Rafael Amargo, fieramente humano
Fecha: 29/11/2010Viene de bailar en Moscú. Y allí se va enseguida, con el musical ‘El Zorro’, cumpliendo una gira que visitará también París, Londres y Tokio. Rafael Amargo siempre está en todos los sitios. Aquí, como nunca.
Rafael Amargo
Lo llamas, y te contesta desde el cortijo de Daimuz, donde proyecta una ruta de homenaje a Lorca, en común empeño con sus primos, que también son familia del poeta granadino, como él. Lo llamas, y lo pillas pasando dos meses en México, de mano a mano televisivo con Chavela Vargas, que lo adora. Lo llamas, y anda en Barcelona preparando la peli Siete testigos, de Pilar Távora, o bien ultimando asuntos de las escuelas de baile que abrirá con su nombre en Rusia y en Brasil. Lo llamas, y lo llamas, y al final cuadras una tarde en Madrid, para charlar. Toma café con leche. No fuma. Es fieramente humano. Lleva varias vidas vividas en una sola, como los grandes, y trabaja mucho, con la pasión revuelta del artista, con el entusiasmo en pie del que siempre anda haciendo un doble viaje: el viaje interior y el viaje propiamente dicho. Desde que llegó a la conquista de Madrid, con 16 años, de la mano de la gran Lola Flores, no ha parado. Hemos conocido a muchos Rafaeles, pero hay un solo Amargo, que es un artista único, valiente, provocador y entusiasmado. Aquí está. Fieramente humano, sí. Y también inevitablemente moderno.
—Y encima, Amargo, ahora vas y te desnudas.
—Pues sí. Me desnudo porque el que da primero da dos veces. Y para así empezar a vestirme de nuevo.
Amargo ha dado el primero muchas veces. Cuando hizo La garra y el ángel, junto a Eva Yerbabuena, lo apadrinaron ilustres de las artes plásticas, como Rafael Canogar o Luis Gordillo. En el espectáculo Amargo metió vestuaristas de moda, como Juan Duyos. En Poeta en Nueva York enramó el flamenco con el cine, y en el más reciente Enramblao subió al escenario putas, yonquis, mimos y otras dolientes criaturas de la calle. Fue algo así como pluriemplear de su mano a las lumis en el Liceo o en el Tívoli. Remató faena de todo este mestizaje artístico en El Quijote, con imágenes en 3D, en el más caro montaje nacional de la historia de la danza. Apunto todo esto por avalar a Amargo de sus propios méritos, de sus logradas osadías, que a veces han intentado escatimarle los jueces de la envidia o los chismosos de oído. Se desnuda, hoy, para empezar a vestirse de nuevo. Eso dice. Es, en rigor, lo que ha hecho toda su vida, solo que ahora más. Descaradamente. Sinceramente: “Yo nací desnudo, Herrera. Me desvistieron, y ahora me desvisto yo. Para que así no tengan arrugas las vestiduras”.
—A veces, Amargo, me preguntan que cuándo vas a salir del armario.
—Me educaron en una casa lorquiana. De poetas, de gente demócrata y libre. No tuvimos armarios. Teníamos vestidores. ¿De dónde quieren que salga?
—Si alguien te dice maricón, ¿te ofende?
—Para mí, maricón es un tío, o una tía, que le pega a su pareja, un tío o una tía que delinque, que roba, que mata. Que se salta, en fin, los límites sociales. Hay muchas palabras equivocadas por la sociedad. Un hombre que se acuesta con otro hombre, o una mujer que se acuesta con otra mujer, lo único que hace es ejercer libremente su amor o su sexualidad. O las dos cosas. Ni más ni menos.
—¿Qué decimos a los que te llamaron frívolo?
—Precisamente esos son los que más han seguido mi estela. ¿De qué frivolidad hablamos? ¿No estaremos hablando de envidia? ¿Por qué este desnudo en interviú, por ejemplo? Si se lo ofrecen a otro, seguro que lo hubiera hecho. El problema, quizá, es que no se lo ofrecen. Como tantas otras cosas.
—Y también te han acusado de mediático.
—Eso me duele en el alma, cuando los demás se mueren por salir. A mí me criticaron por dar clases en ‘Operación Triunfo’ y, acto seguido, los que me criticaban estaban de jurado en ‘Mira quién baila’. Yo creo que la gente critica lo que desea.
—Se han fijado en ti los fotógrafos Bruce Weber o Annie Leibovitz, dos figurones internacionales. ¿Qué tienes?
—No sé. Me llaman, y voy. Me llaman. Ese es el secreto.
—Ha sonado tu nombre para la dirección del Ballet Nacional de España. ¿Lo harías bien?
