Opinión / Por la cara

La ‘rentrée’ o el fin del toples

Fecha: 03/09/2010 Ángel-Antonio Herrera
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Michelle Obama, protagonista  del verano. Michelle Obama, protagonista del verano.

Algo remiten, al fin, las temperaturas. Pero en el menú meteorológico de las teles nos siguen sirviendo, con la noticia, la caliente estampa nutrida del toples en las playas. Si el calor sube africano, hay toples de colofón del telediario, con lo que todo colofón y todo toples tiene de fino postre de la dorada repostería de la juventud o la información. Si el calor merma, también. Quiero decir con esto que el verano empieza cuando hay toples en las noticias y termina cuando ya no lo hay.

Estamos, amigos, al final del verano, porque el personal se ha puesto el sostén. Uno, en sus oficios de enterado un poco salidillo, mira la previsión del tiempo no solo por ver si escampa el calorazo sino por verles las tetas de ráfaga a cuatro particulares que salen detrás de Matías Prats o Pedro Piqueras. El telediario, en verano, vive seco de noticias, salvo que venga Michelle Obama, pero no falla en abultarse de muchachas de hamaca sólo vestidas de crema bronceadora y algún tanga. Hemos tenido el beso de Iker y Sara, el de los Príncipes, la reconciliación de foto de las Infantas y Letizia y a Naomi Campbell en los juzgados. Vale, pero el telediario, en verano, es un telediario con tetas, entre el informe de las novias de Cristiano Ronaldo, y el culebrón posterior de rigor, que es un porno de peluquería. No empieza el verano cuando quiere el calendario, ese trasto de agencia de viajes, sino cuando los telediarios pluriemplean en toples y por descuido a dos secretarias con todas sus artesanías sexuales al sol de Marbella.

El toples, en la playa, es cosa banal, y los mirones de casta nos fijamos en la que va más vestida. El erotismo no es sino imprevisibilidad. El erotismo es el susto del sexo. El toples, en el telediario, es así una sorpresa estupefaciente, un dulce infarto que nos pegan entre la crónica de la boda de Nicolás de Grecia y el boletín de los incendios. Alegaba Renoir que si no hubiera senos él no pintaría. El señor del tiempo tampoco explica lo suyo si no hay senos, como un Renoir del anticiclón y sin corbata. Un lírico arriesgó que “el seno es un instante entre dos camisas”.

El seno, hoy, es un instante entre dos noticias flojas y después un instante entre la camisa que el peatonaje no lleva y el bikini que tampoco lleva. Los meteorólogos se adornan de bañistas, pero de bañistas medio en bolas, con lo que a veces no pillamos en condiciones si mañana hará bueno o no. Y, quizá, ni falta que hace. La rentrée no sabíamos qué es, pero sí: el fin del toples en el telediario.

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