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Concha García Campoy: "Me encanta sentirme deseada"

Fecha: 21/03/1989 18:03 Texto: Carel Peralta. / Fotos: Ramón Mourelle.

Cuando ya había logrado ser reina en los informativos de televisión, dejó el medio y fichó por una emisora de radio. Hoy, su programa "A vivir que son dos días", en la SER, goza de un imparable éxito. Concha ha demostrado así que no era solo un busto parlante, sino una de las mujeres que mejor conocen ese secreto que es la comunicación.

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Míentras la mitad de la gente de este país pierde el culo por salir en la televisión, usted optó por marcharse de ella y hacer radio. ¿No le interesa la pequeña pantalla?

La televisión nunca me ha dejado de interesar del todo. La popularidad me interesa relativamente. Es decir, yo dejé la televisión pero no por un motivo extraño. En la SER me ofrecían hacer un programa, me permitían te- ner un equipo. Pensé que había llegado la hora de hacer cosas más profesionales en las que intervenir más directamente y tener más capacidad de decisión. Me planteé que tenía que demostrarme a mí misma algunas cosas. Afortunadamente, el programa está resultando bastante bien. La popularidad de la tele la he disfrutado mucho, no reniego de ella, pero no es lo más importante.

¿Se veía usted como un busto parlante con no mucho futuro?

No, no, en absoluto. De hecho, el tiempo que estuve en televisión, tanto yo como otras compañeras, no fuimos bustos parlantes. Lo que pasa es que la pantalla ocupa tanto tiempo y tanta tensión, que al final te dedicas más a la imagen que al periodismo. Una época está bien, un tiempo es tolerable, pero si sigues en ello te puedes alejar del perio- dismo.

¿Ha rechazado la tentación de volver a televisión de la mano de Luis Solana?

Todavía no lo he rechazado. Estamos en contacto. Lo que no voy a hacer es dejar mi trabajo en la radio, estoy en el mejor momento del programa y tirarlo por tierra me parecería una barbaridad.

¿A las mujeres hermosas las eligen por la cara?

 Yo creo que no. Incluso en televisión hace tiempo que no es, exclusivamente, por la cara. Pero qué duda cabe, si tienes una buena imagen, siempre puede vender mejor. Yo no tengo una imagen extraordinariamente bella ni hermosa, creo que no, simplemente pienso que tengo una cierta habilidad para comunicar y, bueno, la buena imagen te ayuda.

Hace pocos días se conocía el tema de la adolescente acosada en Lérida y, posteriormente, la decisión del juez. ¿Ha padecido el acoso sexual alguna vez?

Sinceramente, no. Nun- ca me he sentido acosada ni en el trabajo ni fuera de él. De todas maneras, siempre he te- nido la fortuna de tener un trabajo cualificado. Nadie se ha podido meter conmigo porque las consecuencias hubieran sido perjudiciales y públicas. Sin embargo, creo que la gente de un estatus económicamente bajo, sí que lo tiene que sufrir diariamente. Además, no pueden defenderse porque arriesgan su puesto de trabajo. Por cierto, la decisión del juez me ha parecido demencial.

¿Cree usted que el feminismo es una actitud diaria y militante?

Creo que sí. Lo que no puedes hacer, en cambio, es ir en contra de los intereses de tus compañeros, los hombres. Tenemos intereses comunes. Pero todos los días las muje- res tenemos que demostrar que tenemos la misma capacidad que los hombres. Hay una feminismo militante muy útil y que nos favorece a todas, incluso a las que no hemos militado explícitamente.

Usted es un personaje po- pular, hace poco tiempo se separó de su marido y es muy poco lo que se ha publicado al respecto. ¿Cómo ha logrado separar su trabajo de la vida privada?

Pues me ha costado. En los últimos meses he sido perseguida, he tenido que mante- ner una cierta discreción en mis salidas porque me he notado muy observada. Todo lo que atañe a mi vida privada lo quiero reservar para mí. No quiero ser objeto de atención en relación a mi vida privada.

