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Opinión / Carta del director

Democracia y jueces

Fecha: 16/09/2016 Alberto Pozas.
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La transición dejó cabos sueltos, como un montón de españoles tirados en cunetas. Otros asuntos importantes quedaron atados y bien atados. Uno, sin duda, fue la Justicia. Decía un profesor de Derecho que el Tribunal Supremo es “el que cuando falla, folla, y cuando folla, falla”. Y lo decía en clase para denunciar la edad de quienes ocupaban lo más alto de la magistratura. Por aquellos años (hace muchos), en las manifestaciones se gritaba “el hijo del obrero a la Universidad”, quejido de que el sistema de becas era muy pobre y estudiaban quienes ya lo hacían durante el franquismo: los del régimen o los que tenían dinero. No extraña que, a la hora de montar nuestra democracia, los políticos tuvieran ciertas prevenciones. Por ejemplo, la de dejar claro que el poder emanaba del pueblo y que el gobierno de los jueces no era una cosa corporativa. Se impidió que la casta judicial se autoadministrara. Por cierto, no se hizo lo mismo con los ejércitos, y estuvimos durante demasiados años poniendo los tanques y los aviones en manos de alféreces provisionales de la Guerra Civil. Dos intentonas golpistas. Una suerte.

Pero donde más buscaron parar los pies al libre albedrío judicial fue con el blindaje de los aforamientos. La que se podía haber montado en este país si, en aquellos primeros momentos, saltan jueces que empiezan a meter mano a los políticos contrarios a su ideología (de derechas casi todos, claro). No me extraña que se esmeraran en aforarse y en suplicatorios y demás diques, porque el peligro era más que real. El tiempo ha pasado y, con los años, se ha ventilado la procedencia ideológica mayoritaria de sus señorías, que ya pueden hacer carrera sin someterse a ningún principio poco decoroso para la democracia. Encima, hace tiempo que el hijo del obrero (con más dificultades que otros) está yendo a la Universidad y se ha hecho juez. Hay muchas diferencias entre aquella judicatura posfranquista y la actual. Y con ejemplos como el de Rita Barberá, creo que ha llegado el momento de acabar con los aforamientos, porque ya dejaron de ser protección democrática para convertirse en meros privilegios. Y ya puestos, hay que sacar las manos políticas de la Justicia.

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