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Opinión / Por la cara

Dos clásicos andan sueltos

Fecha: 09/12/2014 Ángel Antonio Herrera
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Concha Velasco ha bordado el papel de su oficio. Acaba de cumplir años, y de sacar memorias biográficas, que es un modo de cumplir eternidad. Raphael, otro eterno, está de mozo de éxito en la Gran Vía madrileña, durante un mes que es su mes, diciembre, desde hace siglos, cuando inventó El tamborilero. He aquí dos ejemplos de dos españoles sonoros, que triunfan por no aburrirse, pero, conviene recordarlo, más allá del asunto del pequeño Nicolás, por ejemplo, ese niñato, o de las últimas novedades de la Pantoja en la trena, que no son sino chismes de sus plañideras de plató. El pequeño Nicolás es un bocarán que acaba quizá en el trullo o quizá en un reality, y Pantoja es una señora que ejerció de alcaldesa consorte y folclórica de la capital del trinque, y ahora el pasado le ha llegado hasta el mismísimo porvenir. Las memorias biográficas de Concha se titulan El éxito se paga, y ahí habla de Paco Marsó, obviamente. Dice Concha que le echó, porque “estaba cansada de que viniera tarde, o de que no viniera, y de que, cuando lo hacía, muchas veces durmiera en el pasillo”. Quizá Concha me lo niega mañana, pero yo apuesto a que habla del hombre más importante de su vida. A mí la historia me la abrevió a su modo el propio Marsó, desde un dolor que le duró siempre: “Yo creo que Concha soportó muy mal que un mierda como yo pudiera dejarla”. Da igual, a estas alturas, quién lleva o no lleva mayor verdad rememorando un matrimonio, que suele ser causa de divorcio, más tarde o más temprano. Concha ha sido siempre una actriz sin respiro en la agenda, y Paco un ligón sin descuido que se acabó buscando empleo rápido y postrero en las portadas, entre hijas detenidas y novias de trópico.
Vuelve Raphael por Navidad, aunque Raphael nunca se ha ido. Se habla mucho de la canción del verano, pero muy poco de la canción del invierno, que es siempre Raphael, con su lámina de luto, con su cara de chico embelesado de sí mismo. Raphael es un clásico que aún se pone por ahí, de gira. Y le vuelven a fichar, cada año, en la tele, por navidades, para que anuncie el turrón de su talento. Ha sabido ser brillantemente monocorde, que es como un clásico dijo lo de otro clásico: el genio es una larga paciencia. Por aquí podemos hermanar hoy a Concha Velasco y a Raphael, que no se cansan. Concha siempre tuvo un estreno pendiente, y Paco una novedad bomba que lo mismo hasta era un bombo. Como que tuvo un hijo con una cubana treinta años menor que él. Lo que vengo a decir es que Marsó siempre estuvo en forma. Y que Concha también ha estado siempre en forma, solo que en otro plan. Le damos muchas vueltas a la canción del verano, que suele ser siempre una tontuna de Georgie Dann, pero conviene fijar que la canción de diciembre es de Raphael, que es un Georgie Dann al contrario. Para siempre.

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