Opinión / Hombres, modo de empleo

La ene con la o, no

Fecha: 07/05/2010
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José no quería entender de frases hechas, de refranes ni de advertencias tremendistas; se puso los pantalones de misa y tomó su único cinturón, colgado de un clavo, antes de calzarse sus deportivas. Cuando faena, siente el barro lamiéndole los pies, y eso le agrada, aunque se queden unas costras endurecidas que va dejando por el suelo igual que un reguero de señales preciosas. Humildad pero limpieza, insiste su mujer según barre el cemento sin levantar la vista.

Aquel día José iba a cumplir con el asunto que se le había metido entre ceja y ceja al escuchar a otros agricultores más instruidos comentar la noticia, entre vasos de aguardiente y frijoles recalentados. Sucedió en una taberna perdida en plena selva, de donde es él, porque allí en Brasil uno da un paso fuera de la ciudad y le come lo verde.

Lamentaban lo mucho que hay que trabajar para que prosperen los cultivos, lo cara que está la maquinaria, lo difícil que se hace encontrar mano de obra que prefiera el arado a la construcción… En fin, asuntos de agricultores a los que la globalización les acarrea problemas universales, cuando uno advirtió que a lo mejor había que presentarse a esas pruebas para ser cierto cargo del Gobierno y olvidarse de problemas. “¡Agente patrimonial, burro!”, corrigió entre sarcasmos el más listo.

A José se le abrió el cielo en dos mitades y la fisura alumbró una idea que nunca hubiera valorado hasta entonces. Hasta que había empezado a faltar el sustento porque tenía los riñones baldados y las rodillas crujían de tanto ir y venir del huerto con tan poco provecho. Guardó en su cabeza el día y la hora a la que se habían convocado las pruebas y ni siquiera advirtió a su mujer, que fregaba sistemáticamente un suelo repleto de lamparones para dejarlo con cierto lustre. “¿Vas al médico?”, espetó al observarle vestido de limpio y con olor a la colonia de los domingos.

—No, es que tengo que hacer un recado –sin dar más explicaciones, tomó la motocicleta y se fue a Ribeirão; o a la ciudad, por más que sea un pueblo grande, pero así es como a él le gusta llamarla.

En Ribeirão se precisaba cubrir 70 plazas de vigilantes para velar por la buena administración y el reparto de los terrenos municipales, y aquel día José era uno de los opositores. En una de las aulas del colegio, el agricultor se sentó en un pupitre repleto de chuletas y borrones de bolígrafo que nunca hubiera alcanzado a descifrar. Ni eso ni el papel que le pusieron delante, en el que hubo de escribir su nombre con trazos torpes tal y como sabía hacer, pero anotado con idéntica disciplina que quienes recitan el padrenuestro de corrido sin entender los misterios que esconde.

Los licenciados que recorrían los pasillos les explicaron antes que junto a cada una de las preguntas había varias opciones de respuesta identificadas con una letra. Claro que él entendía de letras: reconocía cada una de ellas a la perfección. Los trazos limpios y rectos de la E, la voluptuosidad en la S, el mundo que encierran los confines de la O, la casita perfecta de la A… ¡Otra cosa era juntarlas!

A voleo. Respondió el examen dejando que su puño fuese guiado por el azar, que en ocasiones da muestra de una sabiduría desconcertante y poco lógica; ese es el modo en que completó las respuestas a las 30 preguntas, que no leyó porque no sabía cómo hacerlo. El analfabeto entregó el escrito con el estómago anudado, no fueran a descubrir su secreto, puesto que los del ayuntamiento insistían mucho en que era preciso haber cursado la enseñanza obligatoria en esa selección, pero ¿y si no se daban cuenta? ¿Y si la ignorancia le hubiera hecho docto de repente aquella mañana?

José acertó 21 respuestas en su particular bonoloto, quedando en la posición 44; pero la suerte solo estuvo de su parte aquel día, los otros se tornó esquiva. En especial cuando hubo que seguir hablando de letras y los del ayuntamiento supieron que de ellas, como de mujeres, en realidad sabía bien poco.

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Comentarios recientes

  • Johan Sebastian Mastropiero 14/05/2010 13:25

    Sin ánimo de ensuciar su ensayo, su publicación me sugiere la moraleja; "zapatero a tus zapatos".
    La cuidada forma en que ha descrito al personaje, con tanto cariño y respeto, connota que la intención de su mensaje dista mucho de mi percepción sobre su texto.

    El acceso a la tecnología y a la información, sólo eficaces de forma sencilla y económica a través de la neutralidad de la red, son el único garante, mejor y única herramienta accesible del pueblo, que brinda a cualquier conato de inquietud y curiosidad, tengan oportunidad de extensión, documentación y participación activa.

    Ahora más que nunca, las ganas de aprender tienen un hueco de libertad y expansión en la red.
    Sucesión en cadena de enlaces hacia un conocimiento más lejano. Secuencias de nuevos interrogantes que nacen a cada respuesta. Luz detrás de cada bit.
    La belleza del baudio que Mentor hacía referencia en su conocido manifiesto.

    Aunque tenga usted pocos comentarios en esta sección, sus artículos son leídos y esperados.

    Sin acritud.

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