Sport
Opinión / Por la cara

El chico de la moto

Fecha: 06/11/2017 Ángel Antonio Herrera

En sus ruedas de prensa no aparece nunca la moto, que tiene una gran entrevista, por otra parte.

Tendríamos que hacer mayor caso a Álvaro de Marichalar, coño, que es el chico de la moto, aunque un chico ya muy hombrón, y con moto náutica. Hace días, aterrizó en Barcelona, con el show en lo alto –el show catalán, y el show de Álvaro– y no hizo amigos entre los Mossos, precisamente. De manera que le retuvieron, y hubo trifulca, y hubo hospital. Lo que pasa es que Álvaro es un aventurero. Y no le hacemos demasiado caso, coño. Álvaro, así en general, no sólo tiene moto, sino que a la moto le pone mucha hemeroteca. Nos explica siempre su última singladura inminente, y siempre muy de mañana, que es lo que corresponde a un deportista, porque las convocatorias de noche son vicio de folclóricas y alguna moderna de la mala vida, que suele ser un moderno. He dicho deportista, y también podría decir navegante. Quiero decir que Álvaro es un cruce de motorista y océano, de cilindrada y mar adentro, y el tío se pega kilómetros de lejanías y luego viene a contárnoslo como una hazaña porque a lo mejor lo suyo sí es una hazaña. Le molesta que le preguntes si se ha topado con tiburones, durante alguna singladura, porque lo de los tiburones le suena a cachondeíto fino o no tan fino. Lo de Álvaro no se toma del todo en serio, joder, porque va en moto y porque es hermano de Don Jaime, que va en patín. Si lo hiciera a remo, o a bordo de una carabela, su afán nos parecía heroico, pero en lo suyo parece siempre que el mérito es de la moto. En lo suyo parece que el mérito se debe a sus apellidos de oro. Todo esto él lo sabe, y por eso insiste en que si fuera un particular, lo tomarían más en serio, y por eso, quizá, en sus convocatorias o ruedas de prensa no aparece nunca la moto, que tiene una gran entrevista, por otra parte. Un día subastó su moto campeona y el dinero lo dejó a causas benéficas. A la moto de ahora la ha bautizado Numancia, que es, por cierto, el sitio donde se casó con la señorita rusa Ekaterina Anikieva, dejando la moto a la puerta de la capilla, que quedaba como una sirena de competición recostada en un monumento románico. A mí no acaba de caerme mal, porque un tío que ama el mar es digno de atención, de entrada. Por eso, y porque no le acaban de hacer mucho caso y porque siempre va en moto, lleve o no lleve moto. 

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