Opinión / Carta del director

Se puede levitar desde casa

Fecha: 17/05/2010 Alberto Pozas
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Ilustración 'Se puede levitar desde casa' Ilustración:Rafa Negrete

NO es necesario tener despacho y coche oficial para hacer el camino de santidad. Se puede levitar en el salón de casa. Francisco Camps reclama sotana o el mucho más moderno, dónde va a parar, cleriman. La mayor trama de corrupción descubierta este siglo en nuestro país le bautizó como “el curita”, sobrenombre que justifica día a día. No sé con qué intención, pero el presidente valenciano está jugando la baza de cristiano torturado por los romanos. Lo suyo es un vía crucis, efectivamente, pero voluntario. Si ya hubiera hecho lo que corresponde a un político cuando el juez instructor de Valencia constató que mentía al decir que los trajes los había pagado con dinero de la caja de la farmacia de su mujer (uña y carne con El Bigotes), en estos momentos estaría tranquilamente levitando al calor del hogar y a su ritmo. Pero ha preferido que el escarnio de los trajes y de la más que probable financiación irregular de su partido le pille con la corbata bien anudada y poniendo cara de doliente. Puede ser una opción individual clavarse en la cruz, pero que no se olvide que tendría que optar por las del ladrón bueno o el malo, porque la del medio, a poco que se descuide, se la habrá regalado a Mariano Rajoy. Y Cotino rezando por ambos.

EL CINTURONAZO DE ZAPATERO.

Esta semana lo de Camps ha sido una broma comparado con las medidas adoptadas por Zapatero para reducir el déficit público a unas cifras digeribles. Espectacular la secuencia de los hechos. El que asó la manteca hubiera obtenido matrícula de honor. El remate fue la llamada ingenua de Obama cuando el presidente español meditaba de dónde sacar los cuartos. En fin, el amigo americano siempre ha sido eso, sobre todo... americano, no amigo. Sobre el fondo del asunto me confieso desconcertado. Esperé desde mi puesto de profesional bien pagado a que Zapatero me apretara el cinturón. Lo consideraba lo más lógico y estaba preparado incluso para revestir el sacrificio de sentimiento patriótico. Pero cuando leí el decálogo no me encontré por ninguna parte. Sí vi pasos atrás en política social, algunos asumibles por la situación y otros llamativos, para mal. Como la congelación de las pensiones, por mucho que las más bajas se libren del cinturonazo del presidente. Hay demasiados mayores con ciertas dificultades económicas que ya sufrirán la subida del IVA y que no se merecen la congelación. ¿No había otro sitio del que rascar?

LA PAZ SOCIAL ES UN BIEN.

Si me confieso desconcertado no es sólo por no encontrarme en la receta de Zapatero y ver a demasiados ancianos; también por la rebaja salarial de los funcionarios. Tengo claro que en muchas empresas privadas ese camino, el de perder sueldo, ya lo hemos recorrido. Entonces, ¿por qué no les va a pasar a los trabajadores de la función pública si su empresa, el país, está en apuros? Pero por otro pienso que la medida se ha tomado simplemente porque al ser tantos funcionarios, las cuentas del ahorro salen inmediatamente. No puedo evitar imaginarme al responsable, el Gobierno, como mal empresario, que no encuentra la fórmula de adecuar el tamaño de la Administración a las necesidades de la España del 14 de mayo de 2010. También lo veo como pura estrategia política. Cualquier medida que afecte a los funcionarios es, por principio, bien recibida por parte del resto de los trabajadores, que no acaban de entender que el Estado apadrine un sistema laboral excepcional sin peso de la productividad en la toma de decisiones. Me da la impresión de que Zapatero ha jugado con ese divorcio secular, pensando que la protesta lógica de los funcionarios no contará con el apoyo del resto, que podrían entonar un “bienvenidos a la realidad, compañeros”. También me ha parecido para nota la actitud de Durán Lleida. Envalentonado por el CIS, se ha desgañitado de pedir un pacto de Estado y hasta gobierno de coalición, exigiendo a Zapatero que fuera valiente y adoptara medidas duras. Y cuando lo ha hecho, pide adelanto electoral. Era previsible el calendario del portavoz de CiU.

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