerpos, antes de la despedida, las chicas del Ondarreta mandaron este mensaje a todos los adolescentes españoles: “Menos botellón, porros, Play y televisión y que viva el waterpolo”. No les falta razón.

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