Opinión / Por la cara

El verano, contra la elegancia

Fecha: 04/08/2010 Angel Antonio Herrera
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Guillermo Cabrera Infante me dijo un día: “En Cuba no se puede ser elegante, porque solo hay una estación”. Llevaba razón el maestro habanero: en verano muere la elegancia. El verano es la resurrección de los cuerpos (véase esta revista, que es autoridad al respecto), pero es también la sepultura de la elegancia, porque no hay dandismo que resista al bañador. En verano, a lo sumo, puede uno quedar exótico, o excéntrico, como Jaime de Marichalar, que alterna el pantalón de amebas y la pashmina de no resfriarse con el aire acondicionado. Los elegantes nacionales de sastrería, como Rafael Medina, se quedan en apolos de bermudas, bajo una sombrilla, que tampoco es quedarse en poco, la verdad. Los raros cuyo armario tiene distinción de levitas o sombreros, como Antonio Carmona, o Guti, se apuntan por estos días a la camisa de papagayos o el pantalón pirata, y van distintos los tíos, eso sí, pero no son los elegantes de atrevimiento del invierno, que es cuando van los dos muy cosidos de chaquetas Dolce & Gabbana y otros caprichos del vestir con imaginación. En verano, el personal va desabrochado de ánimo y desabrochado de ropa, y bajo ese relajo general no hay quien pille a un tío vestido en condiciones. Hasta Pep Guardiola...

Continúa en la revista interviú

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