José Félix Tezanos, Catedrático de sociología y director de la Fundación Sistema
Fecha: 29/06/2009Dirige uno de los ‘think tanks’ más importantes de la izquierda española. Este sociólogo, uno de los observadores mejor situados de la crisis, o tropezón, de la socialdemocracia, ve peligros en el horizonte.
¿Qué impresión ha sacado de las elecciones europeas?
La impresión de un cierto fracaso general. Sería un error no tomarse en serio estos niveles de abstención.
... que castigan a la izquierda.
Sí, parte de los abstencionistas son votantes de la derecha, pero hay más en la izquierda. La socialdemocracia debe pensar por qué en América hay un vuelco a la izquierda y no en Europa. Es cuestión de ilusión.
¿Ilusión?
Sí. El ‘we can’ de Obama es una expresión de ilusión, confianza. La izquierda debe esforzarse en presentar proyectos ilusionantes y en positivo. Sería un error no tener en cuenta la señal de alarma que representa este resultado. El resultado no ha sido bueno; hay que analizar los porqués. Si no, se corre el riesgo de que una fiebre pasajera se complique y pase a enfermedad.
¿Percibe hastío en la gente?
Es que al ciudadano se le sustrae el debate sobre las cosas concretas. Pasó en el debate sobre el estado de la nación. Muchos querían ver un debate concreto, sobre ayudas para la vivienda, salidas de la crisis, pero el esencialismo de los grandes partidos taponó esas cuestiones. Y la situación económica del país pide grandes acuerdos; la opinión pública lo demanda. Dos factores del éxito de Obama: en campaña habló de grandes acuerdos y de que se puede innovar. Su mensaje era: no nos resignamos a que la economía va a ir mal. No rendirse sintoniza con la opinión pública.
¿De verdad cree posible un gran acuerdo entre PP y PSOE?
Es necesario. Aquí hace falta el concurso de todos. Y no se está siendo consciente de que crece la conflictividad social. Los informativos hablan de trabajadores que se manifiestan... Claro: ¿cómo va a asumir la gente los despidos masivos?
¿Cómo ha pillado esta crisis a la izquierda en España?
La izquierda queda mal a partir de los 70, cuando una parte de la izquierda asume parte del discurso neoliberal. Ahí la izquierda europea se rinde. Mitterrand fue el último intento, y después llegó una rendición, recortes con los que unos años ha habido crecimiento, pero tras ese crecimiento hay una precarización enorme de los trabajadores. Y un trabajador precarizado no es sustento sólido para un sistema económico, no puede comprar una casa, muebles... Costará años remediar el coste social de este modelo de crecimiento. Y no se podrá sin conciencia social. Un problema para ese gran pacto social es que tenemos una derecha desideologizada, vinculada a ciertos intereses, no como la vieja democracia cristiana, que tenía una conciencia social.
¿Y si no se remedia?
La sensación de desesperación de las personas que no tienen apoyo detrás es malísima: en los años 30 engendró monstruos políticos, el fascismo y el estalinismo. En estos tiempos hay que evitar que los demagogos populistas tengan caldo de cultivo. Es el momento de la sensatez. Hace falta el acuerdo de los sensatos, y no el choque de trenes de los insensatos.
También es la hora de ustedes, los sabios, los laboratorios de ideas de cada partido.
Ojalá lo fuera.
¿No está ocurriendo aún?
No todavía. Y eso que el modelo neocon fue producto de ‘think tanks’ muy poderosos. Hasta en el caso de Obama, que es la referencia hoy, no hay una articulación suficiente detrás. Aparte de la buena voluntad y el mantra del ‘sí podemos’, hay que mostrar eficacia, pensar cómo se financia y organiza un programa.
¿En el PSOE no están cobrando relevancia las oficinas de pensamiento, no se vuelve la mirada a quienes piensan en el partido?
Sin duda… pero hay que pasar del terreno de los libros al de las políticas aplicadas. En el PSOE hay un ejemplo reciente notable: el famoso Programa 2000, un esfuerzo de muchísimas personas, pionero en el mundo. La aplicación de ese programa no se produjo, y la gente que estuvimos trabajando en eso fuimos apartados de los centros de responsabilidad del PSOE, cuando quizá no había la necesidad.
¿Por qué las encuestas siguen sin sonreír al PSOE?
Las encuestas pueden variar cada semana. En España siguen lo que yo llamo ‘efecto balancín’: un partido sube y baja generalmente por fallos del contrario. Son subidas y bajadas de ciclo corto. El electorado del PSOE y del PP está bastante equilibrado, y lo que da lugar a esas oscilaciones es que una parte de ese electorado da un paso atrás, adopta una posición crítica. Entonces, el otro partido sube automáticamente.
¿Eso le pasa al elector del PSOE?
Los efectos de la crisis se hacen notar. Esta bajada del consumo... En esta crisis son importantes las dimensiones psicológicas, la falta de confianza. Aquí no hay menos dinero ahora que hace un año, pero circula más lento porque la gente está recelosa. Eso siempre desgasta más al partido que gobierna.
Voces de la izquierda y de la derecha dicen que, en esta crisis, debería aparcarse la discusión sobre la financiación autonómica.
Si no aparcarse, sí modularse. Eso no está entre las prioridades de los ciudadanos, que son el paro y la crisis. Si se es capaz de integrar el debate de la financiación autonómica en el marco de la recuperación económica, la gente lo entenderá; si no, verá a los políticos alejados de los problemas inmediatos.
El Constitucional fallará pronto sobre el Estatut. ¿Alguna apuesta?
Casi todo el mundo sostiene ahora que será una sentencia interpretativa. Creo que si tenemos una Constitución fruto del consenso y con voluntad de ser duradera, debe respetarse. Son las reglas del juego. Y si alguien se sale del reglamento, pues…
Pero el Estatut nació en un parlamento, el catalán, y fue refrendado después en el Congreso.
En el mundo actual, globalizado, ningún parlamento, ningún ayuntamiento, ningún concejo es totalmente soberano. Las soberanías absolutas son hoy una entelequia.
¿Cataluña y Andalucía pueden dejar de ser los grandes graneros de voto del socialismo español?
Creo que no. Puede haber desgaste –el tiempo y las crisis no pasan en balde–, pero una parte de esos graneros está asegurada por razones sociológicas, históricas, familiares... Pero la mutabilidad de estas cosas es enorme. ¿Quién nos iba a decir hace nada que EE UU iba a tener de presidente al hijo de un keniano que fue de niño a una escuela musulmana y que se llama Huseín?
Cuando acabe la crisis, ¿qué será España? ¿Otra vez el paraíso del ladrillo? ¿Un país de mileuristas?
No creo que la culpa de todo la tenga la construcción; la gente necesita vivienda. El problema no es el ladrillo, sino el suelo. Seamos positivos. La crisis nos enseñará a saber dónde están los problemas y a resolverlos. Quizá cuando pase seremos punteros en energías renovables, por ejemplo.
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