Opinión / Carrusel periodístico
Los actuales dirigentes europeos resisten muy mal la comparación con los de la época de Margaret Tatcher

José Antonio Marcos: La dama de hierro

Fecha: 31/01/2012 Texto: José Antonio Marcos
  • Valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tú valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

Las grandes interpretaciones nos trasladan a escenarios o tiempos que creíamos olvidados. Ver a Meryl Streep en el papelón de la Thatcher resulta sencillamente antológico. Es lo mejor de una película más ambiciosa que otra cosa y que dista mucho de cintas tan completas como The Queen o El discurso del rey.

Pero gracias a la genial protagonista vuelve uno a aquellos ochenta. Decía un teniente que tuve en la mili –qué viejo va siendo uno– que la primera ministra británica le parecía “hasta guapa”. Yo nunca la vi así, pero tampoco era cosa de discutirlo. Margaret Thatcher lideró una larga década para el Reino Unido. A su conservadurismo liberal se debe la castración de los sindicatos y recetas económicas que parecen de hoy: flexibilización laboral, privatizaciones, supresión de ayudas sociales o desregulación del sector financiero. Mujer de contrastes, también se mostró permisiva –a su manera– con el aborto y los homosexuales.

Su gran aliado fue el inquilino de la Casa Blanca, Reagan. Pero tuvo que lidiar también, nada más y nada menos, que con Mitterrand en Francia y Kohl en Alemania, este último aparente correligionario ideológico suyo pero, a la hora de la verdad, uno de los grandes hacedores de la Europa que conocemos, impulsor fundamental de la unión política y monetaria que derivó en el tratado de Maastricht, germen del euro. Sin olvidar a nuestro Felipe González, recién incorporados como estábamos al proyecto europeo.

Me perdonarán los amables lectores este ladrillo de nostalgia. A lo que quiero llegar sencillamente es al momento presente. A la crisis que amenaza al proyecto europeo y que tiene contra las cuerdas a países como el nuestro. Cambiar aquellos nombres –con sus luces y sus sombras– por los actuales rectores de la política del continente supone, como mínimo, un desprecio para su memoria. El cine nos transporta en el tiempo. La realidad nos deja en la estacada.

  • ¡Compartelo!
  • twitter
  • delicious
  • facebook
  • compartir por mail

Comentarios recientes

No hay comentarios

Añade tus comentarios
  • Los campos marcados con "*" son obligatorios

Publicidad

Publicidad

Niños robados

Usted Perdone