Iván Leal
Fecha: 20/11/2006Ha conquistado cuatro títulos mundiales, pero es un perfecto desconocido. Y como el kárate no es olímpico, no lo consideran. Ni le dan ni una mísera ayuda: “Los karatecas somos deportistas de segunda y no tenemos derecho a nada”.
Paco LLATA
“Si me pongo en pelotas en la puerta del Comité Olímpico Español, es para denunciar que, pese a que gano más medallas que nadie, no me ayudan. No me dan ni un euro. ¿Qué culpa tengo yo de que el kárate no sea olímpico? ¿Acaso no me lo curro y no subo al podio las mismas veces que el resto de los deportistas españoles? ¿No lo hago bien? Entonces, ¿por qué no tengo derecho a nada?”. Iván Leal (Madrid, 1978) está harto y no aguanta más. Su palmarés impresiona –campeón del mundo de kárate en cuatro ocasiones (la última, en Finlandia el pasado 15 de octubre) y siete veces campeón de Europa–, pero está, como el resto de los karatecas, en la calle. Como su deporte no es olímpico, no existe para la Administración ni para los dirigentes deportivos.
“Cuando veo mi currículo, me asusto. Pero no me sirve de nada; no tengo futuro. Si fuera olímpico, mi vida cambiaría y todos me reconocerían. Además, me darían la misma beca que al resto de los campeones del mundo, algo más de 70.000 euros al año. Pero está visto que los karatecas somos deportistas de segunda y no nos merecemos nada”, afirma con amargura Iván Leal al repasar con interviú las becas ADO que este año percibirán todos los deportistas olímpicos con opciones de participar en 2008 en los Juegos de Pekín: “Siento envidia sana de Gervasio Deferr, de David Cal o de los waterpolistas. Ellos han sido oro como yo, pero sólo se preocupan de realizar un buen entrenamiento y están tranquilos. Tienen el futuro resuelto, en cambio yo...”.
Iván hace una pausa. Mira a Noelia, su mujer desde hace tres años, también karateca, y se emociona: “Antes de las 9 de la noche nunca puedo empezar a entrenarme. Mi única obsesión es poder pagar la hipoteca y llegar a fin de mes. Y para eso tengo que trabajar diez horas diarias”.
Tal y como están los karatecas –pese a la escasa subvención que recibe la Federación Española (700.000 euros), nuestro país es una potencia mundial (seis medallas en el último campeonato) en todas las modalidades, masculinas y femeninas–, Iván es un privilegiado. El Ayuntamiento de Tielmes y el de Nuevo Baztán lo han contratado para que dé clases de kárate a los niños del pueblo. Y de eso vive, de su sueldo (nunca supera los 2.000 euros) y de la beca que, siempre que suba al podio (6.000 euros anuales a cobrar la temporada siguiente), le da la Comunidad de Madrid, que preside su amiga Esperanza Aguirre: “Sí, porque el Consejo Superior de Deportes, como nos considera deportistas de segunda, sólo nos da un premio si hay medalla”. Por su último título mundial logrado hace un mes en Tampere (Finlandia), percibirá 3.000 euros: “Pero no me los pagarán hasta el próximo mes de mayo. ¿Y hasta entonces de qué vivo? Bueno, y si me lesiono... Si sin recibir ayudas ganamos tantos títulos mundiales, ¿te imaginas lo que alcanzaría el kárate español si nos hicieran un poco de caso? Lo que hacen con nosotros no me parece justo”.
Cuenta el madrileño que todos los días, tras dar la última clase a los chavales, coge su coche y se hace 14 kilómetros hasta llegar a Arganda, localidad donde le espera Rufino Leal, su padre y maestro, para entrenarse: “A veces llego reventado, pero el kárate es mi vida y esto es lo que hay”.
