Opinión / Por la cara

De tatuajes

Fecha: 18/06/2010 Ángel-Antonio Herrera
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Ya metidos en faenas del Mundial, lo que va quedando claro es que los futbolistas, por encima o por debajo de sus nacionalidades, son un equipo planetario de tatuados. Los tatuados vienen a ser una mitad, o más, de los peloteros en competición, centrocampista arriba, delantero abajo, con lo que ya podemos arriesgar que el gol definitivo de la final de Sudáfrica lo meterá un mozallón con tatuaje. Ojalá sea Fernando Torres, que es todo un muestrario de adornos tribales, por cierto. No hace falta fijarse mucho para comprobar cómo las últimas generaciones de futbolistas vienen con el tatuaje incorporado, desde alevines, y eso pasa también en las generaciones de los que no son futbolistas, chicos y chicas. Ya glosamos aquí a las tatuadas famosas, la semana pasada, y nos faltaba la selección nutrida y numerosa de machos tatuados, que va de Cristiano Ronaldo o Sergio Ramos hasta llegar a Materazzi o David Beckham, que resultan un mapa muy sobrado de estas artesanías de la tinta. El tatuaje ya no es un estigma lumpen, sino una alhaja de millonarios que a veces también tienen el vicio del pendiente o pendientito. El fútbol no cambia mucho, pero los futbolistas sí. Antes, la furia hispánica se decoraba con una melena dura y deshecha, de ligón de Torremolinos, léase Juanito, o léase Camacho, y ahora la Roja se lo monta de mucho tatuaje de estrella del rock que no toca la guitarra, pero galopa a fondo la banda. Hoy, los aseados chavalotes del fútbol van de metrosexuales y se miran mucho en la pantalla del estadio, a ver si salen peinados, cuando rematan. Pero hoy, sobre todo, los guaperas del balón se tatúan a granel, y es de deducir que no solo quieren posar de duros, sino que también lo son. Lo que vengo a decir, como espectador del show futbolístico que nos traemos, es que el Mundial se divide en álbum de tatuados, macizas en la grada y los partidos propiamente dichos. Luego está el coñazo ese de las trompetas, que se oyen en tres dimensiones. Los publicistas, que andan siempre muy al loro, han logrado muy impactantes campañas en torno al Mundial y sus atletas.
Pero aún no hemos visto el spot del batallón de tatuajes que son las estrellas de este deporte, que coleccionan tatuajes como coleccionan Porsches. En el hatillo de la expedición, han metido todos su ajuar de tatuajes, y ya los iremos viendo en toda su plenitud, cuando se quiten la camiseta de meter el gol decisivo. Robben, Drogba, Puyol, Maicon. Villa, Agüero o Cannavaro. Todos son del equipo sin equipo de los tatuados. Nos salen más tatuados que no tatuados. Otra cosa es que los tatuados metan miedo al contrario o solo sirvan para embelesar a las minifalderas de turno del alterne del fútbol. Que, por cierto, también llevan su correspondiente tatuaje.

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