Opinión / Papel mojado

Paramnesia reduplicativa

Fecha: 06/07/2012 Texto: Juan José Millás / Ilustración: Gustavo Otero
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Martes. Sueño que voy a comprar el periódico y que cuando llego al quiosco, en vez del vendedor habitual, está atendiendo una chica, a la que no conozco. Se trata de una joven que viste una camiseta muy ligera en la que se marca, a modo de una nervadura delicada, su ropa interior. La nervadura me recuerda a los entramados de capilares que se distinguen en las hojas secas de los árboles. Advierto entonces que la belleza que posee, intensísima, es también muy inestable, muy volátil, que diría un economista. No sé por qué se me ocurre el adjetivo volátil, que solo se aplica a determinados compuestos químicos y a ciertos comportamientos de la Bolsa. El caso es que, de súbito, la belleza, como una nube que se deshilacha, desaparece del rostro de la joven sin que ella parezca darse cuenta. En su versión fea, es horrible. Pero lo más curioso es que no ha sido necesario realizar grandes cambios. Su fealdad estaba tan cerca de su belleza (y al revés) que bastaba un ligero movimiento del rostro para que aparecieran una o la otra. Me vienen a la memoria dos hermanas a las que conocí hace años, en mi primer trabajo, y que, pareciéndose mucho, muchísimo, una era muy guapa y la otra era un horror.
 

Miércoles. He vuelto a soñar, esta vez con una cebra sin rayas. Hacía meses que no soñaba y ahora sueño dos días seguidos. Lo atribuyo a que llevo una semana tomando dos cápsulas de triptófano al día. Oí hablar del triptófano por primera vez en la terraza donde tomo, desde que llegó el verano, el gin-tonic de media tarde. En la mesa de al lado, una señora se lo recomendaba a otra.
—Dos cápsulas de triptófano al día y duermes como Dios.
En ese mismo instante saqué el móvil, entré en la Wikipedia y busqué la palabra. El triptófano, decía el artículo, es un aminoácido esencial en la nutrición humana. Se clasifica entre los aminoácidos hidrófobos y es esencial para promover la liberación del neurotransmisor serotonina, involucrado en la regulación del sueño y el placer. Me faltó tiempo para apurar el gin-tonic, pagar e ir en busca de una farmacia.
—¿Qué desea?
—Un compuesto cualquiera que tenga triptófano.
—Ah, el triptófano. A mi madre le ha cambiado la vida.
Comprendí que estaba de moda, como en su día la melatonina, y me llevé dos cajas. El prospecto aseguraba, en efecto, que el triptófano aumenta la sensación de bienestar. Ya digo, llevo una semana tomándolo y estoy de mejor carácter porque duermo mejor. Y porque sueño. Siempre me ha parecido que soñar, o recordar lo que has soñado, era un síntoma de salud.

Jueves. Navegando por internet en busca de otra cosa, tropiezo con un artículo sobre la paramnesia reduplicativa. Se trata de un trastorno por el que su víctima cree que un escenario que le es familiar ha sido duplicado en otro sitio, de forma que hay dos escenarios idénticos, separados entre sí. En cierto modo, tiene que ver con la teoría de los mundos paralelos. Recuerdo un verano de mi infancia, o de mi primera adolescencia, en el que un día me levanté convencido de que mi casa no era mi casa, sino una copia perfecta de ella, lo mismo que mis padres y hermanos. A estas alturas de la vida, no sabría decir si se trató de un juego que se me ocurrió para combatir el tedio de aquellos días eternos o si realmente llegué a creer lo que he descrito. El caso es que, para sobrevivir, tenía que fingir que no me había dado cuenta del cambio, lo que significaba tratar a mis padres como si fueran mis padres y a mis hermanos como si fueran mis hermanos. Me aplicaba tanto a la tarea que al final acababa siendo sospechoso.
—¿Te pasa algo? –preguntaba mi madre cuando me dirigía a ella como si fuera mi madre.
—No, nada, ¿por qué?
—No sé, te noto raro.
¿Padecí de pequeño de paramnesia reduplicativa? Ni idea. Pero lo cierto es que la sensación no me abandonó del todo nunca. Con frecuencia, tengo la impresión de vivir en un mundo que es copia de otro, de otro al que yo pertenecía y que por una rareza he perdido para siempre. Si me fascinan las ciudades latinoamericanas, es precisamente por lo que tienen de copia o duplicado de las nuestras.

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Comentarios recientes

  • fCO 15/07/2012 14:26

    Juan JOsé Millás es GENIAL

    Comentario fuera de tono

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