Opinión / Papel mojado

Cosas de agosto

Fecha: 16/08/2010 Juan José Millás
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Ilustración: Gustavo Otero

Mi psicoanalista se ha ido de vacaciones a Buenos Aires. Yo no. Lo de Buenos Aires es una suposición, no porque sea argentina, sino porque es psicoanalista. Las psicoanalistas buenas, cuando mueren, van a Buenos Aires. Las malas, a Montevideo. Es un decir. Mi psicoanalista no es argentina; a lo mejor ni siquiera es psicoanalista, nunca se me ha ocurrido pedirle el carné. El otro día, por cierto, me detuvo la Guardia Civil de Tráfico en la carretera de La Coruña y me pidió el carné. Juro que no estaba seguro de tenerlo. Al final, lo encontré en la cartera, junto a una cartilla de puntos del periódico con la que espero obtener un juego de sartenes con la base de teflón. Estaba seguro de tener la cartilla, pero no el carné. Si no tienes carné, aunque sepas conducir, estás jodido. Si lo tienes, aunque seas un manta, te dejan seguir. Yo soy un manta, pero tenía carné (ni recuerdo dónde o cuándo me lo dieron), así que me dejaron continuar sin hacerme la autopsia, o la alcoholemia, ahora no caigo. Luego, mientras conducía en dirección al casino de Torrelodones, imaginé qué habría pasado si, en vez de pedirme el carné de conducir, me hubieran pedido el de psicoanalista. Me habrían puesto una multa, lógico, por no llevarlo. A lo mejor me habrían obligado a dejar el coche en el arcén y a regresar a casa por medios conductistas. La vida es muy confusa, no sabe uno nunca qué carné le van a pedir.
El caso es que mi psicoanalista se ha ido de vacaciones y yo no. Como la cabra tira al monte y el paciente al diván, los martes y los jueves, a la hora de la sesión, me acerco a la consulta y merodeo por los alrededores, por si mi psicoanalista hubiera fingido marcharse a Buenos Aires, pero continuara aquí. Descubrí entonces que el portero habitual había sido sustituido por otro más joven, de modo que me acerqué sin remilgos y pregunté por el otro.

—Se encuentra de vacaciones –dijo–, yo soy su sustituto.
Casualmente, el sustituto era argentino, de modo que, arrastrado por el tópico (el calor y la ginebra acaban con las neuronas), pensé que quizá sería también psicoanalista.
—¿No será usted psicoanalista? –pregunté.
—Sí, señor, pero llevo poco tiempo en España y no puedo ejercer porque no he convalidado todavía los títulos.
Quiere decirse que era un psicoanalista sin carné.
—No sabía –dije– que hubiera carnés de psicoanalista.
—No es exactamente un carné –dijo él observándome con desconfianza.
—¿Un diploma quizá? –pregunté.
—Tampoco exactamente.
—Yo soy escritor –dije–, pero no tengo título.
—Ya –respondió.
—Me fastidia –añadí– que no repartan títulos de escritor en ningún sitio porque mi padre daba mucha importancia a este tipo de acreditaciones.
—¿Le pasa algo con su padre? –preguntó entonces.
—Creo que le decepcioné. Él habría querido que estudiara una carrera, no sé, que tuviera un diploma, pero solo he conseguido el carné de conducir, y en una rifa.
—¿Y publica usted libros?
—Publico libros, sí, pero ya digo que sin título. Lo que pasa es que por publicar sin título no te ponen multas. Ni siquiera le hacen a uno la autopsia, o la alcoholemia. Puedes escribir una novela de 500 páginas completamente borracho sin control alguno. No hay una Guardia Civil de la escritura.
—Ya –dijo el portero-psicoanalista argentino.
Pero fue un ya que reconocí al instante, el ya de “continúe usted, que le escucho”, el ya que funciona a modo de coma o de punto y coma. Fue un ya porteño, un ya tranquilizador, un ya psicológico, de modo que seguí contándole los conflictos que había tenido con papá, que me los sabía de sobra porque se los había contado mil veces a mi psicoanalista de verdad. Estaba entrenado, como el que dice. Creo que jamás he narrado con tanta maestría la ambivalencia que sentía hacia mi progenitor, que era también mi competidor, pues yo estaba profundamente enamorado de mi madre (que además me correspondía), etcétera.
Total, que fue la mejor sesión que he tenido nunca, y con un tipo sin carné, ya ven ustedes para lo que sirven los carnés. Al terminar, quedé con él para el jueves, a la misma hora, y estoy deseando que llegue el día. El problema es que temo también el advenimiento de septiembre, pues creo que mi psicoanalista, tenga o no tenga carné, es peor que el portero sustituto.

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Comentarios recientes

  • jose 19/08/2010 22:22

    señor millas me encanta como escribe pero a veces articulos como este me aburren mucho (qué demonios querrá decir me aburren) porque suena a equino...

    Comentario fuera de tono

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