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Opinión / Por la cara

La famosa de fin de año

Fecha: 13/11/2017 Ángel Antonio Herrera

Ya hay cola de empaque en Doña Manolita, que es una famosa de fin de año, antes del fin de año, y Cristina Pedroche, esa sultana de campanario. Parece que la famosa de fin de año es la guapa que da las uvas, empezando o acabando por Igartiburu. Pero no. Es Doña Manolita, una señora que se convirtió en administración de lotería, y que ahí sigue, en Madrid, como el garbanzo de Lhardy, o el paseo por Plaza de Oriente, una cosa de obligado cumplimiento, un recodo de visita ineludible. La gente se pega un voltio por Madrid, un fin de semana, y se hace un selfie con La Cibeles de fondo, o con el Bernabéu, y pilla papel en Doña Manolita, porque cómo vas tú a desaprovechar la posibilidad de hacerte millonario si pasas por el foro. Hay quien pilla para varios familiares, naturalmente. Quiero decir que todo esto tiene mucho gancho entre los turistas que, si son extranjeros, aún creen que la misma Doña Manolita les va a dispensar en persona los dos o tres décimos pedidos, aunque Doña Manolita es sólo un retrato de escaparate, un retrato antiguo, en blanco y negro, que preside este sitio mítico, entre reproducciones de números premiados y otros pósters de publicidad donde se acredita que el azar pasó por aquí, y dejó premio. “Compró suerte en Doña Manolita”, escribía Joaquín Sabina en aquella delicia que cantó Ana Belén, “A la sombra de un león”. El personal viene, en romería ilusionado, a comprar suerte en este establecimiento, al que también aludieron Quintero, León y Quiroga en el tema “Mañana sale”, que cantaba Concha Piquer. Escribía Baudelaire que “el placer nos usa”. Y yo creo que el azar también. Porque en el más allá del azar puede anidar el placer. Quizá porque azar y placer son un mismo misterio. De ahí que vayamos a ver a Doña Manolita, esa difunta vitalísima. A los españoles nos ha gustado siempre mucho la lotería, y la siesta, que son dos modos de remendar la vida, cuando la vida se descose, que es siempre, o casi siempre. Pero siempre está ahí el vilo de si nos toca o no nos toca la lotería, que nunca nos toca. De momento, yo he visto prisas de cola por ver si el mejor azar nos tiene o no nos tiene entre sus planes. 

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