La venganza de Rodrigo Rato
Fecha: 08/06/2012
Rodrigo Rato
Necesitamos siempre un nombre propio en el que concentrar todas nuestras inquietudes, sean negativas o positivas. Yo creo que de ahí viene la definición “maldito Zapatero”, acuñada desde la izquierda para ridiculizar el ímpetu (ridículo por exceso) que llevó a la derecha a adjudicar al anterior presidente del Gobierno cualquier mal que pasara por la puerta, desde Islero para acá. Y así es nuestra historia: a cada problema, un nombre, y los políticos, que se lo saben, pelean hasta la extenuación por colocarnos cada uno el suyo.
Cuando el partido afectado no puede endosarle al de enfrente el nombre/resumen, establece un cortafuegos a su alrededor para no sufrir más daños que los imprescindibles. La experiencia les dice que asumir una defensa numantina es convertirse en cierta manera en parte del problema. Por eso no acabo de entender cómo el PP no acompaña al PSOE en el desalojo inmediato de Carlos Dívar, porque pese a que se trata de un nombramiento conjunto y de que lo conocido sobre su forma de comer y de dormir facturando al contribuyente es lo siguiente a muy feo, los populares se empeñan en aparecer como comprensivos con su actuación y han intentado incluso que el nombre/resumen del problema fuera el del consejero denunciante, que, vaya sorpresa, fue nombrado a propuesta socialista.
Con diferencia, el caso paradigmático reciente lo encontramos en Bankia. ¿Cuál es la realidad? Que existían unas instituciones financieras llamadas cajas de ahorro; que era un sistema obsoleto y débil para luchar contra la crisis y se optó por la acumulación para ganar tamaño; que se fusionaron Caja de Madrid (controlada por los designios de Rajoy) y Bancaja (con un equipo del agrado de Francisco Camps), dando lugar a Bankia; que un montón de pequeños y medianos ahorradores pusieron dinero en el invento confiados en que no le faltaba un perejil: eran entidades controladas por el PP y la fusión estaba auspiciada por el Gobierno del PSOE; que esos ahorradores han visto en apenas un embarazo cómo su dinero quedaba reducido a menos de la tercera parte.
MAFO. La respuesta política a esta situación está dejando mucho que desear. El PP busca colocar como nombre/resumen del fiasco de Bankia el del gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, nombrado por el PSOE en su día, y no le va mal en el empeño, porque se puede escuchar a gente muy honrada que suya es la culpa. Y lo dicen convencidos, pese a que durante los últimos años tanto PP como socialistas se encargaron de resaltar que el gobernador, en la nueva Europa y sin emitir moneda, no pintaba nada, poco menos que era una figura decorativa; de ahí a ser el nombre/resumen de todos los males, en insana competencia con ZP, solo media una campaña bien llevada.
En el otro lado del cuadrilátero, el PSOE ha puesto la lupa, lógicamente, en el gestor de Bankia, Rodrigo Rato, al que consideran un nombre perfecto para reflejar la evaporación de los ahorros de miles de accionistas. Se dice que Rajoy ha empujado a Rato por el precipicio como una manera de demostrar que él no forma parte del problema (pese a que le nombró), sino de la solución, pero lo cierto es que el presidente sigue cuidando del antiguo vicepresidente del Gobierno, por cuanto tiene a todo el partido movilizado para desvincularle de la crisis de Bankia y, además, le deja maniobrar desde Cajamadrid, de donde saldrá, previsiblemente, bien tratado en cuanto a finiquito.
Pero el último acto no está escrito. Cuando Europa inyecte el dinero que necesitan nuestros bancos, entonces y no antes sabremos hasta qué punto está Rajoy dispuesto a poner la cara por Rato o si le deja solo en medio de la plaza rodeado de oposición y jueces. En ese momento también descubriremos si Rato acepta la inmolación. Sus movimientos parecen decir lo contrario: que no quiere comerse el marrón y que quien le busque puede encontrarse con la venganza de Rodrigo Rato.


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