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Entrevistas / Artículos

Jorge Javier Vázquez

Fecha: 18/01/2010 1:00 Ángel Antonio Herrera

Viene Jorge Javier a nuestra cita emboscado de gafas negras y un bronceado insólito de siete días en el Caribe. Llegó ayer mismo. Es media mañana en el Madrid de los Austrias, mientras prospera un frío que mata mendigos.

Paco Llata

¿Por qué gustas, Jorge Javier?

Joder, me da vergüenza responder a esa pregunta.

Te la cambio. ¿Por qué disgustas?

A veces disgusta, yo creo, la aparente seguridad que doy en un plató. Como si yo tuviera todo muy claro y muy controlado. Y no es así. Disgusta la ausencia de miedo. Pero disgusta en general. Por cierto, el otro día me vi en un vídeo, riendo en mi propio programa, y entendí que a algunas gentes mi risa les parezca insoportable.

Imagino que para conducir ‘Sálvame’ hay que ir mucho al gimnasio.

Hay que llevar una vida sana. Si sales, y trasnochas, y bebes, te encuentras cansado en el trabajo, y es una sensación incómoda. Sueles pensar que puedes dar algo más, y con razón. Es jodido volver a casa después de un programa pensando que podrías haber estado mejor. Este trabajo tiene mucho de improvisación. Mucho. Tú lo sabes bien. No hay un texto maravilloso que defender, como en el teatro. De modo que hay que estar en forma, sí, en muy buena forma física.

¿Por qué hay que ver la tele?

Se me queda ensimismado Jorge Javier. Se queda en silencio, pensando a fondo la respuesta. Va al tajo de la tele como al recreo, y ése es uno de sus mejores méritos, pero fuera de cámara recurre a la pausa de la reflexión y hasta se pone serio, que es algo nada excéntrico o infrecuente en él, antes y después de que fuera el alegre chico malvado del ‘Tomate’. Se aleja aún más Jorge Javier, en meditación de silencio.

Que digo que por qué hay que ver la tele.

Supongo que porque me aburre lo que veo. Veo más informativos que programas de entretenimiento. No soy de ver mucha tele.

¿Y por qué hay que hacer tele?

Yo hago tele porque me lo paso muy bien. A mí me cuesta poco ir a trabajar. Parece un argumento muy de folclórica, pero es la verdad. Me entretiene y me divierte.

¿Tu oficio tiene algo que ver con el periodismo?

Muy poco. Y eso nos libera de muchas cosas. A mí me gusta decir que hago entretenimiento. Yo veo en la tele poco periodismo del corazón. Por cierto, ¿qué opinas tú de esto?

Ha rebautizado lo suyo como ‘neorrealismo televisivo’. El término ‘telebasura’ le parece una acuñación ya obsoleta. Jorge Javier ha impuesto un estilo propio, un vacile personal, un lenguaje de ocurrente que se toma toda juerga en serio. Hizo el ‘Tomate’ y lo mataron a diario. Le han dado el Ondas y se ha montado el cirio. Él sigue a su bola, y hace bien. “¿Qué opinas tú de esto, Herrera?”, dice, con lo que le sale el periodista que fue, y que es, aunque ahora ejerza menos.

Yo opino que alguna vez te habrán querido dar un par de hostias.

A veces he tenido miedo a eso, sí. En la época más dura del ‘Tomate’. El programa impuso su dictadura, y no nos dábamos cuenta. Percibí bastante agresividad. O mucha. Sobre todo en Madrid.

¿Qué te ha dado el Premio Ondas?

¿Puedo sacar mi vena chulesca?

Adelante.

Yo estoy convencido de que voy a disfrutar más el segundo.

¿Hay otro Jorge Javier después de ese premio?

Ahora te contesto en serio. Lo mejor fue el primer día, cuando me dijeron que me habían dado el premio. Lloré. Se me agolparon muchos recuerdos. Luego hubo momentos desagradables. La ceremonia, en el Liceo, en Barcelona, la recuerdo con tensión. Con mucha tensión. Aquello era un polvorín. No se sabía qué podía pasar. Al llegar, todo el mundo me estaba esperando. Y no porque fuera el mejor, sino porque era el más polémico.

¿Te arrepientes del ‘Tomate’?

No. Ni del ‘Tomate’ ni de nada. Yo veo diferencia de trato entre cuando hacía el ‘Tomate’ y ahora, cuando hago ‘Sálvame’. Victoria Abril le dijo a Jesús Quintero que ella estaba acostumbrada a que la maltrataran. Cuando le decían te quiero, se quedaba descolocada. Yo ahora vivo descolocado por el cariño que recibo. No estoy acostumbrado. Me supera.

Lo que yo he visto siempre en ti es un entusiasmo de actor.

Claro. Yo quería ser actor. O aún mejor: yo quería ser ‘showman’.

Eso ya lo eres. ¿Aceptas que lo tuyo son las variedades?

Pues sí, fíjate. Yo siempre dije que quería hacer un programa largo, y con máquina de humo, y con mucho cambio de ropa. Más o menos, lo que hago ahora. Y cantar. Canto fatal, pero lo hago. Yo lo que quiero, en el fondo, es ser cantante, y hacer giras… y llevar bailarines.

