Arrebatos de ternura
Fecha: 03/09/2010
Ilustración: Gustavo Otero
Uno. Luzbel pasó a la historia como el que dijo “no” a Dios. Ha ahí un buen comienzo narrativo. Desde entonces (si en su mundo existe el entonces) se ha mantenido en plena forma. Dios, sin embargo, ha envejecido un huevo. Pierde todas las partidas. El mundo actual, más que la creación de un ser bondadoso y bien intencionado, parece el resultado de un sueño luciferino. Lo irónico es que nadie responsabiliza a Lucifer del estado actual de las cosas. El responsable es Dios. Más aún: El ángel inverso goza entre los poetas de un prestigio del que jamás disfrutará el Todopoderoso, si llamarle de este modo, con la que está cayendo, no fuera una crueldad. De modo, querido Rubalcaba, que tampoco está mal pasar a la historia como el que dijo “no” a Zapatero. Decir “no” seduce, gusta, encanta, cautiva, embelesa. Decir “no” vende.
La realidad, que es una pesadilla, está mayormente construida a base de síes. Otro gallo nos cantara si se le acercara un poco el número de noes. Non serviam, no serviré, dijo astutamente Luzbel, que se olía la tostada. No tuvo más que ver a Dios para darse cuenta del mundo que pretendía construir. Si un servidor hubiera estado presente en aquella especie de reunión de vecinos que fueron los primeros instantes de la creación, le habría preguntado a Dios:
—¿Por qué ese empeño tuyo en crear seres con aparato digestivo?
Y es que hay que tener una mente enfermiza para inventar los intestinos. Y quien dice los intestinos dice todo el aparato respiratorio, incluso el locomotor. El presidente de mi comunidad propone algo parecido y se la carga, lo echamos, vamos, que no dura ni cinco minutos en el puesto. Non serviam, no serviré. No cuentes con nosotros para crear un mundo con todas las miserias de la carne. Ánimo, Gómez. No sabemos nada de ti, excepto que has dicho a ZP “non serviam”, no serviré, pero nos basta para que comencemos a prestarte atención. A ver ahora quién envejece antes, si Zapatero o tú. De Trinidad Jiménez no decimos nada porque ha comenzado la carrera cojeando, pobre.
Dos. “Quiero un hipercor con leche”, dijo la señora de la mesa de al lado al camarero.
—No tenemos hipercores con leche –respondió el mozo–, ni siquiera sabemos en qué consisten o qué aspecto tienen.
La señora se puso colorada, como si la hubieran pillado en un renuncio y rectificó:
—Perdón, quería decir un café con leche.
Nos sirvieron a la vez, a mí un gin-tonic. La señora estaba sola y era muy guapa, pero parecía un poco violenta. Supuse que esperaba a alguien que se estaba retrasando. Me produjo ternura, pero no era cuestión de decírselo. No está bien visto dirigirse a una desconocida para decirle que le produce a uno ternura. Entonces me vino a la cabeza el “non serviam” de Luzbel y decidí que tampoco yo me doblegaría a los usos sociales.
De modo que volví la cabeza y dije dirigiéndome a la mujer:
—Me produce usted ternura.
—¿Y eso? –preguntó sonriendo de tal forma que aumentó mi afecto.
—Por lo del “hipercor con leche”. Yo también cometo muchos errores verbales de ese tipo.
—Es por la edad –dijo ella–, me olvido de las cosas y utilizo palabras que no son. Ayer, después de comer, le dije a mi marido que iba a sentarme un rato a leer la sartén. Quería decir el periódico, pero me salió la sartén.
—Eso es porque los periódicos vienen casi todos con sartén. Se ve que asoció usted una cosa con otra.
—Muchas gracias, pero yo creo que es que se me va la cabeza.
—Se les va la cabeza a quienes regalan sartenes con los periódicos, no a usted.
La señora me dio las gracias de nuevo, se tomó su hipercor con leche, miró el reloj en un par de ocasiones y salió despidiéndose con un “hasta luego” conmovedor.
Tres. La pérdida de memoria tiene su encanto. Lo digo porque al quedarme de nuevo a solas con mi gin-tonic desplegué la sartén (perdón, el periódico) y leí que Rajoy había preguntado a Zapatero qué hacíamos en Afganistán. Se lo preguntó con ese gesto de ido que le sale a veces, cuando se le escapan los ojos hacia arriba. Pobre, fue él quien nos llevó allí y no se acuerda de las razones. Hombre, hombre, no es buen asunto olvidar que has encendido el fuego, pero no acordarse de por qué has llevado tropas a un país que está en el quinto coño tiene delito. Me produjo ternura también.


Comentarios recientes
No hay comentarios