Opinión / Carta del director

El equilibrio puede ser osado

Fecha: 09/02/2009 Alberto Pozas
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UN MES DE ENERO ESPECIALMENTE duro en sus cifras de paro ha sido suficiente para que las alarmas ya echen humo y se empiece a perder los nervios. Zapatero y su Gobierno están actuando, no tengo la menor duda, pero dejan suficientes huecos libres como para que se cuelen movimientos que desnudan cierta parálisis del poder. Se dan los datos de empleo e inmediatamente salen los empresarios en general a proponer un nuevo sistema de contratación, los pequeños y medianos a decir que no les llega el dinero, y los portavoces del PP, lógicamente, a proclamar que ellos sí tienen un plan para sacarnos del atolladero. A cambio, La Moncloa se hace una foto fría con los banqueros. Se me antoja escaso el movimiento, y en cada minuto que el Gobierno deje de liderar la lucha contra la crisis, surgirán como champiñones propuestas sectoriales que pueden enturbiar y hasta malherir el imprescindible diálogo social.

El sistema financiero tiene su punto de responsabilidad en la crisis originaria, un punto importante, por cierto, si bien el desarrollo posterior de la caída en picado no se puede apuntar íntegro a su debe. Pero sí se puede pedir a ese sistema bancario que ahora colabore en la solución con un poco más de entusiasmo. El presidente del Gobierno debe ser equilibrado y no cargar sobre las espaldas de Botín y compañía la situación, pero eso no significa que no se pueda ser a la vez osado y pedir algo menos de autoprotección por parte de las entidades financieras y que hagan circular el dinero. En aras de ese equilibrio imprescindible hay que recordar que si el origen está en las subprime, no obliguemos ahora a los bancos a prestar sin las más mínimas garantías, no sea que hagamos crecer el problema, pero tampoco permitirles que se escondan bajo el ala. Aquí debe empujar todo el mundo, y nuestros banqueros tienen mucho que hacer.

Creo que la situación es lo suficientemente traumática, y lo peor es que puede ir a más, como para que los actores se aprendan de memoria que cuando todo acabe, habrá que restañar heridas, y para entonces es posible que la gente haya sufrido tanto, que el tupido velo no sirva para tapar a quien se escondió. Quizás entonces, sólo quizás, los ciudadanos premien a quienes arrimaron el hombro. Y ya puestos, lo mismo castigan a los que se pusieron de perfil y silbaron.

Espías en la Asamblea

Ya tenemos comisión de investigación en el Parlamento madrileño. Es posible, aunque no seguro, que durante sus trabajos aparezcan nuevos datos de las variopintas tramas de espionaje en la capital del Reino y aledaños. Es posible también que esos datos puedan sonrojar a las comparecencias del día anterior, porque el sistema adoptado por la Asamblea tiene tantas limitaciones que alguien que diga allí blanco nuclear se puede encontrar con un negro rotundo en la portada del periódico o de la revista. Hay quien cree en el PP que el pacto entre Génova y Madrid soluciona todos los problemas, pero me da la impresión de que ni los internos están a salvo. El resultado de la investigación parlamentaria promete ser pobre porque parece renunciar, ya de partida, a despejar incógnitas. Con ese escueto botín en las alforjas, ingenuo será el que piense que todo queda zanjado y a otra cosa, mariposa. Y mucho menos con Boadilla a punto de caramelo.

La peor utilidad de la informática

Cuatro años han tardado las fuerzas de seguridad en conseguir desentrañar el ordenador de un etarra. Al final el premio era un escondite con armas y explosivos, pero en otros casos se encuentran hasta el diseño gráfico de un próximo atentado utilizando para ello los mapas de Google. Son las nuevas tecnologías al servicio del tiro en la nuca. La habilidad de un informático permite a los terroristas encriptar sus informaciones de tal manera que su detención no suponga de inmediato una actuación policial en base a los datos incautados. Atrás quedaron aquellos montones de documentos con la composición de comandos, contactos o futuras víctimas. Ahora, ETA sigue teniendo esa misma obsesión, pero los ordenadores juegan a su favor. Menos mal que, como contamos en nuestro primer reportaje, los expertos españoles, con la ayuda de franceses y norteamericanos, siguen acortando el tiempo de acceso a esa memoria criminal.

Que disfruten de interviú.

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