¿Para qué sirve el sueño?
Fecha: 03/03/2011
Ilustración: Gustavo Otero
Sábado. Cuando vuelvo de comprar el periódico, dando un rodeo para retrasar el placer de leerlo, se acerca a mí una chica adolescente con los ojos enrojecidos.
—Disculpe, señor –dice–, ¿no habrá visto un perro negro y blanco, de este tamaño?
Le respondo que no y me cuenta que se le ha escapado a su padre, que lo sacó a pasear a primera hora, antes de ir al trabajo. Le digo que lo siento y le aconsejo que lo busque en los lugares por los que suelen ir con él, pues es un animal de costumbres. La chica se aleja llorando y me deja extrañamente conmovido.
Más tarde. Salgo antes de comer, contra mi costumbre, a dar un paseo con la loca esperanza de encontrar el perro de la joven. Me pregunto qué haré si doy con él, pues no sé dónde vive. Pero no ocurre.
Domingo. ¿Para qué sirve el sueño? Tal es la pregunta que de vez en cuando aparece en los suplementos de ciencia de los periódicos. Hay un acuerdo general en el sentido de que no se sabe. Para mí el sueño son los ruidos que llegan del otro lado del tabique, donde habita una parte de mí a la que no tengo acceso. Al dormirme pongo el oído en esa pared que nos separa y me llegan sonidos inarticulados, frases sueltas, golpes cuyo significado ignoro y que llamamos sueños. Me resulta entretenido –a veces estremecedor– escuchar todo ese jaleo que provoco yo mismo.
Lunes. Ayer, después de comer, tuve un ataque de frío metafísico. Lo llamo así porque no venía de ninguna parte y venía de todas. Nació en el vientre y desde allí se extendió por el resto del cuerpo. Me envolví en una manta eléctrica, cerré los ojos, y decidí perecer. A las dos horas resucité sudando. Pero no me encontraba bien. Tampoco mal. Me notaba raro, otro. Entonces tuve la revelación de que todo lo que ocurría aquí sucedía al mismo tiempo en otra parte. Yo estaba sucediendo en otros lugares. Por la noche, al acostarme, pensé que hoy me levantaría enfermo, quizá con gripe, pero he amanecido bien (en esta dimensión al menos).
Mientras desayunaba, he pensado que no sólo estoy sucediendo en otros lugares, sino que he sucedido ya en otros momentos del pasado y del futuro. La idea me agota por lo que hay en ella de repetición, de noria, de círculo vicioso.
Martes. Tengo una sensación de irrealidad permanente debido, según el fisioterapeuta, a un problema de cervicales. Por lo visto, el pinzamiento de una arteria puede provocar una falta de riego que se traduce en esa impresión de que las cosas no suceden sino dentro de mi cabeza. Ayer, por ejemplo, estuve comiendo en la casa de un amigo que tiene cinco perros. Son animales pequeños, cariñosos, dependientes. Mientras comíamos, uno de ellos mordía, por jugar, los bajos de mi pantalón vaquero. A mí, quizá porque cuando nos sentamos a la mesa ya había bebido un par de vasos de vino, me hacía gracia, de modo que no me quejé. Tras la comida tuvimos una larga conversación sobre osteópatas, asunto que ni conozco ni me interesa. Al marcharme, mi amigo me prometió que cuando sus perros tuvieran descendencia me regalaría un cachorro, cosa que no deseo.
Ya en casa, recordando la comida, me parecía que había sido el resultado de un sueño. Sin embargo, no sé si también por culpa de las cervicales, recuerdo algunos sueños como si lo que ocurría en ellos hubiera sucedido en la realidad: el de esta noche, por ejemplo, aunque trataba de extraterrestres. ¡Qué raro que los amigos se conviertan en pesadillas y las pesadillas en realidad! El fisioterapeuta, con el que de momento sólo he hablado por teléfono, viene esta tarde a casa, para diagnosticarme, quizá para darme un masaje. De momento, la conversación que he mantenido con él me parece irreal. A ver qué pasa, pero tendría gracia que fuera un fisioterapeuta marciano.
Por la noche. El fisioterapeuta vino, desplegó una camilla, me tumbé y me quitó el pinzamiento mientras me hablada de su mujer, que está embarazada. Al irse, me di una vuelta por la casa y comprobé que se me había pasado la sensación de irrealidad. Pero ahora todo me parecía hiperreal, especialmente la nevera y el cuchillo de cortar jamón.






Comentarios recientes
No hay comentarios