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Opinión / Carrusel periodístico
No es conveniente celebrar un nuevo AVE desoyendo a los excluidos que pitan fuera de la estación

Una cucharadita de New Deal

Fecha: 25/06/2013 12:38 Juan José Fernández
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Según la crisis afilaba las plumas y se iba haciendo más descreído este país, ha ido engordando el argumentario crítico sobre el AVE. Que si caro de construir, que si carísimo de mantener, que si trazado centralista (sobre esto, lo más solvente es el España, capital París que escribió en 2010 el experto Germà Bel), que si convoyes vacíos atravesando La Mancha, que si habría salido más barato un tren de 250 kilómetros por hora en vez de la delicada red de los 300…

Y, sin embargo, aun en esta España de 2013, escamada y despegada de sus ilusiones nacionales, cada avance del tren de alta velocidad vuelve a concitar esa fascinación colectiva por las grandes obras públicas. Se nota estos días paseando por Alicante, que estrena la llegada del AVE. Las dos horas y 20 minutos de trayecto hasta Madrid están tan en boca de los taxistas, oficinistas y camareros alicantinos como el partido de la sub-21. Charla sobre los 700 puestos de trabajo que crea el tren, o los 70.000 billetes vendidos en una semana, una ciudadanía que saca pecho, como si se hubiera tomado una euforizante cucharadita de New Deal. Una; no más: nos dicen desde Alemania que de ese jarabe no conviene abusar.
Pero nótese que esta inauguración no fue como las otras. No lo digo por la frialdad de Rajoy con la alcaldesa imputada, sino por los petardos y pitidos de varios colectivos fuera de la estación. No eran indios aullando contra el caballo de hierro (como ha venido ocurriendo con la oposición abertzale a la Y ferroviaria vasca), sino un grupo de vecinos perjudicados por el trazado, y, sobre todo, plataformas de golpeados por la crisis que aprovechaban la abundancia de gerifaltes para gritar contra la corrupción y la pobreza.

De eso hay que tomar nota: nada soluciona la ilusión de las grandes obras públicas, el dinamismo de enormes desembolsos colectivos, si antes no se aborda la cada vez menos soportable constatación de que aquí no se está repartiendo bien ni el esfuerzo ni la riqueza.

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