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Cambió el París del arte, la fotografía y la publicidad por el Madrid castizo y flamenco. “Mientras siga bailando, seré feliz”

Lili Leukmoli: “El miedo te vuelve impotente”

Fecha: 20/11/2017 • Elena García Quevedo. Fotos: Cristina del Barco
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Brillaba en un París bohemio y se refugió en un Madrid inquieto y castizo. Lili Leukmoli es una bailaora existencialista y libre, una artista diferente que no cree en las banderas. Cuando baila saca la misma rabia que cuando estaba en una banda punk. Ha roto sus grilletes.  | Sigue leyendo.

Francesa de ascendencia judía y católica, flamenca y artista, alumna de la escuela Amor de Dios de Madrid y ciudadana del mundo por elección propia. “No creo en banderas”, dice. Melange de mil culturas. Sobre el tablao saca la misma rabia visceral que la hizo brillar en la escena punk de su ciudad natal, Toulouse, como  cantante en varias bandas o como parte de la coral Les Motivés, iniciado por el grupo Zebda. Ahora, esa rabia se transforma en belleza. Lili Leukmoli, bailaora, artista y profesora de francés, tiene 33 años y proviene de familia humilde con el arte y la música en las venas. En su juventud exploró todos los caminos –la religión, la política, la lucha social, la filosofía– y llegó más allá de los límites, hasta saberse anarquista, existencialista y libre. Estudió Historia del Arte. Llegó a París para estudiar y trabajó entre lo más cool de la publicidad y fotografía. Centró su obra fotográfica y plástica en el estudio del cuerpo y el movimiento. “Me interesa el desnudo como símbolo del individuo frente a la sociedad, la piel y sus capas”. Brilló. Pero la memoria de Lili Leukmoli está marcada por el mito de Sísifo escrita por Camus que leyó de joven. Símbolo del absurdo existencial, trata sobre un hombre condenado a empujar cada día la misma piedra hasta lo más alto de una colina para dejarla caer.  Lili se reconoció en Sísifo y descubrió el sinsentido de su propia existencia. “Esa vida no era para mí. París es muy bonito pero yo no estaba bien allí”. Para entonces comenzó a bailar flamenco en la escuela parisina La Rosa con José Maya. Decidió dejarlo todo e ir en busca de sus sueños. Ahora se gana la vida como bailaora y profesora de francés. Estamos en el corazón del Madrid castizo, junto a un olivo centenario. “Pienso en mi vida como en un árbol con sus raíces, todas las vidas de mi juventud, todos los ambientes; toda la gente a la cual conocí son como raíces y me han traído hasta donde estoy ahora”. Lili es muy casera, ama los ritos cotidianos y los detalles.

¿Cómo le cambió la vida el flamenco?

El flamenco me abrió una puerta muy grande para conectar con cosas muy profundas que tengo en mí, es la puerta. Mi curiosidad es insaciable. El flamenco es infinito. No basta una vida para aprender. Gracias al flamenco conecté con el cuerpo con el cual necesitaba reconciliarme y nací de nuevo; algo en mí pudo vivir y empezar. Me ha permitido conectar con una historia familiar convulsa. He salido a mi padre sefardí y a su vez tenemos muchas raíces. He conectado con una herencia muy fuerte. El flamenco me permite ser quien soy, no intentar bailar como otra persona; yo tengo mi forma.

¿Y cómo se siente siendo fruto de tantas culturas?

Estoy orgullosa de ser como soy, diferente y a la vez como todo el mundo. Me siento muy francesa porque es el país que me dio la educación y me ha hecho así, pero tengo mis rasgos diferentes. El flamenco me ha ayudado a aceptar que soy diferente,  y que cada persona tiene algo que contar en la vida. El flamenco es el motivo que me hace levantarme con ganas cada día.

¿Qué tiene que contar?

Tengo mucha rabia pero deseo ser una persona cada día más equilibrada, tanto emocional como artísticamente. La rabia de mi juventud en el mundo punk es la misma que me sale en el flamenco, la misma emoción destroyet de las tripas. Pero ahora puede volverse algo muy bonito. Antes, en el punk, era destructiva en la estética y ahora esa rabia es constructiva. 

Nacer de nuevo, explíquese.

Es una implosión, como un volcán. Puede estar dormido y es violento cuando sale. Es el fuego, el humo. 

¿Cómo se cuida ahora?

Durmiendo, comiendo bien, rodeándome de personas que me cuidan, animan, respetan y quieren. Me gusta gustarme, soy muy coqueta, una mujer debe empezar por gustarse a sí misma. Si brillas es porque te gustas. Pero hay que dedicarse tiempo. Es importante poner amor en lo que se hace.

¿Cuál es la fórmula para cambiar de vida?

No hay que pensar. Sólo hay que escucharse y aceptar. Todos tenemos luchas, todos tenemos un pasado y arrastramos grilletes. Pero hay que saber cortar. Si deseas dar el cambio, no esperas a que te venga. Dale. Hazlo. La vida te lo agradecerá. Me fui de mi ciudad, de mi país, dejé mi trabajo, la seguridad, el equilibrio. No me asustó. Tengo fuerza interior. Si veo que tengo que cambiar, cambio. La crisálida es quitarme la piel y cambiar. Hoy gano dinero con el flamenco y eso da sentido a mi vida. Estamos obsesionados con tener una carrera profesional. Tenemos obsesión por parecer y ganar. ¿Cuanta gente se muere a los 50 tras currar toda su vida sin nunca ser feliz? Hay que ser valiente y luchar para ser feliz. 

¿Cómo llegó a Madrid?

Escuchando el corazón me di cuenta de que mi felicidad la veía en otro lugar y no donde estaba. Llegué a Madrid y me pareció que esta ciudad estaba hecha para mí. No he tenido que adaptarme. Aquí vi que la gente quiere hacer cosas, quizá es complicado por la crisis pero hay una inquietud que conecta con mi manera de ser. Me siento en mi sitio y eso es una suerte.

¿Cual es su sueño como flamenca y como mujer?

Sueño seguir bailando. No sueño con éxito ni con ser alguien importante, pero sí con seguir averiguando quién soy gracias al baile. Como mujer quiero ser libre. Libre  de pensar, actuar, moverme; libre para elegir lo que deseo hacer o no. La libertad es un lujo. Muchos no pueden escoger; están en el túnel. Tienen miedo. El miedo te vuelve impotente. 

¿Y la clave de su felicidad actual?

Soy luchadora de la felicidad. Durante mucho tiempo me equivoqué, luchaba en contra. Ahora estoy volviéndome una persona feliz porque peleo por algo. Son importantes las gafas con las que ves el mundo, quitarte las gafas que te hacen ver lo negativo, lo que te hace impotente, y ponerte las gafas para ver el camino bonito. A veces ves a alguien y juzgas, pero esta persona tiene mucho que enseñarte. ¿La clave? Pasar del miedo y decidir experimentar el camino bonito. Preguntarte qué va a nacer aquí. Si la vida te lo regala, por algo será.

¿Cual es su sueño?

Tengo la sensación de vivir mi sueño. No puedo pedir más, quiero que siga así. Es tan bonito lo que estoy viviendo. Cada cosa es un regalo.  | Sigue leyendo.

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