Opinión / Por la cara

Las hermanas de Rafa Nadal

Fecha: 14/07/2008 Ángel-Antonio Herrera
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María Sharapova viene siendo la ninfa primera del escalafón erótico de las tenistas; hasta se come los plátanos a pellizcos.

Ahora que Rafa Nadal se ha hecho el amo, quisiera uno hacer el retrato de familia de lo suyo, pero por el costado femenino, porque el tenis está reventón de cuerpos gloriosos y porque el mujerío de este deporte viene siendo un monumento al verano, que es la estación tenista y con falda corta del calendario. Me refiero a las hermanas de Nadal, que son todas extranjeras, tirando a rusas o serbias, y componen un coro de guapas que cotiza mucho en las canchas y en internet, con raqueta o sin raqueta. Me salen Ana Ivanovic, María Sharapova, Daniela Hantuchova, Serena Williams, e incluso Justine Henin o Anna Chakvetadze. Y quizá cito deprisa. Son el agosto del tenis, con adorno de tirantitos y pegada campeona en las revistas de moda. María Sharapova ocupa las canchas con indiferencia de huérfana, y Ana Ivanovic se lo monta de soberbia Barbarella dorada, luminosa como un revés. María y Ana son las dos top models del deporte que han quitado trono de actualidad a las modelos propiamente dichas. Se las pelean los que pagan anuncios de cremas o escaparates de bikinis. En internet, zona mirones, ya no quedan entradas. Acabo de ver a Ana en una revista de trapos y me parece un susto de lolita del que cuesta una temporada reponerse. María viene siendo la ninfa primera del escalafón erótico de las tenistas, y no sabemos si eso le gusta mucho o poco, porque hasta se come los plátanos a pellizcos, en las treguas del juego. Ya sólo faltaba que se comiera los plátanos como una playmate. Ana es una exótica artesanía serbia que parece que pasa mucho de que le miren antes el modelito que el juego, pero el modelito lo lleva ideal, y el juego, a conciencia. Le está robando monarquía a la Sharapova. Al lado de estas dos, Justine Henin o Anna Chakvetadze quedan como unas vecinitas potables, con más ahíncos que estampa. Daniela Hantuchova usa la minifalda de visera, y Serena Williams mejora el culo de Beyoncé, que ya es ponerse a mejorar.

MARÍA SHARAPOVA es la tenista de los que leen a Nabokov, o sea, una lolita con footing. No suele permitirse ningún adorno de universitaria sexi, metida en torneos, porque quiere que la miren como una deportista y no como una sirena de spot de Evax con alas o chicle sin azúcar. No puede evitar su estatura de alfarería rusa, ni su morbo de cría crecida, pero pasa mucho de trapitos de tentación y hasta se pone todo el rato de faena la misma minifalda desalentada, casi como un triste harapo de capote. A veces gana, a veces no. A veces gana Ana, a veces no, pero eso da igual, porque montan siempre un duelo de minifaldas que se pone enseguida inolvidable para quienes practicamos el tenis del voyerismo. Juega María muy aupada de aullido, y se deja el alma dorada y entera en cada golpe. No entiende uno cómo cabe tanto aullido en la esbeltez de esta chica, pero cabe. Algunas otras guapitas de su gremio, como Ana o como Daniela Hantuchova, pueden ir robándole sitio en el escaparate, o en los estrenos de Hollywood, pero no acaban de aguantarle su juego de filo vivo, entre el obús y la agonía.

JUSTINE HEINE es como Federer, pero con bragas. Es la primera, yo creo. No será quizá la más frecuentada, en las esquinas de internet, zona salidillos, como otras, pero es un tanque de tesón que no perdona. Todas son un cruce de talento y minifalda, de cancha y pasarela, de belleza y deporte. Pudiera hacerse la crónica o la crítica al uso de sus partidos, pero estas mujeres además merecen una glosa parcial y poética, una oda de entusiasmo que encierre su hermosura atleta, que por otra parte no hay modo de encerrar. Hay que darle a Ana o a María la medalla que corresponda, sí, pero todas se tienen ganado un ramo de alejandrinos sentidos y algo enamorados. Son las suecas del verano, ahora que ya no vienen suecas. Son las hermanas maravillosas de Nadal, que no nos ha presentado a ninguna hermana. Están entre el arcángel que suda el tanga y el demonio en minifalda.

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