Marlene, con tanga y a lo loco
Fecha: 22/12/2006Como vedete, empieza donde termina Norma Duval, y como mujer es la eterna aventura pendiente de los ejecutivos Visa Oro.
22/12/06
La conocí cuando acababa de aterrizar en España, y le hice algún texto lírico para esta revista, aunque ella nunca se enteró o se enteró poco, porque estas macizas no pasan de leer las fotos, mayormente si, encima, hablamos de macizas extranjeras. Luego me montó alguna bronca memorable en Tómbola, porque yo le ponía mucho vicio a contar que Marlene era pansexual, y eso no les hacía demasiada gracia ni a ella ni a un novio o marido que tenía por entonces. Yo creo que hasta me demandó por desmandarme. Ha hecho carrera de vedete, en fin, y ella misma ha acabado diciendo claro que le van los tíos y las tías. Lo mismo hasta por este orden. O sea, que yo llevaba razón y encima me pasé de profeta.
La otra tarde coincidimos en el programa En Antena, y el polígrafo confirmó lo que ya sabíamos los mirones profesionales de la tele y de fuera de la tele: que esa tarde Marlene Mourreau no llevaba bragas. De estos escandalillos pequeñoburgueses va viviendo Marlene, a rachas. Siempre mueve mucha cháchara de peluquería. Si recuerdan, salió ganadora de un concurso de la tele porque se metía mucho en el jacuzzi con los hombres y porque lo que ahorraba en reflexiones lo derrochaba en tangas. Nuestra rubia iba a lo que iba. Si se lleva vestuario, no gana. Marlene ganó porque ejerció en ese programa de animadora sexual, que es más o menos lo que ha venido siendo su oficio de famosa sin oficio. Al devaluado Fabio Testi le devolvió las temperaturas de la lujuria, y a Carlos Orellana, aquel chico que fue novio de Rosario, le tuvo todo el rato la calva incandescente. A Marlene la veíamos cómoda en el papel. En los demás se veía que acabarían perdiendo los papeles. Marlene tenía que haber salido del plató, como vencedora, agitando al aire el tanga a modo de bandera.
La francesa es una buenorra que ha llevado, como Marilyn Monroe, la melenita champán y los pechos wonderbra, pero Marlene es sólo una Marilyn de plató, una Marilyn de clase media, cuando la actriz, la gran actriz, aquella tentación, era de clase baja, que siempre tiene más morbo vivencial y más grandeza biográfica.
Marlene se vino de París un día, que es cuando yo me la encontré, en San Sebastián o por ahí, y enseguida vendió su erotismo de liguero negro y su exotismo de piel blanca en las fiestas y en los programas de tele, donde ha jugado a ser boba como nadie, algo que les suele salir del alma a las macizas. Se sacó antaño del tanga un ligue, lío o romance, siempre sospechoso, con Jesús Vázquez, que entonces aún no se había sincerado, y así ingresó, por arriba, en la tropa fotografiable del cuore. Luego, se desperezó en bolas para interviú, bebió sangría en los veranos playeros y hasta se nos aficionó a la tortilla española, porque la francesa la tenía muy vista y muy probada, supongo yo. De todo esto hemos sacado en claro que es una tía con más ruido sexual que nueces intelectuales, y que lo suyo es el vedetismo, dentro y fuera de los escenarios. Pinta cuadros eróticos, tiene, o tenía, una línea telefónica caliente, abandera días de orgullo gay y hasta se casó con un cubano bailarín, del que ha salido un arcángel de niño, Gabriel. Luego se separó y por ahí anda, sacando muslamen en las fiestas. La otra tarde en la tele la vi tristona y como sin rumbo. Como vedete, empieza donde termina Norma Duval, y como mujer es la eterna aventura pendiente de los ejecutivos Visa Oro. Yo nunca supe muy bien a qué se dedicaba, pero estaba siempre en el meollo porque sí, como tantas, como casi todas. Fue la reina del jacuzzi televisado y cuando puede pide un pico de pasta larga por ir a hablar de lo suyo en las cátedras del chisme, pero vestida. Ya sólo nos falta a todos que haga un curso acelerado de pronunciación, tipo del francés en privado al castellano en público, para ver si logramos saber si lo suyo es el pensamiento débil o el pensamiento único. Aunque, bien pensado, tampoco iba a perder mucho la historia de la filosofía contemporánea.


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