El divorcio, lujuria de verano
Fecha: 27/08/2010
Bustamante y Paula, más enamorados que nunca.
Viene en las encuestas que agosto es causa de divorcio. Las parejas esperan con ansia las vacaciones, para al fin reencontrarse, y resulta que el veraneo acaba promoviendo que mejor vivirán solteros. Llega en el calendario una quincena de paraíso, a la sombra de la novia o la esposa, y resulta que al paraíso le suele sobrar la novia o la esposa. O el marido, tampoco nos pongamos machistas. Lo que pasa con la pareja, así de arranque, es que existe mientras no hay pareja. A la pareja la viene sosteniendo el pluriempleo loco y la telerrosa histérica. Cuando llega el ocio, y Benidorm, como ahora, resulta que uno no sabe qué hacer con la chica o el chico que lleva al lado. Comento lo que expone el cronismo de sociología conyugal, pero de cuota propia puedo aportar que escribo desde Ibiza y ceno en mesas vecinas a mesas de pareja que aguantan la noche entera tomándose tres platos de variado menú de silencio, más el helado, sin otra intimidad que la velita de artesanía. Se nota rápido los que están casados. Se nota enseguida que se aburren un huevo. Con la tele de por medio se quieren más. El matrimonio es trampa de tres: él, ella, y la pantalla del Mundial. Aquí va a salvarse de agosto la Familia Real, porque el Rey se desmarca, y porque ya llevan su separación incorporada, vía Duque de Lugo, que ya sólo tiene que alternar el hombre con su parentela de pulseras tribales. Digo la Familia Real y también digo el familión de los famosos, porque cambian la tele por el yate, y un cónyuge con yate es un hallazgo para toda la vida. Si miramos el horizonte, nos sale que las parejas de famosos, en este verano, no han practicado mucho el divorcio. De modo que ellos engrosan poco o nada la cuota abultada de los separados de encuesta. Ahí están, felices, David Bustamante y Paula Echevarría, Cayetano Rivera y Eva González, Gonzalo Miró y Amaia Montero, Carmen Martínez Bordiú y José Campos, Borja Thyssen y Blanca Cuesta, y hasta Jesulín de Ubrique y María José Campanario, a los que la prensa separa una semana sí y otra también.
Todos felices, sí, de volver a conocerse. Hasta pudiéramos decir que los famosos contradicen la encuesta, porque tenemos dos bodas de mucha portada, abriendo y cerrando el verano: la de Penélope Cruz y Javier Bardem y la de Nicolás de Grecia y Tatiana Blatnik. Pero los famosos son una parroquia escueta, y van mucho a lo suyo. En cualquier caso, nos parece más bien heroico que el peatonaje esté esperanzado de que el verano llegue, porque el verano, en familia, es un máster de aguante de la esposa sin zapping, de la suegra que pide Lexatín con sangría, y de los críos que se ahogan por turnos. Digo lo que dicen las encuestas. Y lo avala Woody Allen: “Hay matrimonios que acaban bien y otros que duran toda la vida”. Me sospecho que sin tele no hay amor eterno.


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