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Opinión / Papel mojado

Descansemos en paz

Fecha: 25/01/2018 Juan José Millás. Ilustración: Fernando Vicente.

Salta una alarma de internet, acudo corriendo a ver qué pasa y lo que pasa es que cierran la revista. La realidad como francotiradora.

Lunes. Me levanto pronto para escribir el artículo de interviú. Lo llamo artículo, pero es un diario. Un diario falso. Eso es lo que me dije cuando comencé esta sección: voy a escribir un diario falso. ¿Por qué falso? Porque la realidad me sonroja. Macron y Trump se maquillan (con cargo al erario, por cierto) porque les da miedo la realidad. Venimos huyendo de la realidad desde la Prehistoria. Pero la realidad siempre nos alcanza. El cierre de interviú es una de las formas de la realidad que acaba de alcanzarnos. 

Pero a lo que iba: que me levanto pronto, reúno las notas de la semana, las ordeno, repaso el texto una vez, dos, tres veces, y tras la cuarta relectura se lo envío a Fernando Vicente, el ilustrador. Fernando Vicente ha comprendido que mis artículos son un cuerpo, un corpus, con sus jugos biliares y su colon y su intestino grueso. Un sistema más o menos linfático, en fin, de modo que siempre me regala dibujos orgánicos. Dibujos orgánicos geniales, para decirlo todo. A veces pienso que escribo para él, para ver qué se le ocurre esta semana. Y jamás me decepciona. No es que ilustre mis artículos, es que les hace una colonoscopia. Supongo que los lee despacio, después se inclina sobre su mesa de trabajo y va introduciendo el lápiz (o lo que quiera que utilice) por las entrañas de mi texto señalando sus pólipos, sus ganglios, sus rugosidades, sus escrófulas (signifique lo que signifique escrófula). Muchas gracias, Fernando.

Y bien, he aquí que a las dos horas de enviárselo, salta una alarma de internet, acudo corriendo a ver qué pasa y lo que pasa es que cierran la revista. Dios mío. Clausuro la alarma y empiezan a saltar otras que verifican la anterior. La realidad como francotiradora.

Martes. Repaso, por nostalgia, algunas zonas del falso diario que llevo escribiendo desde hace varios años para interviú, y resulta que no es un falso diario. Lo de “falso” es un maquillaje inverso para no reconocerme en ese neurótico que relata sin pudor alguno sus ardores gástricos o sus sesiones psicoanalíticas, tumbado en un diván que tiene las dimensiones rectangulares de su tumba. Ese loco que habla de su perplejidad frente al arte. Ese impostor que acude al taller de escritura con el miedo de que sus alumnos descubran al fin que no tiene ni idea de aquello de lo que discute. Ese esquizofrénico (corazón roto) que siempre se encuentra con la cabeza en un sitio y con el cuerpo en otro. De falso diario, nada. Ahí estoy yo, ahí está mi lengua y ahí están mi hígado y mis pulmones y mi estómago con su nudo de angustia habitual. Para desnudo de interviú, el mío.

Miércoles. He hablado con Alberto Pozas, nuestro director, y con Luis Rendueles, nuestro subdirector. Nos damos el pésame mutuamente y quedamos en comer tras los funerales. Pozas y Rendueles me llevan a comer de vez en cuando a restaurantes de mucha verdura y mucha carne roja, como si me vieran desnutrido. Mientras comemos, hablamos de la vida. La vida es la vida, o sea, los problemas mentales. Todos tenemos problemas mentales que se resumen en los problemas de la realidad. A los tres, de un modo u otro, nos ha alcanzado la realidad varias veces a lo largo de la existencia. A mí, como soy el mayor, más. Más veces, no necesariamente con mayor crueldad. Como en el restaurante lo conocen, Pozas se trae el vino de casa. De este modo probamos caldos excelentes sin que la factura se ponga por las nubes. Sus economías me recuerdan a mi madre. El vino y la conversación me alivian hasta el punto de que, tras comer con ellos, dedico el resto de la tarde a la meditación. Les debo el yoga.

Jueves. Hablo con Marisol Romero, que lleva las cuestiones prácticas de la revista y cuando estoy a punto de darle el pésame, dice que no me preocupe por mis facturas pendientes. ¿Cabe entereza mayor cuando la realidad te está pisando los talones? ¿Cabe valentía mayor que la de unos profesionales que sacan adelante un número de una revista de la que están despedidos? Pues no, no cabe. R.I.P.

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