Iván Leal, además de humilde, es muy espontáneo. Y cuando se embala, no deja títere con cabeza: “Me hace gracia que no me traten como a un deportista olímpico, y sin embargo, en 2001 me entregaron la Real Orden Olímpica. ¿No es una incongruencia? Es alucinante y absurdo que no podamos competir en los Juegos Olímpicos, pero luego, como necesitan nuestras medallas, sí que dejan que acudamos a los Juegos Mediterráneos”. El campeón madrileño –oro en Almería 2005, una de las 12 medallas que ganó la selección española de kárate en esos Juegos Mediterráneos donde interesaba promocionar la candidatura de Madrid 2012– no entiende determinadas decisiones de los políticos. Por eso, aunque sus dirigentes le digan lo contrario, no cree que en los próximos años el kárate sea reconocido como deporte olímpico: “Ojalá me equivoque, porque traspasar esta puerta del COE me cambiaría la vida; pero desgraciadamente sólo nos admitirán en el caso de que Madrid organice los Juegos Olímpicos de 2016. Sólo entonces, como aportamos tantas medallas, seguro que deprisa y corriendo nos reconocen. Es la realidad, no demagogia”.
Contrasta que Iván sea un perfecto desconocido en nuestro país y que, sin embargo, en el extranjero (Turquía, Francia, Japón y en todos los países del Este) reconozcan sus méritos y lo valoren: “Mis rivales, cuando les cuento cómo estoy, se llevan las manos a la cabeza. Y no se lo creen. Normal. Me dicen que con mi historial, si fuera turco, estaría ya forrado y tendría mi vida solucionada”. El campeón español cuenta que a sus contrincantes, además de recibir importantes subvenciones económicas, sus gobiernos les dan una salida, un puesto de trabajo cuando se retiran: “Y a los que no han estudiado los colocan de bomberos, de policías locales... ¡Como debe ser!”. Iván Leal también se que- ja de los escasos medios que recibe la Federación Española de Kárate: “No tenemos un euro. Con un presupuesto tan ridículo no hay dinero para viajes ni para dietas... Al último Mundial fuimos vírgenes de competición, y aun así logramos seis medallas. ¡Imagínate si tuviéramos medios!”. Eso sí, Iván está harto de recibir felicitaciones cada vez que sube al podio: “Pero de telegramas o palmaditas en la espalda yo no como”. Un buen karateca, además preparación física y fuerza mental, debe ser inteligente –“tengo un coco privilegiado”, asegura– para saber pelear. Cada combate dura tres minutos. Y para ser campeón del mundo, Leal debe ganar 15 durante un fin de semana: “Cuando salto al tatami, mirando a los ojos de mi contrincante ya sé si voy a ganar fácil”.
Los técnicos destacan de Iván su inteligencia para hacer en el momento preciso la técnica, lanzar el ataque o neutralizar las cualidades del rival. En décimas de segundo engaña y sorprende al más pintado. Es el mejor. Aunque sabe que existe en otras disciplinas, reitera que en el kárate no hay dopaje: “Al no ser un deporte muy físico, es absurdo doparse. La técnica, por mucho que te metas, nunca la harás más rápida. Además, como no hay dinero y no ganamos un euro, los tramposos pasan de nosotros y nos dejan tranquilos. Ahora, si fuéramos olímpicos y recibiéramos becas...”. El karateca madrileño ha seguido con atención todo el asunto de la operación Puerto y lo tiene claro. Aunque el deportista tiene su parte de culpa, en ocasiones es una mera marioneta de su entorno: “Yo metería caña a todos esos vividores sin escrúpulos que se están forrando a costa de los deportistas. Hay que echarlos a todos”. Leal recalca que todo se lo debe a su padre, Faustino, y al seleccionador nacional José María Martín. El kárate es su vida, pero cuando sus jefes le pongan mala caro o impedimentos, lo tendrá que dejar: “Algunos dirán que este reportaje es una manera absurda de reivindicar mi deporte, pero sueño con ser olímpico y quiero que me traten como al resto de los deportistas”.
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