Marilyn, a toda braga
Fecha: 14/05/2012
Marilyn Monroe
Se promueve por ahí que la revista Vanity Fair nos trae desnudos inéditos de Marilyn Monroe. Ya adelantan uno, en plan precalentamiento, y es un desnudo de piscina que nos suena. Yo arriesgaría que ya se publicaron, en su día, fotos de esta serie, firmada por el fotógrafo Lawrence Schiller, a quien Marilyn confió su desnudo porque andaba en aquel tiempo de seria rivalidad con Elisabeth Taylor, y quería presentar contienda de popularidad. Por fotos como las que se anuncian se pagaron 25.000 dólares, quizá la más alta cifra pagada por el reportaje de una artista. En cualquier caso, habrá foto nueva, o renovada de Marilyn, que se atrevió al posado por competir con otra guapa, que es lo que suele ocurrir siempre, o casi siempre, solo que las guapas no lo dicen. Todo esto coincide con el año de Marilyn, que es este, aunque los años de Marilyn son todos, porque no hay otra. Rubias hay muchas, incluso demasiadas, pero Marilyn solo hay una. Hay por ahí un libro reciente, My story, que da futuro al pasado de Marilyn, que triunfó como si hubiera fracasado. Marilyn está ahí, como siempre, pero más, y lo que está ahí, como siempre, es un paisaje de guapas metidas al empleo de ser rubias. O de parecerlo. La morena empieza a resultar una rara raza que se ocupa de novia de Woody Allen o Bardem, como Penélope Cruz, o bien bailando soleás de spot, como Sara Baras. El resto se tiñe a lo Marilyn o directamente encarna a Marilyn, como Michelle Williams, en la película biográfica al respecto. De modo que la rubia no cesa, y a veces se llama Amaia Salamanca, o Anne Igartiburu o bien Marta Sánchez, que salió solo abrigada de Chanel 5, aquí en interviú.
Cunde una mayoría absoluta de la rubia, mayoría que va desde la tele al tenis, donde unas se adornan en plan Paula Vázquez, y otras imitan a María Sharapova, esa nínfula con raqueta. Hasta se ha puesto pelucón platino la tórrida Rihanna, que además canta. A mí me tiene embelesado Charlize Theron, que ya no sé si existe, porque no creo en los milagros. Lo natural es ir de rubia, aunque se aprecian pocas rubias naturales. Se pone difícil triunfar si no pasas primero por la peluquería. La fama, casi, es el presupuesto para Llongueras. Hay rubias de remate, como Paris Hilton, y hay falsas rubias, como Madonna, que besa a Britney Spears como un legionario. Ahí están Elsa Pataky o Judith Mascó, dos vikingas de aquí mismo. Creíamos agotado eso de “los caballeros las prefieren rubias”, pero no. Las famosas se andan aplicando el lema, para sí mismas, con máster en peluquería interior, y de la otra. Como la propia Marilyn, que se fue, que no se ha ido.


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