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Sabrina, 30 años del ‘pezongate’

Fecha: 26/12/2017 Alberto Gayo

Una teta que, bamboleante, se salió del corpiño de la cantante Sabrina Salerno durante su actuación en el especial Nochevieja de TVE y el país se quedó congelado. Se cumplen tres décadas de aquel ‘episodio nacional’. Qué raro, los descuidos de hoy siguen escandalizando. | Sigue leyendo.

Lo prometo. Será la última vez que escriba sobre la teta derecha de Sabrina. Pero que se cumplan treinta años de aquella Nochevieja televisiva de 1987 –convertida ya en episodio nacional– merece una revisita. Habrá muchos españoles nacidos a finales de los 80 que se pregunten qué es eso del pezongate, quién es Sabrina Salerno  y qué clase de país friqui era la España del final de la Movida. Aclaremos algo: en esos tiempos era un escándalo que un pecho se saliese de su sitio en plena gala de fin de año en TVE, era un escándalo que un grupo de chicas punk vascas cantasen en televisión ‘Me gusta ser una zorra’ –el fiscal general se querelló y el programa desapareció–, y también era un escándalo que una bruja de nombre Avería, y sus electroduendes, diesen clases de historia e hiciesen crítica social en horario infantil –La bola de cristal sufrió tantas presiones que acabó por esfumarse de la parrilla–. Cuidadito: en este nuevo siglo convertimos en noticia que se le vea una teta en un photocall a la presentadora Adriana Abenia, que se le baje accidentalmente el vestido a Tania Llasera o que Janet Jackson decida hacer un ¡pechos fuera! durante la final de la Super Bowl. Por no hablar –salvando todas las distancias– del pollo que se monta cuando las activistas de Femen se lanzan, torso descubierto y con lemas en su piel, contra la religión o a favor del aborto. Ah, ¿y qué me dicen del escándalo público que provocan los raperos o la Pedroche por querer vestir a su bola en las campanadas?

Al lío. Dentro de unos días conmemoraremos los treinta años de una imagen que paralizó España: el último día de 1987, una cantante italiana nacida en la misma ciudad que Cristóbal Colón descubrió su teta derecha sin querer mientras bailaba y hacía un falso directo de su éxito Hot girl (no, no cantaba Boys, boys, boys. Es leyenda). Aquellos segundos quedaron grabados a cámara lenta en el cerebro de muchos telespectadores. Menos mal que no existían las redes sociales. Un pecho hermoso, de piel morena, escapaba del corpiño blanco bamboleando como una fiera. El vídeo está en YouTube –hay perturbados que hasta ralentizan la imagen y hacen efecto zoom– y hoy podría funcionar como pieza de un videoartista conceptual.

Sabrina tenía 19 años y medía 1,75. Los mismos años y los mismos centímetros que yo. Compartimos baby boom made in 1968. Si soy sincero, no puedo afirmar que estuviese frente a la televisión esa noche. Diré que sí, que fui uno más de los millones que contemplaron aquella escena en directo, como también fui uno de los que observó en la televisión cómo se estampaba el segundo avión contra una de las torres gemelas catorce años después. ¿Qué olvidará antes nuestra mente, la teta o el atentado? 

Volvamos a 1987 e intentemos comprender lo qué ocurrió en las últimas semanas antes de las campanadas. Para empezar, en TVE había más programas culturales que hoy en todas las cadenas generalistas juntas. Inka Martí, condesa de Siruela y filóloga hispánica, presentaba Hablando claro, programa que apoyaba la Real Academia de la Lengua; la insustituible Paloma Chamorro (la de La Edad de oro) conducía el espacio sobre arte y música La estación de Perpignan, el periodista Luis Carandell llevaba La hora del lector y triunfaba la serie Lorca, la muerte de un poeta. Gobierna el PSOE, el país crece a un ritmo del 5 por ciento y el paro se sitúa en el 20 por ciento. Y el primer anuncio sobre preservativos dentro de una campaña contra el sida es prohibido “por atentar al decoro y el buen gusto social”. Se intuía a una pareja follando dentro de un coche. 

En ese contexto llegamos a la noche del 23 de noviembre. Mayra Gómez Kemp, presentadora del Un, dos, tres –concurso seguido por millones de españoles– juega con Chicho y Belén. Mayra coge una tarjeta “y hasta ahí puedo leer”. La pareja decide renunciar a ese regalo sorpresa. Una de las azafatas que muestra el premio perdido es Nina, la chica que luego se convertiría en cantante y en mamma de Operación Triunfo. Mayra da paso a una actuación musical advirtiendo al público que “hay que oirla… y verla. ¡Se llama... Sabrina!”. Focos sobre el plató. Aparecen los músicos y se escucha de fondo el Boys, boys, boys, el single que haría que Sabrina vendiese centenares de miles de discos. Esa actuación en el Un, dos, tres es el primer toque de campana de la italiana. Sabrina está de espaldas, lleva un vestido minifaldero negro y ajustado y debajo un body semitransparente. En las piernas unas mallas color piel y unas botas de media caña. Cubre sus hombros con una chupa de cuero con hombreras. Se ha hecho un moñete con el pelo y porta dos grandes aros en las orejas y una cruz sobre el pecho. En los primeros compases y debido a su forma de bailar, la minifalda se va subiendo sola hasta la cintura. Muestra su trasero. 