Cuando llega a un sitio público donde se sabe observada, ¿se cuida al sentarse?

Sí, ahora sí. Si no, puede ocurrirte un accidente, puedes llevar una minifalda y se te puede ver más allá de lo que tú quieres que se te vea. Pero no estoy muy pendiente de mí misma, porque entonces no tendría ninguna naturalidad y me convertiría en una estatua de mármol. Si me siento observada, me vigilo un poco, pero no por prejuicios. Hay intimidades que quiero que sean para mí o para quien yo quiera, claro.

Pero tendrá usted su dosis de coquetería, ¿acaso no pretende gustarle a todo el mundo?

Mucho, muchísimo, pero sin obsesiones. Me encanta sentirme deseada, sentir que gusto. Creo que esto nos gusta a todos, hombres y mujeres. Y yo soy coqueta.

Durante años, Ibiza ha sido el espejo de las liberta- des y el desnudo. Usted ha vivido siempre en esa isla, ¿qué le queda de todo aquello?

Prácticamente, todo. Si-go yendo a Ibiza con frecuencia, como mínimo una vez al mes. Me quedan los amigos, mi familia, mi necesidad y, sobre todo, la necesidad de ver el mar.

¿Y se desnuda usted en Ibiza sin temor a los fotógrafos?

Yo siempre me desnudo, lo que pasa es que me desnudo con mucha discreción. En Ibiza, que se te vea el cuerpo es algo que no tiene mucha importancia por la influencia del turismo y por la necesidad de fomentar el turismo y por la necesidad de fomentar el desnudo para la economía de la isla. Hasta los conservadores de AP siempre han tolerado este tipo de cosas. Yo me he desnudado muchas veces, lo que pasa es que no me desnudo en medio de una playa, pero me parece uno de los grandes placeres que se pueden tener. Procuro ser discreta, pero he vivido sin pánico. Lo que pasa es que en el fondo y en la forma nunca me he visto como un personaje que pueda concentrar el interés de los "paparazzi".

Usted derrocha optimismo en su programa, pero ¿qué pasa cuando tiene que decir "a vivir que son dos días" y tiene una enorme depresión?

Creo que algo se nota. He tenido que decir "a vivir..." y no tenía ganas, pero ahí es cuando se produce una cosa extraña y es que, cuando estoy frente al micrófono, logro olvidarme de muchas cosas. A veces se me ha notado un poco el mal genio, no se puede disimular del todo. Pero si eres profesional puedes llegar a dominarte ¡Tienes que dominarte! Si no, en televisión me hubiera echado a llorar algunos días, y no era plan.

¿Ha hecho muchos esfuerzos para no mostrarse tal cual es?

Ha sido un esfuerzo importante. Cuando yo llegué a Madrid y pasé de ser un per- sonaje desconocido a un personaje popular, fue tal la sorpresa y el agobio inicial, que me encerré en un caparazón. Puede que me haya excedido, porque es mucho más bonito y mucho más natural mostrarte tal cual eres. Yo creo que me muestro tal y como soy. Lo que no muestro es lo que tengo dentro cada momento, porque se me ha creado un sentido de la protección bastante grande.

Si apareciera en su vida un banquero guapo y encantador, ¿lo abandonaría todo por él?

Si fuera una loca pasión, ¿por qué no? Lo que pasa es que abandonarlo todo puede tener sus consecuencias. Pero no por ser banquero, sí por sentimientos. Entonces podría cometer muchas locuras y a mí me gustaría pensar que tengo capacidad de amar y de cometer las más grandes locuras por amor.

¿Dónde esconde su morbo?

No lo sé. Mi morbo está en mí misma, en mi forma de ser. Tampoco sé si tengo mucho morbo. En el fondo creo que soy bastante transparente, que se me ve venir.

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