Y alguna bailarina.

No, no. Eso para los coros, en todo caso. Mi espectáculo, con bailarines. Por eso me gusta tanto Paloma San Basilio. Ha hecho siempre lo que yo he querido hacer: tener mucha voz, mucho público, mucho foco. Pues eso. Y luego, muy de vez en cuando contar algo. Es más o menos lo que ahora hago.

¿Me das algún ejemplo a no seguir?

Pues no. En otro momento de mi vida te hubiera citado a quince colegas o compañeros. Por lo menos. Ahora no. A mí a veces me han puesto como ejemplo a no seguir, y yo lo escucho, y digo, joder, que me dejen en paz. De la misma manera, creo que si yo doy nombres, pueden responder lo mismo: que me deje este tío en paz. Me ahorro citarles y les ahorro el cabreo.

¿Te constan tus enemigos?

Sí, claro.

Sin enemigos, ¿somos alguien?

Eso no lo sé. Pero a mí me produce una diversión perversa el encabronar a cierta gente. Y además, no puedes gustar a gente que te parece repulsiva. Hay gente que te pone a parir, pero al ver la firma, sientes un alivio. Y hasta dices: “Hostia, pues qué bien”.

En una cena, me dijo Lita Trujillo: “Ser famoso en España es dejarse insultar”. ¿Qué te parece?

Ser famoso y salir en televisión es un binomio que empuja mucho a que te conviertan en un muñeco de pimpampum. La televisión, entre los propios compañeros, está considerada un género menor. Y no es de ahora.

¿Y tú estás de acuerdo?

Yo veo muy complicado hacer buena televisión. Como hacer buena radio, o buena prensa escrita. Lo que sí hay es mucho desconocimiento del medio. Pero mucho. Es verdad el tópico de cuánto trabajo cuesta hacer un minuto de televisión. De todos modos, estas cosas me cabreaban antes. Ahora ya no.

¿Hay famosos que son de tu familia?

Pues no. A propósito de eso, pensaba hoy en María del Monte, que tiende a considerarse de la familia. Ella hace depositaria a ciertos periodistas de ciertos aspectos de su vida privada. O sea, que de algún modo te hace de la familia, de los secretos de familia. Es una actitud inteligente. Así, como comprenderás, no puedes traicionarla nunca. Yo no puedo esgrimir ni hoy ni nunca sus confidencias en una entrevista, cuando la tenga delante. Jamás.

Porque tú tienes ética, ¿no?

Se ríe con estruendo, como si fuera el mejor imitador de Jorge Javier Vázquez, que lo es. En ello va, quizá, su respuesta sin respuesta. Tiene mucha vocación de felicidad, en el trabajo y fuera del trabajo, y tiene un afán vivo de no perder los pies en el suelo del barrio, de donde viene:

En Badalona, desde pequeño, he convivido con el fantasma del paro. Mi padre, que era un persona insegura, fundamentalmente, trabajaba en una fábrica y siempre estaba con el temor de que la cerraran. Es muy jodido pasar la vida bajo esa nube negra. Cuando la crisis de los ochenta, yo veía a muchos señores de mi barrio cuyo único trabajo era limpiar el coche. Eso me acojonaba. Ahora no tengo inseguridad económica, con lo que tengo libertad. Eso cura de muchas inseguridades, de muchos miedos.

¿Ya te mereces una calle en Chueca?

Ya soy poco de Chueca. Quizá porque se me ha pasado la edad. Me veo mayor en ese barrio. Yo viví Chueca hace años, y era una explosión de libertad. Era cuando salías, de noche, a ver qué te iba a suceder. Ahora, lo que sucede seguro es que te dan garrafón y al día siguiente lo ves todo negro.

Te has vuelto asquerosamente hogareño.

Quién me ha visto y quién me ve.

¿Por qué los gais se empeñan en casarse?

No es mi caso. No me gusta la idea del matrimonio gay porque no me gusta la idea del matrimonio, en general. El matrimonio es como una concesión a la heterosexualidad. Yo creo que, en el fondo, la gente, homosexual o no, se casa por tener beneficios fiscales. Esto, casi, lo entiendo más. El matrimonio como empresa. Pero yo soy profundamente contradictorio, ¿eh?

¿Cuántas veces te han llamado maricón, por ofender?

Muchas veces. Y muchas veces en la calle.

¿Y tú has utilizado la palabra ‘maricón’ como insulto?

No. Yo suelo utilizar ‘hijo de puta’. Y eso de “es muy mala persona’. Me encanta.

Tiene Jorge Javier naturalidad para la travesura. Ha llevado su recreo interior a la tele, y eso ha hecho estilo, le guste o no le guste a algunos. No creo arriesgar mucho si escribo que anda en la época más feliz de su vida. Escucha a Serrat, a Sabina, lee versos, y lleva una ‘Gioconda’ en la pantalla del móvil. Para las fotos, posa con el maquillaje de su bronceado del Caribe, aunque sospecho que preferiría el maquillaje propiamente dicho. Es un vocacional del contento y un vocacional de plató. De escenario. Raro cóctel. Se va, y de lejos es y no es Jorge Javier Vázquez, el de la tele.

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