La entrevista que Eufemiano Fuentes quiso boicotear
Fecha: 21/01/2008Desde su actual lugar de residencia, Gran Canaria, Eufemiano Fuentes se presenta como una víctima del mayor escándalo del dopaje. Justifi ca su trabajo e insiste en que estas prácticas no deben ser llevadas a cabo por cualquiera. Incluso se llega a comparar con Galileo Galilei...
La revista alemana Stern acaba de publicar una entrevista en exclusiva con el médico canario Eufemiano Fuentes. Por primera vez se dejó fotografiar junto a su mujer, la ex atleta sancionada por dopaje Cristina Pérez. Interviú se ha hecho con los derechos de publicación en España de dicho reportaje, a pesar de las presiones que el doctor Fuentes ha ejercido para evitar que se publicara en un medio español. Su boicot ha funcionado a medias. La entrevista se publica, pero sin las imágenes más personales junto a su mujer y en su nuevo puesto de trabajo en un centro de salud de Las Palmas de Gran Canaria.
Fuentes es el principal implicado en la mayor red de dopaje para deportistas de alto nivel descubierta en Europa, desmantelada por la Guardia Civil en la operación Puerto. A su consulta acudían para extraerse sangre, que luego era tratada y depurada para volver a reinyectarse (lo que aumenta la capacidad de esfuerzo y está prohibido en competiciones deportivas), más de cincuenta ciclistas, según el sumario del caso. Entre ellos, según confirmaron las pruebas de ADN, la estrella alemana Jan Ullrich (sancionado y re- tirado) y la italiana Ivan Basso (sancionado). Algunos de sus clientes españoles, según el sumario publicado en interviú, se han retirado, como Roberto Heras y Joseba Beloki. Otros, como Francisco Mancebo, han buscado refugio en equipos ciclistas portugueses que no corren las grandes vueltas. La amenaza de una sanción pende ahora desde Italia sobre la mayor estrella española, Alejandro Valverde, nunca señalado por la Guardia Civil pero sospechoso de ser el ciclista oculto en la lista de clientes de Fuentes bajo el sobrenombre de Val o de Piti.
La semana pasada el diario francés Le Monde fue condenado a pagar 300.000 euros al FC Barcelona. Uno de sus periodistas publicó, después de reunirse con Fuentes, que entre los clientes del doctor se encontraban futbolistas de grandes clubes como el FC Barcelona, el Real Madrid, el Valencia y el Betis.
También la semana pasada la policía austriaca descubrió en Viena un laboratorio clandestino para deportistas de alto nivel que utilizaban los mismos sistemas sanguíneos que Fuentes. La cadena alemana ARD aseguró que entre sus clientes estaban los ciclistas Denis Menchov, ganador de la Vuelta a España, y Michael Rasmussen, entre otros.
“En el deporte de competición la salud de los atletas es secundaria”
El doctor Eufemiano Fuentes, de 52 años, dice que le gustaría comenzar de nuevo. Parece más delgado en comparación con las fotos que se mostraron de él durante la operación Puerto. Sus ojos verde claro se esconden tras unas gafas de sol. Ha perdido diez kilos, la chaqueta azul que lleva aún le queda grande. “He estado muy abajo – dice Fuentes–, tuve una gran depresión. Pero mi psicoterapeuta dice que con el tiempo las vivencias traumáticas se olvidan”.
Fuentes se deja fotografiar sin gafas. El mundo lo ve como el fantasma del dopaje, como un diabólico manipulador de sangre. Por eso quiere mostrarse, hablar sobre el deporte desde su punto de vista.
A la hora de hacerse la foto Fuentes no sabe cómo ponerse, no sabe dónde mirar. Hasta que llega su mujer, Cristina Pérez, a la que rodea con su brazo, no se relaja. La campeona de atletismo no se separará en toda la tarde de su lado. Lo que cuenta su marido no siempre le interesa, pero, aun así, no lo deja solo.
La entrevista tienen lugar en un piso 11, en un cuarto de conferencias en un hotel de la costa. “Nombres no puedo dar”, di ce Fuentes, mientras el océano Atlántico se dibuja a sus espaldas. Aún tiene un proceso abierto. Aunque la investigación comenzó en marzo de 2006, el caso está archivado en España, pendiente de un recurso ante la Audiencia Provincial de Madrid, que será la que decida si se reabre o no.
El negocio del médico se vio interrumpido el 23 de mayo de 2006, cuando la policía interceptó varias bolsas de sangre y documentos con nombres utilizados como tapadera en su laboratorio madrileño. Tras la puerta de madera de su apartamento de la calle Alonso Cano, 53, los investigadores encontraron 89 bolsas de plasma. Un descubrimiento más: EPO. El milagro de los atletas.
La Guardia Civil llevaba meses escuchando sus conversaciones telefónicas, grabaron en secreto a deportistas de élite europeos y comprobaron cómo aparecían discretamente para que les sacasen sangre. Cuatro litros y medio de esa sangre pertenecían al ciclista alemán Jan Ullrich y podría habérsela administrado antes de las carreras. Una práctica prohibida, aunque no demostrada.
