Pocas cosas que envidiar al fútbol
Fecha: 19/07/2010
Rafa Negrete
La copa nos ha producido tal subidón que alguno aún está levitando. El éxito de la Roja vino, posiblemente, en el mejor momento, con el país instalado en malos rollos y en una especie de depre colectiva, aunque Zapatero se la niegue a Felipe González. Tal ha sido la euforia que los estados mayores políticos le han echado a un vistazo a cómo subirse a la benéfica ola. Al final, mientras unos apelaban a la semejanza entre la selección de futbolistas y el país, todos dispuestos a luchar por conseguir los objetivos, otros preferían sacar semejanzas con el entrenador. Vicente del Bosque se convirtió, de repente, en modelo a seguir en política. Algun@ incluso comparó a su líder con el seleccionador. Como si las grandes virtudes de Del Bosque sirvieran en estos momentos y en esta política para algo que no fuera el fútbol. Templanza, prudencia, mano izquierda… ¿servirían de algo para reducir brutalmente el défi cit, para luchar contra la dictadura de los mercados, para reactivar la economía, para buscar dinero con el que atender a tanto parado? Considero a Vicente del Bosque una excelente persona y un gran profesional, pero creo que en lo único que le deben envidiar Zapatero y Rajoy es en el sueldo.
El debate. Puede que la política tenga mucho de estrategia, pero no tanto como para fi jarse en el entrenador. Si hay que caminar por símiles futbolísticos, nuestra política doméstica está muy lejos del fino estilismo de alguno de nuestros jugadores y más cerca de De Jong intentando incrustarle a Xabi Alonso la medalla de la primera comunión en el pecho. Es el estilo que, al fi nal, esperamos de un debate tan importante como el del estado de la nación. Si algún día nos encontramos con presidente y líder de la oposición contraponiendo ideas, y solo ideas, con elegancia y generosidad, posiblemente cambiemos de canal para ver una serie de vampiros. En las formas, entonces, lo esperado. En el fondo, pues alguna sorpresa. Como que Rajoy se hiciera eco de lo que gritan sus militantes: elecciones ya. Sorpresa por cuanto la respuesta estaba clara, ahí tiene usted la moción de censura, y pese a ser previsible no contó con contrarréplica, más allá del discurso parido en el PP para dar cobertura a la propuesta: Rajoy y su gente prefi eren que sean los ciudadanos quienes voten, y no los políticos. Toma ya.
La cartera de Rajoy. Elecciones ya sí o no, cada uno habló de lo suyo. Hubo momentos en que podía parecer incluso que no estaban en el mismo debate. Zapatero aprovechó el marco para demostrarle a Rajoy que, pese a lo que puedan decir las encuestas, su camino a La Moncloa no está, ni mucho menos, asfaltado con pétalos de rosa. Y no me estoy refi riendo a que no esté “para tirar cohetes”, como le espetó el presidente, sino al discurso que el socialista dedicó a los nacionalistas, verdadera llave de muchas cosas, entre otras los Presupuestos Generales del Estado, próximo gran escollo que tendrá que afrontar el PSOE si no quiere hacer coincidir las generales con las autonómicas y locales del próximo año. La charla de amiguete que mantuvo Zapatero con Duran i Lleida debió dejar helado a Rajoy, además de a Montilla, Mas y el propio Duran. Y sus requiebros con el PNV cerraron un círculo muy buscado por el presidente, que consiguió robarle la cartera al PP en un asunto vital en los próximos meses: sus relaciones con los nacionalistas. Otra cosa es que ahora Zapatero tenga que convencer a Montilla y a Patxi López de que está todo controlado y que ellos son los verdaderamente importantes.
El Estatut. La verdad es que lo consiguió con la ayuda del propio Rajoy, porque a su propuesta de elecciones anticipadas venía la respuesta de la moción de censura, escenario más que propicio para que CiU pudiera jugar a la equidistancia, y en lugar de poner a parir solo al Gobierno, tuvo que repartir estopa hacia los dos lados, con lo que el PP se llevó lo suyo sin pasar casi por allí. Es probable que alguien con tanto conocimiento como Aznar convenza a Rajoy de que incluso un “demonio” como Arzalluz y un “enano” como Pujol llegaron a acuerdos, que cosas más difíciles consigue el poder, el poder repartirlo, vamos. Pero de salida, parece que Rajoy solo tendrá seguro el sillón con mayoría absoluta.


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