—Estoy preparado para asumir el cargo, si se diera, porque llevo doce años dirigiendo una compañía privada, entre otras cosas. Doce años, se dice pronto. Conozco el repertorio español y los diferentes estilos de la esencia de nuestro arte. Ahora bien, no bailaría y dirigiría. Eso no. Me consagraría solo a la dirección. No se me escapa que soy políticamente incorrecto. Pero tampoco, que somos pocos, muy pocos, los que llenamos teatros en España, y fuera de España. Esto sí debiera tenerlo en cuenta el Ministerio de Cultura. Nuestro Ballet Nacional es algo que pagamos todos.
—¿Quieres mandarle un mensaje a la ministra?
—Pues sí. Llevo muchos años currando solo, pero dando trabajo, sin ayudas públicas. Me encantaría hablar con la ministra y contarle cosas que creo que le conviene saber. Pero parece que no les interesa mucho. El problema es que los ministros, o las ministras, van y vienen, cada cuatro años. O menos. El artista, sin embargo, nace y muere artista. Está ahí siempre.
—La ministra lo mismo no te atiende, pero yo sé que hay algunas ‘señoras muy pudientes’, digamos, enamoradas de ti.
—Un señor nunca habla de las conversaciones privadas con una señora.
—Ya. Pero ¿por qué provocas pasiones?
—No estoy descubriendo nada. Ya Antonio el Bailarín, por ejemplo, era muy amigo de las señoras muy pudientes, como tú dices. En resumen: el flamenco y la tauromaquia son dos artes que han gustado siempre a las españolas.
—¿Tú eres un promiscuo sexual?
—Yo soy un promiscuo emocional.
Amargo, ese promiscuo emocional, sí, se empleó de actor en Cuéntame, ha vivido en Japón, enseñando su duende, que no hay quien aprenda, y ha hecho la calle de los fondos de Nueva York, por respirar danza urbana, o ballet canalla, y otras inspiraciones de riesgo. Tiene premios para colapsar esta página, empezando o acabando por el Léonide Massine, que solo ostentan Antonio Gades y Lola Greco. Me consta que a este forajido con magia le ponen plato en las mejores mesas, en los salones de vitola. Me lo reconoce a su manera: “El que siembra, recoge”.
—¿Tú eres monárquico, Amargo?
—Yo creo en la monarquía porque viví con una princesa durante ocho años. Te hablo de Yolanda Jiménez, mi ex mujer. Tiempo después de nuestra ruptura, la invité a casa de Paloma Segrelles. De vuelta a casa, ya solo, recibí un mensaje suyo, al móvil. Lo recuerdo literalmente: “Gracias, Rafa, porque aun separado me sigues sorprendiendo”. ¿Qué más puede un hombre pedir?
—¿Eres de enamorarte a menudo?
—Sí. Unas veces por capricho y otras por placer.
—¿Qué tiene el sexo sin amor?
—El sexo siempre tiene una parte amorosa. Y el amor, necesariamente, una dosis de sexo. Aunque hay amores que nunca se dicen, y mueren en los corazones. Por encima de todo, ahí están mis hijos, que son mis dos grandes amores.
Al final de esta charla, con el atardecer tronando en la Gran Vía de Madrid, vienen sus padres, que siguen como pueden la existencia viajera y a su aire de Rafael. No se les ve, sin embargo, huérfanos de hijo, ni a él huérfano de padres. Al contrario. Días más tarde, Rafael me llamaba a deshoras desde Marrakech, para contarme que iba entusiasmado con la marcha de las fotos de este reportaje. Una vez más, como tantas en su vida, la artística y la otra, Amargo se atreve el primero.
—¿La vida es un baile, Amargo?
—El baile es el teatro físico. Y la vida es puro teatro. ¿Qué somos? Pues pura vida, coño. Y que cada cual tire de ella como pueda.
Ya puedes ver en la web, el making of de la sesión de fotos de Rafael Amargo.
Más información en la revista Interviú








Comentarios recientes
maravilloso, Amargo es un artista como la copa de un pino...y además mejor ser humano es libre y amigo de sus amigos y lo que más importa un artistazo guapisimo!!!
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es el peor reportaje fotografico de Interviu..sin duda..peor ke cuando salio Belen Esteban.
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A mi me ha gustado mucho, el arte está en reflejar algo bello, no en enseñar genitales
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siempre pone más el insinuar que el enseñar si se trata de hacer fotos eróticas .
Además ,verle el pene a un chico quedaría feo.
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como me cae tan mal, me parece un chico fuera de tono, soberbio y prepotente, no pienso comprar la revista, ni loco....
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