Estamos rodeados
Fecha: 02/08/2010La amenaza de privatizar el tráfico aéreo por parte del ministro de Fomento (y del Gobierno, en definitiva) nos sume en la perplejidad. Viene a ser como decir: si no funcionas, te privatizo. Pero también: si no soy capaz de gestionar este asunto, se lo vendo a las Koplowitz (por poner un ejemplo). Un socialista debería tener más fe en lo público, por Dios. La vía tomada por José Blanco conduciría, en buena lógica, a la privatización del Consejo de Ministros, cuyos reflejos dejan bastante que desear desde hace meses. Ahora comprendemos por qué no se nacionalizó, en parte al menos, la banca cuando comenzó la crisis. Comprendemos también el porqué de la liberación de las cajas de ahorros, que eran grumos de Estado en un océano de capital.
El Estado ha perdido la confianza en sí mismo. “No valemos para nada”, ha venido a decir Blanco. Que vengan los de Construcciones y Contratas (es otro ejemplo) a sacarnos del lío porque nosotros no tenemos ni idea de cómo se hace. Dele usted a un Estado todo lo que venimos dándole a este con nuestros impuestos (un ejército, una Iglesia, un cuerpo de abogados, de jueces, de fiscales, etcétera), para que a la hora de la verdad tenga que venir un particular a sacarle las castañas del fuego. Un Estado que no es capaz ni de que los aviones lleguen a la hora no es un Estado ni es nada, por favor. Y si nadie ha reaccionado con estupor frente a la salida de pata de banco del ministro, es porque en lo más hondo estamos de acuerdo en que este Estado tiene la autoestima por los suelos. Lo comprendo perfectamente porque yo mismo soy muy autodestructivo, siempre creo que el vecino hace las cosas mejor. Me detesto, en fin, me cago en mí todos los días nada más levantarme de la cama. De hecho, cuando suena el despertador, abro los ojos diciendo: a ver si hay suerte y hoy no soy yo. Pero soy yo todos los días de mi vida, lo que resulta, con toda franqueza, insoportable. Si pudiera venderme a alguien que tomara las decisiones por mí, lo haría a ojos cerrados. Pero yo soy un particular. Yo no hago daño a nadie con mis tendencias autodestructivas. Un Estado deprimido, en cambio, puede acabar con una población entera de gente normal.
Si vamos a ello, es cierto que este Estado tiene razones para pensar mal de sí mismo (recuerden, por señalar solo una cosa, los cuatro años que el Constitucional ha necesitado para redactar los 800 folios de la sentencia sobre el Estatut). Entendemos, pues, que se deteste, que se quiera pegar un tiro, que prefiera meterse en la cama y no salir de ella hasta que pase la tormenta. Todo eso es normal en una situación de depresión profunda como la del Estado español. Pero venderse a una empresa privada, y desde el socialismo, es peor que deprimirse: es renunciar a uno mismo, a las propias raíces, a su esencia. Imaginen que el Vaticano amanece un día con el ánimo por los suelos y decide entregar su gestión empresarial al diablo (si no lo ha hecho ya, a la vista de Marcial Maciel y otros). Quedaría raro, ¿no? Pues más raro resulta que un socialista pida socorro a Construcciones y Contratas (ustedes perdonen, pero es que no me viene ahora mismo otra empresa a la cabeza).
Y eso que el capital, ahora mismo, tampoco está demostrando una gran eficacia en sus cosas. Es más, muchos trabajadores de la empresa privada parecen funcionarios públicos (en el mal sentido de la palabra, se entiende). Ayer mismo estaba un servidor en el supermercado, cuando descubrió unas cebollitas pequeñas muy interesantes.
—¿Estas cebollas son para ensalada o para guisar? –pregunté a una empleada que se encontraba cerca.
La chica me respondió, muy ofendida, que si la había tomado por su madre.
—Yo soy una reponedora –añadió–, pregúnteme lo que quiera de logística.
De modo que lo del buen funcionamiento de la empresa privada es un mito. Fíjense, si no, en el modo de actuar de las compañías telefónicas, que para darte de baja te piden siete certificados de nacimiento y otros siete de defunción. El martes llamé a mi empresa de seguros para hacer una consulta y me respondió una cinta: si quiere esto, marque el uno; si lo otro, el dos; si lo de más allá, el tres… Cuando íbamos por el número diez, colgué desalentado. Me habría dado de baja en ese instante, pero pensé que me pedirían sellos y timbres que nadie sabe dónde se consiguen. Total, que por un lado tenemos un Estado que se desprecia y, por otro, una empresa privada que nos desprecia. Estamos rodeados.






Comentarios recientes
Pensándolo bien Millás, se debería "habilitar a militares" para administrar el Estado, las Autonomías y las Locales. Ya puestos.
Soy bombero funcionario de una administración local y me toca "la fibra" que se hayan inventado la UME (Unidad Militar de Emergencias), que están haciendo servicios civiles.
Para colmo, y después del 5% que el Estado me descuenta, la Adm. Local nos pide hacer 8 jornads de 24h más al año, por "decretazo", y menos 28% en horas extras. Socialistas ellos también, ¡JA!.
NOTA: a mí me descuentan un 24% de IRPF, osea 3 meses trabajados para el Estado/año.
Nos pagan las extras un 28% menos, y al resultado un 24% de IRPF. Así nos va.
Pero igual cobraba demasiado por haber pasado una oposición con concurso, pruebas físicas, teóricas y psicotécnicas, curso formación y año en prácticas. Y cada vez que salimos a un servicio es porque la cosa está muy malita y exigen que actuemos como "superhombres".
Y estará de acuerdo conmigo en que la persecución mediática ejerce aún más presión a un trabajo en el que la atención y concentración no puede disiparse por que anden tocando "los cojones" con las condiciones laborales. Y más aún por imposición, sin negociación.
salu2
Comentario fuera de tono
Pensándolo bien Millás, se debería "habilitar a militares" para administrar el Estado, las Autonomías y las Locales. Ya puestos.
Soy bombero funcionario de una administración local y me toca "la fibra" que se hayan inventado la UME (Unidad Militar de Emergencias), que están haciendo servicios civiles.
Para colmo, y después del 5% que el Estado me descuenta, la Adm. Local nos pide hacer 8 jornadas de 24h más al año, por "decretazo", y menos 28% en horas extras. Socialistas ellos también, ¡JA!.
NOTA: a mí me descuentan un 24% de IRPF, osea 3 meses trabajados para el Estado/año.
Nos pagan las extras un 28% menos, y al resultado un 24% de IRPF. Así nos va.
Pero igual cobraba demasiado por haber pasado una oposición con concurso, pruebas físicas, teóricas y psicotécnicas, curso formación y año en prácticas. Y cada vez que salimos a un servicio es porque la cosa está muy malita y exigen que actuemos como "superhombres".
Y estará de acuerdo conmigo en que la persecución mediática ejerce aún más presión a un trabajo en el que la atención y concentración no puede disiparse por que anden tocando "los cojones" con las condiciones laborales. Y más aún por imposición, sin negociación.
Salu2.
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