El móvil de ZP
Fecha: 25/10/2010La palabra posiblemente más repetida en esta macrocrisis de Gobierno ha sido comunicación. Del nuevo todopoderoso Rubalcaba se ha destacado, entre otras virtudes, su capacidad de comunicar. De Jáuregui, tres cuartos de lo mismo. Y en general, Zapatero ha justificado buena parte de su puñetazo en la mesa precisamente en la necesidad que tiene de comunicar su labor política. Cualquier fracaso o mal momento se alivia con el sufrido “no hemos sabido comunicar”, pero esta vez la recurrente excusa puede que hasta tenga algo de verdad.
Si el Gobierno tiene una estrategia de comunicación, la ha escondido tan bien que ni nos hemos dado cuenta. Pero no hay que ser más injustos de lo imprescindible con quienes llevan en su tarjeta de visita la responsabilidad de la comunicación, porque no tienen trienios y tampoco vimos estrategia seria en nada menos que una negociación con los terroristas. Así que como para visualizarla en temas comparativamente menores.
Interferencias. La culpa, entonces, no solo descansa –que también– en los cabezas visibles de esa labor, sino en el propio presidente. Dicen sus allegados que Zapatero, con el móvil en la mano, tiene más peligro que una caja de bombas. Que no necesita secretaria para telefonear a una variopinta legión de asesores áulicos procedentes de distintos momentos de su vida. Podría no ser grave el asunto si no fuera porque, además, tiende a hacer caso a demasiada gente. No me extrañaría que la segunda gran medida –la primera es, indudablemente, la elección de Jáuregui a su lado– que adoptara Rubalcaba como factótum del presidente fuera, precisamente, robarle en un descuido el móvil y tirarlo a lo más profundo de un pantano. Porque si hay algo que pueda odiar el nuevo vicepresidente, es que se produzcan interferencias en sus estrategias de comunicación. La primera vez que Rubalcaba convenza a su jefe de algo y a las pocas horas se percate de que un espontáneo desde su despacho con vistas a la redacción ha sembrado alguna duda en la cabeza presidencial, le planteará un ultimátum: o tu móvil o yo. Es posible que, incluso, a la hora de aceptar el nuevo cargo Rubalcaba ya le haya incautado el dichoso teléfono.
Orgullo y optimismo. La crisis ha sacado a los ministros de su parálisis (externa, al menos) y la melancolía. Los dos principales premiados, Rubalcaba y Blanco, han sido estos últimos meses muestra viva de la fórmula que hay que emplear para llegar a ese nirvana que es la buena comunicación: mostrar orgullo por el trabajo que se está haciendo y optimismo y confianza en que va a dar resultados. Sirva este ejemplo: Corbacho, quizás con sobredosis de realismo, arrastraba su dolor por el creciente paro; su sustituto, Valeriano Gómez, antes de decir siquiera buenos días nos anuncia que en 2011 estaremos creando empleo. ¿Trabajará mejor este que aquel? No lo sé, pero de momento nos viene muy bien su optimismo. Y que cunda el ejemplo.
Solo nos falta por descubrir a quién elige la oposición como blanco preferente de sus dardos, toda vez que Bibiana Aído ya no ofrecerá ese plus mediático. Oído el alcalde de Valladolid –esas burradas no deberían olvidarse porque haya pedido disculpas–, parece que puede ser Leire Pajín la que cumpla con las características necesarias: joven y mujer. Y luego quieren que no veamos en esos ataques pseudopolíticos un poso de machismo.
En fin, que les invito a leer nuestro primer reportaje: cómo el Barça de Laporta no se andaba con chiquitas y espiaba a sus jugadores para comprobar que sus juergas no superaban los límites del dineral que ganan. El alcohol y el tabaco están reñidos con el deporte, y mucho más si es de élite, pero la vida privada debería gozar de algún tipo de protección.






Comentarios recientes
Alberto, quien mete a las personas en la cárcel es el juez no la policía.
¿Tú abuelo mataba a curas y monjas y quemaba iglesias?
Comentario fuera de tono