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“A veces me veo como un impostor”

Kiko Veneno

Fecha: 09/09/2010 • Javier Menéndez Flores • Fotos: Paco Llata
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Después de cinco años de provechoso silencio, el catalán más andaluz del mundo vuelve al lío con ‘Dice la gente’, un disco delicioso, meditadísimo, sincero. Tan sincero como él se muestra en esta entrevista a corazón abierto.

Kiko Veneno Kiko Veneno

Dice que si ahora fuera joven no se dedicaría a la música por la falta de estímulos. ¿Es nostalgia, denuncia o es que desde que tiene todo el pelo blanco no puede evitar llamar a las cosas por su nombre?
Ahí puede haber un poco de todo. Lo que quise decir es que si ahora fuera joven y tuviera una propuesta musical tan rompedora como la que tenía en 1977 [con el grupo Veneno], no creo que tuviera respuesta ninguna. Y eso que entonces no tuve mucha. En cada época la sociedad destila lo que destila, y ahora toca esto. Hay que tener en cuenta que nosotros veníamos de la Segunda Guerra Mundial, de 40 años con Franco, y que estaba todo por hacer. Por eso, no podías fallar. Con cualquier cosa que hicieras, acertabas.

Dice también que la inminencia de un suceso importante es más paladeable que su materialización, caso de la democracia. Eso es como lo de que el proyecto de un viaje es más emocionante que el viaje en sí. ¿En qué punto del viaje está?
Con respecto a mi música, creo que estoy en un momento de bastante madurez. Aunque mi vida personal y la música van juntas, son indisociables. La conciencia te hace ver tus limitaciones, los fallos que has cometido, las carencias. En general, me veo bastante egoísta. Pienso que a lo mejor no me he entregado lo suficiente a las cosas que me han rodeado. Quizá he venido de un sistema defensivo, de recelos, de temor... Veo que hay cosas en las que me gustaría cambiar la actitud. Hago sufrir muchísimo a la gente que me quiere porque flipo demasiado y no hay ese equilibrio.

¿Qué quiere decir con que flipa demasiado?
Sí, que me voy demasiado a la parte artística de mi vida.

Y descuida la personal.
Sí. Pienso que la gente me va a querer por mis canciones, y no. Ese planteamiento es muy hijo de puta por mi parte. La canción es muy bonita y cumple su función, pero a la gente la tengo que querer a otro nivel.

Luego, salvando distancias, ha sido como Julio Iglesias.
Bueno, quizá no he tenido la lucidez o la valentía de poner mi vida personal a la altura de la profesional, y que me diera esa felicidad y esa claridad que veo en la música. Me duele no haber tratado con la justicia que debiera a la gente que me quiere, que no solo quiere canciones, sino abrazos de verdad.

¿Se ha dado mucho a la contención, se ha frenado?
He sido siempre muy nervioso, y pocas veces he dominado mi frenesí. Fumas y bebes para no tener que dar cuenta de esas cosas que sabes que eres capaz de hacer, y para amortiguarte, que es realmente el sentido de tomar drogas en nuestra sociedad. Llevo tres semanas sin fumar y sin beber. Estoy contento de poder enfrentar sensaciones nuevas a estas alturas, pero me veo mezquino por no haberme dado cuenta antes.

¿Cuando habla de drogas se limita al tabaco y al alcohol o va más allá?
No... Sobre todo la marihuana, que es la droga blanda que más he utilizado. Y el alcohol. Son las que he usado para atemperarme. No para sentirme mejor, sino para no sentirme peor. Tengo la sensación de que he utilizado esas cosas para conformarme con hacer menos discos y proyectos. Y no es que el mundo se haya perdido nada, pero yo quizá sí.

Al ser tan nervioso, la cocaína le produciría rechazo.
La cocaína me produce un enorme rechazo. En España, en los sesenta y los setenta había un sonido muy bonito. Estábamos aprendiendo sin maestros, con intuición, de los sonidos ingleses y americanos, y de pronto, en los ochenta, entran las multinacionales y entra la cocaína. He visto crecer paralelamente el consumo de coca en la música con la vaciedad y los sonidos comprimidos y supercomerciales, sin alma. Ni siquiera es una droga. Es una vitamina para trabajar cuando no tienes fuerzas. Y en el campo de la sensibilidad, que afecta al arte y a las emociones, no aporta nada.

¿A sus músicos les exige el doscientos por cien?
No, les exijo lo que pueden dar. Nunca le pediría a un músico lo que no me puede dar. Cuando empecé con Veneno, que ha sido una de las mayores apuestas de mi vida, a Raimundo y Rafael Amador, chavales de 17 o 18 años, gitanos, les saqué lo mejor, lo que no ha tenido cojones de sacarles nadie en este país. Pero vamos, ni acercarse.

¿Camarón fue Dios en lo suyo?
Dios, hijo de Dios y mártir. Dios porque era lo máximo. Hijo de Dios porque bajó a la Tierra. Y mártir porque murió por nosotros. Aceptó una carga de yonqui martirizado que no le pertenecía.

¿Se siente a veces como un impostor que está representando un papel?
Es lo que se siente a veces, sí.

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