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Esther Páez, campeona del mundo kickboxing

Fecha: 02/02/2009 1:00 José Manuel MUÑOZ

Es de un barrio obrero de Barcelona y madre soltera, pero también fue la primera española en hacerse boxeadora profesional y en abril intentará revalidar el título mundial de kickboxing en Suiza. Odia la injusticia y, al ser testigo de cómo a varias de sus amigas les han puesto la mano encima, se propone ayudar.

Marta JORDI

—A sus 37 años, otra vez puede ser campeona del mundo.

—Sí, la vida me brinda otra oportunidad y con el patrocinio de la firma www.rudeboys, en abril disputaré en Suiza el título de la ISKA (Federación Internacional de Kickboxing). Antes, en marzo, haré una pelea en Lyon de preparación y espero no fallar.

—¿Cuántas veces le han dicho que está loca por hacer esto?

—Muchas, pero estoy muy cuerda. El kickboxing es un deporte de contacto, pero no soy una salvaje. Y soy más femenina que ninguna. ¡Más duro es trabajar en una obra, ir a la compra, llevar una casa o aguantar a según qué hombres!

—¿En el ring no se pone casco protector?

—Las profesionales no lo llevamos. En los combates me dan muchas hostias, pero si estás bien preparada, eres rápida y te concentras, esquivas muchos golpes. Ahora, las patadas que te dan con la tibia hacen mucho daño.

—¿Cuál es su principal virtud?

—Dicen que pego como un hombre. Mi directo de derecha es demoledor, lo mismo que mi juego de piernas. Hago kickboxing desde los 17 años y me ha ayudado a tener este carácter fuerte, luchador, independiente…

—¿Lo empezó a practicar porque alguien le levantó la mano?

—Aunque soy madre soltera de una niña preciosa de 14 años, Valeria, y necesitaba aprender a defenderme, ningún hombre me ha maltratado. Pero vivo en un barrio obrero y he visto cómo a mis amigas les hacían de todo. Hace años, a una de ellas, su pareja le dio una hostia en el oído y fui a defenderla. Quiso darme una paliza, pero le bloqueé con un golpe seco y las dos pudimos salir corriendo. Ahora está de moda lo de la violencia de género, pero yo lucho contra los maltratadores desde los años 90.

—¿Por qué da clases a las mujeres maltratadas?

—Porque odio la injusticia y porque he visto derrumbarse a varias amigas con el rostro lleno de moratones. En septiembre, una vecina, harta de recibir tantos palos de su marido, me pidió que le enseñara a esquivar los golpes y le mostré el camino para derrotar a ese monstruo. Ahora es tan fuerte que nadie le pondrá nunca más la mano encima.

—¿Qué les dice a todas las mujeres de España?

—Que no tienen que aguantar a ningún indeseable en su casa. La vida nos da a todas muchas oportunidades. Por eso me ofrezco, sin ánimo de lucro, a escucharlas y a darles cuatro consejos prácticos para que eviten la primera hostia y puedan huir de esos cobardes que las maltratan.

—¿Y qué deben hacer?

—Un móvil, un bolígrafo o lo que tengan a mano sirve para dar un golpe seco en el pecho, en la nuez o en los genitales de su agresor. Le cortarán la respiración y podrán salir corriendo con sus hijos. Y que sepan que todos los maltratadores son unos cobardes. Cuando los ves en la calle, no tienen ni media hostia. Eso sí, cuando huyan por la escalera, que no griten “socorro”, sino “fuego”. Al escucharlo, los vecinos abrirán al instante la puerta de su casa y se enterarán de lo que les pasa. De lo contrario…

—Ya ha enseñado a defenderse a cuatro mujeres de Barcelona. ¿Qué le dijeron en su primera clase?

—Que sólo estaban tranquilas cuando la bestia de su marido se echaba la siesta y roncaba. Las clases se las di a puerta cerrada en un local que posee mi entrenador. Lo primero que les pedí es que gritaran con toda su alma para soltar adrenalina…

—Y dice que desea ayudar a todas las mujeres de España.

—Sí. Mi correo es esther_paez@hotmail.com y aunque no soy policía ni psicóloga, enseñaré a defenderse a todas las que lo necesiten. Soy una mujer de la calle, he salido de un barrio obrero y aunque no tengo mucho dinero, las que no tengan otro sitio, pueden dormir en mi casa…

—Pero a usted, según dice, no le sobra el dinero…

—No, pero haciendo estas cosas me siento realizada. En 2000, cuando era campeona del mundo, un conductor borracho me atropelló y me dejó tres meses en una silla de ruedas. Si yo, siendo madre soltera y sin tener un euro, me levanté, cualquier mujer puede enfrentarse y vencer a sus maltratadores.

—¿A quién le gustaría contarle sus proyectos?

—A la ministra de Igualdad, Bibiana Aído. No sé si soy un buen ejemplo, pero le diría que para acabar con la violencia de género de una vez por todas es imprescindible que todas las mujeres aprendan a defenderse.

—¿Qué le dice al lector de interviú?

—Que si todas las mujeres tuvieran el coraje, las ganas de vivir y mi gancho de derecha, ningún hombre se atrevería a levantarles la mano.

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