Sabrina en estado puro. Antes de llegar al estribillo, la italiana repite en inglés algo así como “Deja tu cuerpo libre / abrázame fuerte / se mi amante”. No hay trampa ni cirujano. Termina el tema, Kim, la eterna azafata del concurso, la americana que llegó a participar en 130 capítulos del Un, dos, tres, lleva el disco de Sabrina a la mesa de Mayra y se produce un momento surrealista. La presentadora le pregunta a la azafata por qué ha felicitado a Sabrina después de darle un beso y Kim responde que la felicitó “por lo bien que canta y por…”. En ese momento Kim se mira sus pechos, pequeñitos, y se despide. Todos los astros (del marketing) se habían aliado para subirla al podio de los iconos sexuales. Marta Sánchez tenía los días contados. En poco menos de una semana, Sabrina protagonizaba su primera portada de interviú. Después, y en solo una década, lo fue en doce ocasiones. A esas primeras fotos de Roberto Rocchi le acompañaba el texto de Ángel Antonio Herrera: “Aquello era otro cantar. Y no sólo porque Sabrina prodigue una voz marchosa, un ritmo envolvente o unos reiterantes estribillos, sino porque sus movimientos, la cruel mirada con que los acompaña y los vaivenes con que arropa sus melodías, exhiben, en incomparable plenitud, a una joven de altos y perfilados muslos, de sinuosas caderas y, sobre todo, con unos senos que baten todos los récords. Osea, y para las estadísticas, 100-58-90 (…) Sabrina reina hoy como soberana de un erotismo que la hermana con las más gloriosas hembras desde siempre ensalzadas. De todo esto tendremos, por fortuna, nuevas muestras, cuando Sabrina, que se confiesa admiradora de Madonna, venga a obsequiarnos en el programa de fin de año. Será un inmejorable modo de pasar al 88, sobre todo sabiendo que de tanto ardor como la joven derrocha en el baile, una de sus prepotencias puede escaparse del ceñido sujetador, y tiene dos”. ¡Hola! el poeta Herrera lo predijo y ocurrió.

España da la bienvenida

Era la primera vez que Sabrina salía de Italia, donde compaginaba sus apariciones en televisión y sus sesiones de modelo. El primer país en darle la bienvenida fue el nuestro. En una discoteca de Lleida llegó a congregar a más de 9.000 personas.

Los últimos días de 1987 van pasando. Y el terrorismo de ETA no se olvida de tan señaladas fechas. Un coche-bomba con 250 kilos de amonal explota en la casa-cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza y mata a once personas. Fue el 11 de diciembre. Justo en esos días, Sabrina grababa el programa fin de año de TVE. Y ocurrió. Llevaba pocos segundos interpretando Hot girl cuando en uno de sus espasmódicos bailes, el pecho derecho se salió del corpiño blanco. Ella siguió con el playback y en más de cinco ocasiones tuvo que subirse las copas de la prenda porque sus pechos no estaban hechos para ese corsé. Era una profesional, nunca dejó de cantar y bailar. Aquel descuido elevó su caché y fue contratada por doquier. La misma noche del Especial Nochevieja, Sabrina actuó en un cotillón municipal en Bilbao. Cobró 3,5 millones de pesetas (21.000 euros). Feministas lanzaron huevos y tomates y hubo algún altercado entre sabrinistas y anti sex symbols. El ayuntamiento respondió que habían contratado a la artista “porque es un personaje aceptado por la juventud con gran poder de convocatoria, sin entrar en matizaciones estético-morales”

En esos día ocurrió otro episodio de pandereta. Un chaval de doce años de Jaén llegó a su colegio con un póster de Sabrina, que había regalado una revista juvenil. El director del colegio privado Alto Castillo le expulsó.

En 2012, Sabrina confesó en Vanity Fair que al terminar de grabar la canción, el director de la gala comentó: “Tranquila, ¡no hay problema! ¡No se ha visto nada!”. Sabrina se marchó y en marzo de 1988 coincidió con el realizador en Luxemburgo. “¡Iba directa a matarlo! Le grité: ‘¡Tú, ven aquí, da la cara!’”. La cantante siempre ha sostenido que no estaba preparado, que fue accidental.

En la misma publicación reconoció que “era muy, muy joven y no me esperaba nada de lo que pasó. Y sí, España fue realmente el primer país donde tuve ese tipo de éxito. España me trajo mucha suerte. Después llegó el éxito en Europa, Sudamérica, Australia, Inglaterra. ‘Boys, boys, boys’ forma parte de mi vida y gracias a ella me han pasado cosas muy buenas. Nunca podría hablar mal”.La italiana fue una de las tit-stars de la época junto a la inglesa Samantha Fox y la polaca Danuta Lato. Sabrina se convirtió en actriz. Ha hecho teatro, cine y televisión, tiene familia y ha participado en festivales de nostalgia ochentera. El 15 de marzo de 2018 cumplirá cincuenta años. No me importaría juntar los dos cumpleaños, el suyo y el mío. |Sigue leyendo.

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