Muchos consideran a Fuentes un estafador. Pero el que esta noche se sienta frente a nosotros no se siente un criminal, sino un hombre criminalizado.
“Aquí se disparó a los gorriones con cañones”, dice su abogado, Julián Pérez Templado, que sigue atentamente todas las palabras de su demandado. Pero Fuentes quiere liberarse y contar lo que realmente ocurrió aquel martes de primavera. “La armada estadounidense no caza a los ladrones de carteras –dice–. Cuando me detuvieron, ni siquiera me dejaron llamar a mi mujer. ¡Me quitaron hasta el anillo de casado! Hasta la ropa limpia para cambiarme se llevaron. Estaba encerrado, en una celda sin ventanas, no sabía qué hora era”. Cuatro días después lo dejaron libre bajo una fianza de 120.000 euros.
Culpable no se siente de ninguna manera. “El cuerpo de un ciclista –añade– no está hecho para aguantar una continua carga durante tres semanas”. Por eso, su trabajo, según dice, era ayudar a los deportistas a soportar esos esfuerzos sobrehumanos. Este importante trabajo no debía llevarlo a cabo ningún chapucero: “En el dopaje se mete a todo el mundo en el mismo saco. La prescripción de una sustancia por alguien que lo desconoce es otra cosa”. Cree que su actuación es éticamente justificable, a diferencia de las actuaciones de las federaciones y de los organizadores: “El deporte de competición es un circo en el que la salud de los atletas es secundaria”. Cuando Fuentes habla de sus pacientes, suena incluso cariñoso: “El ciclista es el deportista que más sufre. Durante las carreras el médico convive durante semanas con él. Es una persona manipulable. Tiene un carácter que se puede dominar antes de que él mismo lo domine”. Fuentes tiene muy claro quién manipula al deportista: los entrenadores y los patrocinadores, que les fuerzan a alcanzar mayores rendimientos. El llamado dopaje es, para él, “medicina terapéutica”. No dice que un corredor pone en peligro su salud por inyectarse sangre preparada, EPO, hormonas o insulina.
Eufemiano Fuentes se pone a hablar de su familia. Sus codos descansan sobre la mesa. Las manos dibujan sus frases. Le envuelve el aura de un médico experto.
La familia de Eufemiano Fuentes lleva generaciones viviendo en Gran Canaria. Sus antepasados crearon un imperio tabacalero, que heredaron su padre, Pedro Fuentes, y el hermano de éste. El clan reside hasta estos días a las afueras de un pueblo en un verde y extenso valle, un pequeño paraíso entre cultivos de verdura y pastos de cabras, a tan sólo 20 minutos de Las Palmas.
Es una familia rica, que tuvo que descubrir que no era invulnerable. En 1976, fue secuestrado el tío de Fuentes, que también se llamaba Eufemiano, por alguien que irrumpió en su dormitorio a las cinco de la madrugada y pidió un rescate de 900.000 dólares. Pero sus familiares no lo pagaron. Meses más tarde, el cuerpo fue hallado decapitado, sin brazos y sin piernas, en un pozo cercano. [Por este crimen fue enjuiciado y condenado un delincuente habitual llamado Ángel Cabrera, alias El Rubio, ya fallecido.]
El día del secuestro de su tío, Fuentes estaba en la Universidad de Navarra, haciendo un examen de Ginecología. Pero Fuentes no habla de los recuerdos. Sus pensamientos vuelven a sus rendimientos académicos: “He sido siempre un buen médico. Esto se lo puedo demostrar”. De su chaqueta negra saca una carpeta transparente en la que empieza a pasar hojas: notas, títulos, incluso diplomas de idiomas. La nota media: sobresaliente. Y el certificado que acredita a Fuentes como médico deportivo. Finalmente, muestra el doctorado del año 2003 sobre la capacidad de regeneración muscular en atletas de alta competición. Nota: sobresaliente cum laude. “Qué empollón, ¿no?”, dice su mujer sonriendo. Pero su marido no se ríe.
La ambición de Eufemiano Fuentes fue mayor que la de muchos de sus paisanos que decidieron continuar su vida en la isla. Con 29 años, en 1984, ya atendía el equipo olímpico español en Los Ángeles. Más tarde, el equipo de atletismo le envió a un viaje para seguir formándose. “Tenía que ser mejor”, comenta Fuentes. Era la época en la que Europa Oriental dopaba sistemáticamente a sus deportistas. Coincidió con médicos, entrenadores y deportistas, en Polonia y Praga, Halle y Leipzig, pero también, y eso es importante para él, en la escuela superior de deporte de Colonia, en Francia e Italia. Pronto empezó a conocer el tema.
Pero no tardó mucho en desconfiar. En 1988, su prometida, Cristina Pérez, obtuvo el récord español en 400 metros vallas en Seúl. Unas semanas después, tras una prueba, dio positivo en anabolizantes, a pesar de que la prueba no se dio por válida. La atleta amenazaba con retirarse. “Desde hace años soportamos todo tipo de calumnias”, añade Fuentes mientras anuncia que comenzará una vida en Las Palmas lejos del deporte.
