Tu enemigo te hará más grande
Fecha: 02/11/2010
Dicen, y creo que con bastante razón, que a una persona lo que verdaderamente le hace grande no son sus amigos, sino sus enemigos. Se lo intenté trasladar hace muchos años a un compañero periodista que me daba leña desde su medio en una de mis etapas de socio del Inem, y al final lo entendió, aunque no antes de que encontrara trabajo (gracias, colega). Esta teoría es perfectamente aplicable a la política y a los políticos. María Teresa Fernández de la Vega perdió algo de dimensión en cuanto el PP decidió no distinguirla con los dardos de Soraya Sáenz de Santamaría y dirigir toda la artillería a Elena Salgado.
Respirar por la herida. Viene esto a cuento del nombramiento de Rubalcaba como vicediós. Ya vimos las caras preocupadas de la oposición en un primer momento, acusando el impacto del zapaterazo, y luego no han tenido ningún problema en respirar por la herida y dedicarle lo más mezquino del argumentario, profanando tumbas incluso. Les apunto, porque nunca está de más, que el toro que mató a Manolete se llamaba Islero, no Rubalcaba, y que el pedal del freno no es el de la derecha. Quizás hay que entender tanto despropósito en que si cuando ascienden a tu enemigo te pilla distraído, no subes de categoría con él. Por eso los lugartenientes de Sáenz de Santamaría han querido estar a la altura, no fuera que se les escapara la oportunidad de subir en el escalafón. Deberían ir aprendiendo que determinados papeles políticos solo sirven en la oposición, porque en el Gobierno las salidas de tono cuestan más caras.
Disolución. Mientras a Aznar le dan un premio por su lucha contra el terrorismo, andamos debatiendo sobre qué va a pasar en el futuro inmediato con ETA y con sus agitadores políticos. Otegi, por supuesto desde la cárcel, ve con nitidez que se acerca un nuevo tiempo en el que Batasuna, o como se quiera llamar, le va a decir a ETA que deje de matar. Solo ha tardado cincuenta años, pero bueno. Se me hace raro, en cualquier caso, que alguien tras las rejas sea capaz de liderar el punto y final. Recuerdo que el mismísimo Txomin Iturbe tuvo claro hace cinco lustros que si perdía la libertad no podría convencer a la banda de casi nada, y eso que era Txomin. La historia lo dice: los terroristas y asimilados amortizan inmediatamente al que cruza la linde del presidio, y hay un montón de nombres que lo confirman. ¿Por qué Otegi iba a ser distinto? Hombre, tiene cierta ventaja, porque se reunió con los enviados de Aznar y unos años más tarde con los de Zapatero, pero el resultado fue el mismo: ETA siguió matando.
Creo que la oferta de Batasuna de llamar “malos” a los terroristas no debería ser suficiente; si fueron su soporte, algo más tendrán que hacer. Y si Otegi es capaz de ello, adelante, pero me permito mantener la duda que nos provoca las experiencias vividas. No lo veo gritando desde su celda: “Nada de treguas ni zarandajas, disolución ya”, que es lo que ahora, T4 mediante, es lo que necesitamos para empezar a estudiar cómo se entierra tanta barbarie y qué necesitan nuestras víctimas en momentos tan duros.
Nuestro primer hombre. Corría junio de 1976 y se nos ocurrió dedicar la portada a un hombre, Marcelino Camacho, con jersey de cuello alto. No cuadraba mucho con el perfil de la revista, pero desde luego era un icono para aquella España que empezaba a respirar libertades, unas que él, junto a otros, había traído. Lo presentamos como “la eterna libertad provisional” solo para recordar que sus entradas y salidas de la cárcel no habían sido en vano. Descanse en paz con nuestro agradecimiento.






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