Sport
Opinión / Hombres, modo de empleo

Basado en hechos reales

Fecha: 04/12/2017 Teresa Viejo. Ilustración de Gustavo Otero
  • Valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

Atendía tantos partos al cabo del día que a veces se sentía un churrero haciendo nudos a los cordones antes de mandarlos a la freidora.

Al ginecólogo le pareció extraña la negativa de la mujer pues en aquel hospital tenían a gala haber humanizado la atención al paciente y la mayoría de los hombres entraban en el paritorio. “Es mi primer hijo y estoy tan ilusionado”, se lamentó el futuro padre. “A algunas mujeres les provoca pudor el parto. Verá al bebé apenas nazca”, apuntó el médico sin imaginarse lo equivocado que estaba. 

No reparó en el recién nacido hasta que terminó de quitarse los guantes y descubrió a su equipo formando un corrillo en torno a él. 

-¿Queréis ponérselo en brazos a la madre de una vez? 

-Ella no quiere –respondió la comadrona. Su mirada saltó alternativamente de la madre, que parecía haberse exiliado por voluntad propia, a los brazos de la enfermera, hasta que pegó su nariz a pocos centímetros del rostro del niño. “¡Es negro!” exclamó, a lo que se sumaron el resto con interjecciones. Cierto que la piel era aún clara, pero los restos del cordón umbilical adquirían una pigmentación más oscura, los rasgos de la nariz y la boca, la pelusa ensortijada sobre el cráneo, parecían inequívocos. ¿Cómo no se había percatado de ello? Atendía tantos partos al cabo del día, máxime durante las guardias, que a veces se sentía un churrero haciendo nudos a los cordones antes de mandarlos a la freidora. Bastante tenía con que nacieran enteros. Y este lo hizo, entero pero negro.

-El marido no se parece en nada a esta criatura –susurró a una de las enfermeras–. Hable con la mujer.

Mientras el resto se pasaba al recién nacido entre los brazos, la enfermera conversaba en voz queda con la madre cuya cabeza negaba una y otra vez. Al cabo de unos minutos regresó junto al médico.

-No quiere a la criaturita.

-¿Cómo?

-Tuvo una aventura y nunca se lo dijo al marido.

-Esas cosas no se cuentan. 

-El caso es que cuando se quedó embarazada rezaba para que saliese blanco… pero ya ve usted.

-Llévenla a la habitación y que se lo explique al marido.

-Tampoco piensa hacerlo. Dice que se lo contemos nosotros. 

El médico salió del quirófano refunfuñando. Apenas pisó el corredor, el padre le tomó del brazo por sorpresa y con la misma tuvo que salir del paso. “Su hijo está perfectamente. Es tan, tan… tan grande que… le… va a impresionar -resolvió como pudo-. Mejor vaya con su esposa que estaba preguntando por usted”. Y se esfumo enseguida. 

Horas después el destino volvió a cruzar los pasos del médico y del ansioso padre.

-Mi hijo, ¿cómo está, doctor? Dice mi mujer que le pregunte a usted, que se lo han llevado a la incubadora.El médico se mordía la lengua según trataba de averiguar en los ojos del hombre qué habría sucedido y de repente comprendió que seguía ignorándolo todo. Que su mujer era, además de una cabeza de chorlito, una cobarde. Y sintió tal empatía que tomó al hombre del brazo y le condujo a la maternidad. Al otro lado de la cristalera señaló hacia una cuna donde un bebé de piel como el chocolate dormía como un santo. 

-Ese no es mi hijo –balbució el padre.

-Legalmente sí, hasta que solicite la prueba de paternidad. Creo que debería hablar de esto con su mujer.

Pero el hombre giró sobre sus talones, enfiló la salida y todavía le están buscando.

  • ¡Compartelo!
  • twitter
  • delicious
  • facebook
  • compartir por mail

Comentarios recientes

No hay comentarios

Añade tus comentarios
  • Los campos marcados con "*" son obligatorios

Publicidad

Publicidad