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Opinión / La parrilla de España

Fue bueno mientras duró

Fecha: 25/01/2018 Ramón de España. Ilustración de Carlos Rodríguez Casado.
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Me pasé la vida comprando la revista y haciendo méritos para que algún día me llamaran para ofrecerme escribir en ella.

Nací el mismo día que Interviú, un 22 de mayo, pero veinte años antes. O sea, que cuando salió a la venta el primer número yo era uno más de los miles de españoles atraídos por la oferta de la revista: información política, buenos reportajes y, ¿para qué negarlo?, fotos de mujeres hermosas, más o menos famosas, en diferentes grados de desnudez. Es decir, un hábil compendio de todo lo que el franquismo nos había hurtado durante su larga, ya que no ejemplar, trayectoria.

interviú  fue un éxito instantáneo y uno de los hitos periodísticos de la transición. En cierta medida, era como nuestro Playboy, y ambas revistas han acabado palmando más o menos al mismo tiempo: en Estados Unidos echaron el cierre nada más morirse su fundador, Hugh Hefner, a los 91 años; daba igual la larga carrera de Playboy, sus fotos históricas y sus relatos de lo más granado de la narrativa norteamericana contemporánea; los números no salían; habían dejado de comprarla los que leían libros, y los que solo querían encontrar fotos de mujeres desnudas habían descubierto que en la red existe una cantidad incontable de ellas. interviú también ha sufrido una maldición parecida. El sector rijoso de su parroquia se dio de baja y se metió en Internet, de donde todavía no ha salido. Mucha gente perdió la costumbre, a lo largo de los años, de comprar semanarios de información general (y particular, y especializada, y hasta diarios: acérquense a cualquier quiosco que no haya chapado y verán la cantidad de cosas absurdas que hay a la venta y que no tienen nada que ver con la prensa). Y yo añadiría que también se ha perdido el interés por los buenos reportajes, de los que esta revista ha publicado muchos a lo largo de su historia. Y por las columnas de opinión: mi peluquero me aseguraba que muchos clientes leían con agrado mi sección, pero era evidente que ninguno de ellos estaba dispuesto a dejarse ni un euro en el quiosco para convertirse en el feliz propietario de un ejemplar de la revista.

El cierre de interviú me resulta triste por diferentes motivos. Uno es personal: me venían muy bien mis emolumentos. Y otros son más generales, pues es la muerte de una manera de entender el periodismo y, sobre todo, el final de un ciclo social. Quienes consideraban a interviú un anacronismo, un superviviente inverosímil de la transición, se habrán llevado una alegría. O les habrá dado igual, como a esas personas que, al informarles uno de que colaboraba en la revista, comentaban con aire de suficiencia y una sonrisita lela, “Ah, ¿pero aún sale?”. La habían dado por muerta antes de tiempo, pero interviú seguía viva. Con dificultades y un poco de respiración asistida, tal vez, pero viva y con ganas de mejorar su salud.

En esto de la prensa, acabar colaborando en un medio del que previamente has sido lector es algo que nos suele hacer mucha ilusión. Me sucedió con el diario El País en los años 90 y también con interviú hace cuatro cursos. Me pasé la vida comprando la revista y haciendo méritos para que algún día me llamaran para ofrecerme escribir en ella. Cuando compraba el ejemplar de la semana, pensaba incluso que mi inversión monetaria de años tardaba un poco en ser recompensada convenientemente. De ahí mi alegría cuando Juanjo Fernández –redactor jefe que no tardó mucho en convertirse en amigo– me llamó para darme una sección, La Parrilla de España, que ustedes han tenido el detalle de leer durante estos últimos años (o no, pero no es el momento de echarle la bronca a nadie, ni siquiera a los que me leían gratis en la peluquería).

Corren tiempos muy inciertos para la prensa, especialmente la que aún se empeña en utilizar el papel. interviú ha aguantado hasta donde ha podido y ahora ya es historia reciente de este país. Su web, sin nuevos contenidos, se convertirá en un archivo que muchos deberán consultar para saber cómo fue la España de la transición y todo lo que vino después. Algunos la echaremos de menos porque nos hizo compañía durante más de cuarenta años.

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