Fuentes ha ganado muchos millones de euros al año. Además de sus honorarios, ingresaba premios. Los éxitos de sus clientes en el Giro de Italia o los de la Vuelta Ciclista de España le aportaban entre 10.000 y 30.000 euros extra. Pero el doctor nunca ha sido presumido, dicen sus corredores, ni aunque condujera un Porsche.
En su nuevo empleo, Fuentes cobra 2.500 euros al mes. Trabaja como médico de familia un centro de salud. “Medicina de nivel básico”, lo denomina Fuentes. Cuando nos enseña su despacho, hay escasas 20 personas en la sala de espera. Su mesa está entre dos puertas y frente a una ventana enrejada del sótano. Sus consultas comienzan a las 12, y a las siete de la tarde ya ha atendido a 60, 70 pacientes. No hay suficientes médicos que quieran desempeñar este trabajo. Fuentes dice que aquí se siente necesitado. Lo que en estos momentos seguramente es algo no poco importante para él.
Si nos fiamos de los rumores, tras su liberación Fuentes volvió a retomar sus negocios. Lo que realmente hizo es difícil de imaginar. Nos habla sobre una proposición que, según dice, le habría hecho el Fútbol Club Barcelona en 1996. “Querían incluso ponerme una casa en la playa”, añade. Sin embargo, no se decidió ni por el dinero ni por el glamur. “A mi mujer no le gusta ningún lugar donde pueda hacer frío –dice el médico–, y yo quería mantener mi trabajo en un lado y mi familia en otro”.
Trabajo y familia, dos mundos conscientemente separados: la operación Puerto ha enfrentado estos dos mundos. Algunos meses después de la redada policial, su hijo mayor viajó a Bad Sachsa im Harz (Baja Sajonia), donde vive el médico Markus Choina, con el que Fuentes trabajó durante un tiempo. Una mañana su hijo adolescente de 14 años contaba que unos policías se habían presentado en la casa. Cuando su padre habla de este momento, se inclina lentamente hacia delante y pregunta bajito: “A la policía alemana ya no se la llama Gestapo, ¿no?”. Vuelve a su sitio y continúa: “Le quitaron a mi hijo, que estaba de invitado en esa casa, su agenda con todos los teléfonos de sus compañeros de colegio. Hasta hoy. Aún no se la han devuelto”. ¿No podía entender Fuentes que el único responsable era él? Sólo está enfadado con los demás. En algún caso se puede incluso entender.
A su cliente Jörg Jaksche [ciclista alemán del equipo español Liberty Seguros que ha confesado que se dopaba], le contó por aquel entonces la situación que vivía su hija de tres años. La niña padecía cáncer de ojos, y Fuentes buscaba consejo en el ciclista, cuyo padre era oculista. Cuando Jaksche confesó su dopaje, reveló también esta historia. “Es verdad que quería ayudar, pero nunca conoció el verdadero problema –dice Fuentes–. “Y yo me pregunto: ¿recibió dinero a cambio de decorar su historia con esto?”.
En verano de ese año falleció Pedro Fuentes, su padre. “Mi padre tenía casi 92 años. Gozaba de una salud espléndida. No tenía problemas de corazón, ningún tipo de cáncer, nada. Pero después de que pasara todo esto, se refugió en su casa, sin hablar”. Fuentes repite sus propias palabras. “Sin hablar”. Su padre siempre estuvo enormemente “orgulloso” del mayor de sus seis hijos. Nadie de la familia había estudiado nunca antes, Eufe fue el primero. Más tarde, su hermana Yolanda también fue a la universidad. Y también se convirtió en médico deportivo, y en cómplice de su hermano mayor. Por la noche, tras las etapas, así lo cuentan los ciclistas, ella les subía el dopaje a las habitaciones. Lo último que Pedro Fuentes supo de la carrera de su hijo mayor fue este fracaso. Su padre, así lo ve su hijo, se murió de pena. Eufemiano rescata el pasado siempre que puede. A veces, incluso se recrea. “Me hacen propuestas, muy buenas –cuenta–. Vienen de clubes y federaciones”. Ya entrada la noche, el doctor se despide en el garaje del hotel. Casi durante cuatro horas ha luchado por hacerse oír. Por _ n, regresa de nuevo a las montañas, a sabiendas de que el escándalo del dopaje lleva su nombre y que además esto no termina aquí. El mundo algún día averiguará que él fue el salvador de los atletas. El doctor Eufemiano Fuentes, católico, tres niños, desde hace 18 años casado, residente en Las Palmas, procesado en Madrid y sin grandes remordimientos de conciencia ni de culpabilidad, se compara con un cientí- _ co que en su día fue encerrado y juzgado por sus descubrimientos: Galileo Galilei. “Igual dentro de 20 años me dan el Premio Nobel, quizá me construyan un monumento conmemorativo –dice Fuentes–. Igual también me matan”.



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