Tonto el último
Fecha: 09/08/2010¿De qué hablamos cuando hablamos de toros? Ni idea, la verdad (¿o debería, dada la confusión reinante, escribir la berdad?). La palabra verdad, escrita, con be, parece una mentira, del mismo modo que el término higiene, sin hache (igiene), resulta sucio. Ni idea, en fin, de lo que hablamos cuando hablamos de toros. Que todo un señor con estudios, como Montilla, diga que ha votado a favor de las corridas porque cree en la libertad suena a ultraje. Oiga, no nos insulte usted, que no somos completamente tontos. ¿Acaso, en nombre de la libertad, hay que permitirlo todo? Quizá quiso decir, cuando hizo esas declaraciones, que estaba a favor de la livertad, con uve de voto. A ver si se me escapa algún elector por el dichoso flanco taurino, pensaba mientras elegía la corbata de ese día. Ya está, se dijo, votaré que sí y lo haré público con la coartada de que estoy a favor (o a fabor) de la libertad (o de la livertad, qué más da). De ese modo, mataba usted dos pájaros de un tiro, pues no decía ni que sí ni que no a la fiesta nacional, intentando así dar por supuesto que era igual de animalista que de antianimalista.
En esta historia, no ha habido otra cosa que mezquinos cálculos electorales. ¿Por qué Pepe Blanco dijo que el domingo siguiente a la prohibición lo encontrarían en los toros? Porque tampoco se quería perder el voto de los taurinos. Este hombre se pasa el día analizando encuestas y sabe que la asociación entre españolismo y toros es real. Si tiene que elegir, por tanto, entre los votos de los españolistas y los de los animalistas, se queda con los de los españolistas, que son más numerosos. Hubiera pasado lo mismo en un debate acerca de las moscas. ¿Moscas sí o moscas no? Moscas, sí, que la mosca es un animal muy español (forma parte esencial de las corridas). Rajoy es el que más entiende de españolismo entre los políticos actuales, por eso se decantó desde el primer momento a favor de las corridas. Los dirigentes del PP tendrán dudas acerca de la reforma laboral, de la guerra de Afganistán, del cinturón de seguridad, de lo que ustedes quieran, pero si les preguntan por las moscas o por los toros, se declaran a favor, incluso con cierta violencia, porque saben (o creen saber, no hay datos fiables en ninguna dirección) que el españolismo da más votos (o botos, en la medida en que están llenos de sangre) que el animalismo. Los toros, en fin, se han convertido en un asunto fronterizo, por eso las discusiones en torno a su pertinencia resultan un tanto border line, es decir, un tanto idiotas. Las declaraciones de los políticos, durante estos días de calor sofocante y cólera protaurina, evocaban el discurso de El ruido y la furia, la novela de Faulkner. El mundo contado por un idiota.
Quiere decirse que en este debate los únicos sinceros, por ingenuos, son los animalistas, a los que solo mueve el amor a las bestias. Pese a los cálculos electorales de unos y de otros, es posible que el reino de los cielos sea, finalmente, de los ingenuos. Ernesto Sábato contaba en un libro que cuando era pequeño cazaba, en compañía de sus amigos, pájaros a los que sacaban los ojos para a continuación dejarlos libres. Los pájaros iniciaban un vuelo errático (quizá un buelo herrático) hasta que se agotaban dejándose caer, muertos, en cualquier sitio. De aquella experiencia nació el Informe sobre ciegos que incluiría en la novela Sobre héroes y tumbas. En cualquier caso, se percibía en el narrador de aquellas atrocidades un sentimiento de culpa que arrastraría el resto de su vida.
En las primeras corridas llevadas a cabo tras la prohibición catalana, se ha guardado un minuto de silencio, como si se hubiera muerto alguien. Por primera vez en su historia, la lidia parecía un funeral, es decir, parecía lo que era, ya que se trata de una fiesta cuyo centro es la muerte. No deberían quejarse tanto los taurinos. Después de todo, el Parlamento catalán ha prohibido algo que apenas existía ya. Las corridas de toros, abandonadas a su suerte, habrían durado cuatro o cinco años. Constituían un hecho residual. La prohibición les ha dado una inyección de vida, pues jamás se había hablado tanto de los toros. Por otra parte, cuando la fiesta nacional perezca (manda huevos llamar fiesta nacional a esa ejecución con estoque y moscas), podremos echar la culpa de su desaparición a los catalanes. No hay cosa, como todo el mundo sabe, que a un español-español le guste más (después de una buena corrida, se entiende) que meterse con los catalanes (Pujol, enano, habla castellano). Ahí tienen a los catalanes, una vez más, a su disposición. Tonto el último en insultar.
¡Cómo somos!


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Primero escribe VERDAD con V y no con b como haces en la segunda línea.
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