Opinión / Papel mojado

Perderse dentro del sistema

Fecha: 02/07/2012 Texto: Juan José Millás / Ilustración: Gustavo Otero
  • Valoración
  • Actualmente 4 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 4 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

Miércoles. Cuido a veces de una vecina de seis años cuyos padres me la confían para ir al cine o salir de compras. Es una cría muy autónoma y da poco trabajo. Le gusta hurgar entre mis fetiches, pero no rompe nada. Si se pone muy pesada, la envío al jardín, a recoger hojas del pino que ensucian el césped. Ayer, desde la ventana de mi cuarto, la vi observando el estanque con una atención especial, algo ansiosa.
—¿Qué ocurre? –grité.
—¡Ven! –dijo.
Bajé para averiguar qué pasaba. Había caído al agua una mariposa que se debatía en su superficie intentando escapar. Me pareció milagroso que no se la hubiera comido todavía ningún pez, especialmente uno japonés, de un palmo y medio de largo, que compré esta primavera. Es un pez amarillo, de modo que parece un lingote de oro deslizándose por las profundidades. Comprendí que la niña quería y no quería que los peces acabaran con el insecto. Quería porque ver comer a los peces es un espectáculo y no quería porque una mariposa es una mariposa. A veces, buscamos debajo de las piedras lombrices que las percas se comen como si fueran espaguetis. Pero las lombrices son gusanos, y los gusanos, en nuestra cultura, carecen de consideración. Tomé un palo, lo acerqué a la mariposa y pregunté.
—¿La salvamos o no?
—Sí –dijo la niña tras una vacilación.
Extraje la mariposa del agua y la deposité con cuidado sobre la mesa de jardín, para que se secara y emprendiera el vuelo.
—Acércate a ella –dije a la niña– para que se quede con tu cara. Como le has salvado la vida, te protegerá durante el resto de tu existencia.
La niña se lo creyó o fingió que se lo creía.
 

Jueves. Dimisión de Dívar. Dice que se va por lo que se va, pero que no tiene conciencia de haber hecho nada malo. No se da cuenta de que eso es más grave que mentir. Los psicópatas son incapaces de sentirse culpables por eso mismo, porque no tienen conciencia. A uno le gustaría centrarse en su estanque, en sus novelas, en sus recetas de cocina, pero la realidad política, atroz, no le deja. Váyase en paz, señor Dívar, y olvídenos. Le perdonamos las cenas y las facturas de los hoteles, entre otras cosas porque el fiscal general no ve delito donde es evidente que lo hay. ¡Cómo se tapan unos a otros! Hoy por ti, mañana por mí. Asco.

Viernes. Después de Altamira, según Picasso, todo es decadencia. Estoy de acuerdo. El hombre de las cavernas evolucionaba correctamente hasta que se le ocurrió alicatar las paredes de la cueva. El alicatado constituyó un retroceso de proporciones bíblicas. He recuperado el placer de leer poesía. Abro al azar un libro de una tal Louise Glück y tropiezo con estos versos: “Tuve un sueño: mi madre caía de un árbol. Después de su caída murió el árbol”.

Sábado. Me levanto muy temprano, decidido a trabajar todo el día en una novela que tengo atascada. La acción de las novelas se atasca a veces como la acción de la vida. Se cala, podríamos decir, como el motor del coche. La realidad está llena de existencias caladas, de vidas que no arrancan, y no porque sus propietarios no den una y otra vez a la llave. Me levanto muy temprano, digo, enciendo el ordenador, repaso lo escrito y me vengo abajo. Hay algo, que no logro ver, fuera de sitio. Abandono el ordenador y merodeo, desanimado, por la habitación. En esto tropiezo con un libro que acabo de recibir y cuya portada me llama la atención. Me siento, lo abro, leo las primeras líneas y ya no puedo abandonarlo. Es de Miranda July, una escritora norteamericana, y se titula Te elige. Un día, ojeando (u hojeando, a gusto del consumidor) los anuncios de una publicación gratuita, Miranda July dio con un reclamo en el que se ofrecía una cazadora de cuero por diez dólares. De súbito, se preguntó por la vida del dueño de esa cazadora y fue a verle. Luego hizo lo mismo con otra persona que vendía cachorros de lince y con otra que vendía renacuajos y con otra que vendía una maleta grande… El resultado es estremecedor. Un conjunto de vidas normales que resultan absolutamente excepcionales, como sacadas de una novela. Gente que vive perdida dentro del sistema. Como uno mismo.

  • ¡Compartelo!
  • twitter
  • delicious
  • facebook
  • compartir por mail

Comentarios recientes

No hay comentarios

Añade tus comentarios
  • Los campos marcados con "*" son obligatorios

Publicidad

CUÉNTANOS

Publicidad