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Opinión / Panorama de Comunicación

Sí que pudo ser de otra manera

Fecha: 25/01/2018 José María Noguerol
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Estaba dispuesto a escribir acerca de un teniente coronel, mandamás de la residencia universitaria para hijos, e hijas, de militares en Santiago de Compostela, que en otoño de 1976 me ordenó: “Despeje las paredes de su habitación de semejantes fotos de esa actriz traidora y roja”. Y cómo conocí, al verano siguiente, a un periodista que se llamaba Luis Cantero, cliente de Caixa de Cataluña y, por tanto, muy conocido del director de su oficina bancaria, que era a su vez padre de mi amigo barcelonés de la infancia. También quería contar cómo fui vecino, durante un par de años, en el barrio barcelonés del Putxet, de Xavier Vinader, recién llegado del exilio, y todavía pendiente de indulto tras haber sido condenado por unos reportajes publicados en esta revista. Tan solo tomamos juntos un par de tallats. Al mismo tiempo, recordar cómo el relaciones públicas Víctor Ayala le decía con efusión al primer director de interviú, Antonio Álvarez Solís, lo mucho que le gustaban sus artículos. Víctor era bajo, Antonio, alto como un poema, contemplé a ambos con admiración y respeto. Pero incluso daría cuenta de los trancos que dimos Camilo José Cela, el librero Arenas, el que esto escribe, y algún otro, desde la sede de no sé qué alcanforada institución coruñesa, en la que el futuro Nobel había dictado sus exabruptos, hasta el hotel Atlántico, donde el escritor pasaría la noche: “Joven, lo más divertido que he hecho en esta vida es escribir en interviú”. No debería olvidar tampoco lo mucho que me divertí con Antonio Pardo, periodista insigne de esta cabecera, en su querida Zaragoza, en su deambulado Madrid y, finalmente, y esa sí que fue la última, con una copa de coñá durante un carnaval de Las Palmas de Gran Canaria. Por allí andaba también, cómo no, Fernando Abizanda, que le hizo unas fotos estupendas al publicitario Teo Marcos, mientras yo lo entrevistaba para el que fue mi primer trabajo en esta revista, en 1996.

Podría escribir de todo eso y, desde luego, del día que tomé unos cafés con Antonio Asensio Pizarro, en un exquisito lugar de la Diagonal de Barcelona, mientras esperábamos a Álvaro Gil Robles, a mi maestro y compañero José Luis Giménez-Frontín, y a Mireia Sentís, directora del programa de TVE Dos en raya, cuya última entrega iban a protagonizar Gil Robles y Asensio. La tardanza de los demás me ofreció la oportunidad de estar a solas un tiempo con el editor más intuitivo y visionario que ha dado este país. Primavera de 1985.

Desde luego que podría aburrir a los lectores con todo eso. Pero no. Me limitaré a sentenciar: la historia de España, la historia del periodismo, nuestra vida, sí podía haber sido de otra manera en el caso de que no hubiera existido interviú. Por suerte, no ha sido así, y nos hemos divertido mucho, hemos sido más libres, y ahora más maduros, durante cuarenta y dos años.

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